martes, 21 de diciembre de 2010

capitulo 2.7

Para Marina que ha sido la primera en leerlo
Feliz cumple amore...



Creo que pasé en esa bañera sólo un minuto, pero se me hizo eterno… tiendo a hacer que los momentos parezcan más largos de lo que realmente son.


Me ponía realmente nerviosa no oír nada. Jonathan ya no hablaba, de hecho, dejó la conversación a medias y ¿William? Tampoco decía nada. Llegó un momento en que mi paciencia alcanzó su límite y salí. Abrí la puerta no muy segura de lo que podía encontrar. Pero no encontré nada. No estaban ni Jonathan ni William y no se oía nada en la casa como para decir que estuvieran peleando en otra parte de la casa.

No sé por qué pero salí corriendo de mi casa y cogí el primer bus que llevaba a casa de William. Si no estaban en mi casa podrían estar allí y sino… Nada, no se me ocurría nada mejor. Bajé del autobús a 4 calles de su casa. Otra vez empezó a nevar. Realmente tenía un objetivo y quería conseguirlo. Llegué a su casa, pero no había forma posible de entrar sin llamar. Llamé al timbre, nada perdía por probar, y, a pesar de todo, Isabel abrió la puerta.

-En el sótano

Bajé las escaleras corriendo y allí estaban. Jonathan estaba inconsciente encima de una camilla y William se preparaba para… ¿Operar? Yo no pude evitarlo y me tiré encima de William con toda mi rabia contenida y la violencia que salió de partes desconocidas tirándolo al suelo Muy a mi pesar me levantó del suelo sin esfuerzo aparente y m e sentó de golpe en una silla.

-¿Quieres que se lo quite no? Pues tiene que ser rápido porque no se cuanto tiempo tengo- William empezaba asustarme ¿Tiempo? ¿Para qué? ¿Era por Jonathan o era por él?- Quédate ahí quietecita y no molestes.

Realmente no me moví. Lo vi mientras abría a Jonathan y trabajaba con él. No fue una experiencia agradable en absoluto. Jonathan sangraba, Isabel iba y venía ayudando a William y éste no sacaba las manos de Jonathan por mucho que sangrara. Pasó una hora, esta vez de reloj, hasta que William se lavó las manos y se acercó a mí.

-Ya está, creo que funcionará, pero no sé cuánto tiempo, tú si ves el reflejo de Jonathan corre. Si le da otro ataque tardará 3 días en volver, pero volverá. Quedaros en Barcelona 2 semanas más o así por si acaso le vuelve a dar, aunque no debería.

-Pero William…- Yo aún estaba arrinconada en la silla tal y como él me había dejado, muerta de miedo además- Antes no, ahora sí… No lo entiendo, ¿Qué te pasa? ¿Tienes doble personalidad o algo?

-No exactamente, ahora Isabel os llevará a tu casa, no salgáis en, al menos, dos semanas.

-Pero…

-¡Nada de peros Laia, salid de aquí que no queda tiempo!

-¿Y cómo voy a reconocer al William que me ayudará?

-Eso, Laia, no lo sabemos ni tú ni yo…

Diciendo esto abrió una puerta y se fue por ella. Isabel apareció por las escaleras con un hombre, aunque más que un hombre era un gorila. El hombre cogió a Jonathan y empezó a subir. Isabel y yo les seguimos. Al subir al coche me asaltaron las dudas. ¿Qué significaba “no exactamente”? No entendía qué le pasaba y, por lo que parecía, él tampoco.


-Isabel…

Ella levantó la vista de su Ipad y me miró como si que yo le hablara no entrara en sus planes.

-¿De qué conoces a William?

-Pueees… Es una larga historia

-Todos ponéis la misma excusa, pero a ninguno se os ocurre resumir.

-Si resumes, la historia pierde valor.

-¿Y sabes que le pasa?

Su mirada me dejó claro que no, bajó la cabeza y siguió en su Ipad dando por cerrada la conversación. Mujer de pocas palabras desde luego. Tenía que ser una historia muy bonita para que le dejara mangonearla de esa manera, pero algo me decía que nunca llegaría a saberla.

Llegamos a casa y dejaron a Jonathan en la cama de mis padres. Era increíble volver a verlo así, tan vulnerable, tan indefenso… Entonces caí en la cuenta de que no tenía ni la menos idea de cómo tenía que cuidar a Jonathan. Pensé en llamar a William pero algo me decía que mejor no hacerlo. Decidí esperar y ver cómo se desarrollaban los hechos. No era normal que yo tuviera que hacerme responsable de Jonathan, normalmente él cuidaba de mí, no al revés.

Mientras lo miraba dormir recordé la primera vez que abrió los ojos y hablamos. Un tipo de lo más raro, pero después… cambió, no sé.

"-¿Por qué estás aquí?


-intento de suicidio y por unas estúpidas pruebas que no me dejan irme.


-curioso…


-¿qué te parece curioso exactamente?


-has intentado matarte, has sobrevivido y ahora miras la tele como si estuvieras aquí por un constipado… yo no podría, pienso que eres valiente y estúpida a la vez.


-oye, ¿quién te crees que eres?


- me llamo… Lo siento, no lo recuerdo


-¿por qué estás aquí?


-no lo sé, simplemente desperté aquí."
Me entró la risa al recordarlo. Menuda situación más estúpida. Si alguien nos hubiera visto… Yo de los nervios y el tan tranquilo… Solté la carcajada sin más y, sin querer, lo desperté.

-¿Lai? ¿Qué ha pasado?

-No es el momento Jonathan, ¿Estás bien?

-Me siento raro, pero sí.

-Bien, pues sigue durmiendo, me voy a la cama de mi hermana…

-¡Laia!- Me giré extrañada, no solía llamarme así- quédate conmigo…

Me acosté a su lado, me sentía más tranquila con él. Respiraba lentamente. No pude evitarlo y apoyé la cabeza en su pecho para sentirlo respirar. Subiendo y bajando al ritmo de su respiración me quedé dormida.

Me despertó la luz que se metía por los huecos de la persiana, no podía volver a dormir así que puse la tele con el volumen muy bajito y me puse a hacer zapping, él despertó y dijo:

-¿Por qué estás aquí?



sábado, 18 de diciembre de 2010

Capitulo 2.6

-Lai… Es que, con respecto a eso… Tenemos un problema…


Claro que sí, ese era Jonathan. No diría nada sin dar rodeos. Este era un gran defecto, uno de los poquísimos que tenía.

-Sorpréndeme

-Bueno, es que… no me acuerdo

-¿De que no te acurdas? ¿Del problema?

-No, no. Ese es el problema… Es que no me acuerdo de nada desde que…

-¿Desde que…?

-Pues, más o menos… lo último que recuerdo es… cuando estábamos en el aeropuerto. Cuando te…

-Venga Jonathan, puedes acabar la frase. ¿Cuando me atacaste?

-Bueno, -sonaba ofendido- yo le hubiera llamado besarte, pero si te sentiste atacada… aunque creo que tú no opusiste resis…

-Espera, espera, espera, -Le corté. No lo entendía. Si eso era lo último que recordaba, ¿Por qué estaba en mi casa? ¿Qué hacia ahí antes que yo?- ¿No te acuerdas de lo que pasó después del beso?

-Mmm… no… ¿Qué pasó? Laia, ¿te pegué?- sonaba cada vez más y más nervioso- Joder Laia, ¡no me acuerdo! ¿Qué pasó?

-Esto…- ¿Cómo empezar? No se acordaba de nada- No tiene importancia…

Supongo que me delató mi maravillosa cualidad de no saber mentir. Casi sentía cómo rebuscaba en mi cerebro para ver qué había pasado, no podía bloquearlo. No podía ocultarle nada. Pero igual…

-¡Pero igual!- Me tapé los ojos con las manos como si eso fuera a evitar que estuviera en mi cabeza- Igual no es lo mejor que te lo muestre yo. Igual yo… Por lo que siento por ti… Igual lo he exagerado, no sé.

-Pero si yo te he hecho daño a ti, me interesa cómo lo hayas visto tú, no lo que otro cree que he hecho.

-No quiero. No quiero que lo veas de mi. Yo… salí de mí, lo vi todo desde fuera.

-Y si no… ¿Cómo me voy a enterar de lo que te hice?

El silencio llenó la habitación. Yo le miraba a los ojos, sus profundos ojos verdes que casi me pedían por favor que le dejara entrar en mi cabeza.

-Vale… Pero no te enfades.

-¿Con quién?


-Contigo… Por favor.

Lo volví a sentir cómo se metía en mi cabeza. Noté, también, que nunca antes me había dado cuenta cuando Jonathan me leía la mente. Miré a mi alrededor mientras él lo veía todo. Ya era de noche, la luz de la habitación estaba encendida. Miré a Jonathan y volví a quedarme a cuadros. Su reflejó, estaba en la ventana detrás de él. ¡Ahí estaba otra vez!

-Jonathan… tu reflejo…

-No sé dónde está Laia- su voz sonaba ahogada, habría llegado a la peor parte.

-Detrás de ti

Me miró con cara de interrogante y miró a la ventana. Se acercó a ella y tocó su reflejo. Yo lo veía normal, un reflejo como otro cualquiera, pero él…

-¡Laia vete!

-¿Qué?

-¡VETE!

Salí de la habitación y oí cómo Jonathan cerraba la puerta detrás de mí. Estaba asustada. Bajé al salón. Una voz en mi cabeza me gritó “Más lejos”, pero la ignoré. “Aléjate de mí”. Lo oía, pero no quería. No quería dejar a Jonathan otra vez. Vale que no me había esforzado mucho buscándole, pero realmente lo necesitaba. Dejándolo solo causaría más problemas, sobre todo para mí.

Lo mejor que se me ocurrió fue meterme en el baño. El único sitio con pestillo. No me pareció mucho mejor que huir, pero por lo menos no le dejaba. Oí un golpe cuando se abrió la puerta de la habitación.

-¡Laia! ¿Dónde estás?- no sonaba a Jonathan-Sé que estás ahí… Venga sal, que estoy bien.

Me estaba asustando cada vez más. No era él, lo sabía, pero aún así…

-Venga Laia, lo siento. Te juro que no me acordaba.

<< No es él Laia, no es él >>No podía parar de pensar eso…

Jonathan le dio tal golpe a la puerta del baño que del susto me metí en la bañera. Una reacción estúpida realmente, lo sé. Pero era algo que hacía desde pequeña.

-¡LAIA! ¡Sal de ahí! Pero que haces tú aquí Willi…

Dejé de oír a Jonathan. Algo iba peor que mal. ¿Willi? ¿William? ¿Qué hacia William en mi casa? ¿Cómo había entrado?

martes, 7 de diciembre de 2010

capitulo 2.5

-¿Por qué lloro?- estaba a punto de meterle una torta. La alegría de verle estaba dejando de cegarme y recordé el tiempo que pasé preocupada, todo lo que hice, y solo por él- vives en un frasco de mayonesa Jonathan.


-¡Eeeh! ¡El borde soy yo! ¿Qué pasa Laia, España es tu territorio?

-Jonathan, en mi periodo en Barcelona, me he dado cuenta de que, en realidad, eres un cielo.

-¿Me vas a dejar entrar o me vas a tener en la puerta hasta que muera congelado?

-Debería dejarte ahí e irme a mi habitación vacía y olvidarte.

-¿de verdad quieres olvidarme?

No podía soportarlo, su cara me podía. Ver sus ojos verdes, su pelo, volver a oírle como si no hubiera pasado nada… como si no hubiera pasado nada… ¿nada? Le dejé entrar, le dejé campar a sus anchas. Yo me fui a la habitación de mis padres y me tumbé en la cama. Pasaron 10 minutos hasta que Jonathan me encontrara, y eso que mi casa no era muy grande…

-¿de verdad quieres olvidarme?

-no… ¿y tú a mi?

-sería imposible.

-Entonces… ¿no tienes nada que contarme?

-Tienes razón- Le miré expectante esperando su respuesta- Mientras no estabas… me lié con alguien.

-¿Qué?- no era lo que me esperaba

-Jo Laia que inocente eras… si quisiera contarte algo, te lo contaría.

Se acercó y se sentó al otro lado de la cama.

-Te odio Jonathan- Me levanté dispuesta a salir de la habitación pero me paré en seco al oír su voz.

-si me odiaras… Ya no estaría aquí, y lo sabes… en muchos sentidos. No estaría en Barcelona, definitivamente, pero creo que tampoco me hubiera despertado del hospital. Y aunque lo hubiera hecho… no sería yo Laia. No me digas que me odias si no lo sientes, porque no sabes que podría pasar si lo hicieras.

-entonces… deja de mentirme, de ocultarme cosas… me da igual si es por mi bien o no, porque puedes leerme la mente, pero parece mentira que sepas lo que siento, porque si lo supieras dejarías de “protegerme”. Confía en mi Jonathan, por favor…

Se levantó y vino a abrazarme, intente separarme de él pero siempre fue más fuerte que yo.

-Deberías dejar de abrazarme cada vez que la jodes, algún día dejará de funcionarte.

-¿cómo hoy?-me fue soltando poco a poco


-exacto

Salí de la habitación dispuesta a llamar a William para decirle que Jonathan estaba aquí. Pero no me hizo falta llamarle. Ya llamó él a la puerta por mí.

-Oye, me he dejado aquí el móvil

-Jonathan está aquí.

- ¿En serio? ¿Y por qué no me has llamado?

-Touché ¿Dónde está?

Le llevé a la habitación pero Jonathan ya no estaba allí. William pensó más rápido que yo, salió de la habitación y yo le seguí.

-Aquí está tu móvil

-Gracias

-Ya puedes irte

-¿Seguro? Deberías haber visto todo lo que Laia ha hecho por ti mientras estabas “desaparecido”- Jonathan me miró por una fracción de segundo y volvió a centrarse en William- Se ha rebajado mucho para que yo trabaje… ¿no es propio de ella verdad?

-¡¡Un momento!! ¿Qué sabes tú de mí?

-Ay Laia, Laia, ¡Qué inocente eres!

-Y ya van dos

-Yo sé lo que quiero saber

-¡Pero! No sabias nada de Jonathan

-¡Claro que lo sabia! Le puse el chip ¿te acuerdas? Lo único que aún no tengo claro es lo de la sombra. Pero sé lo que quiero, igual que sabía que Jonathan volvería igual que sabia donde estaba escondido.

-dónde…

-Ha estado aquí siempre Laia, estuvo viviendo en tu casa

-¿Cómo podías saber eso?

-Por la nevera…- Jonathan lo dijo casi sin pensar, estaba ausente- Te invito a irte

-Pero Jonathan!

-Sí Jonathan, ¿Por qué iba a irme? ¿Quién te va a quitar el chip?

-Vete.

Yo ya no sabía que decir, esta situación me sobrepasaba, no podía seguir escuchándolos. Sabía que William era un borde pero que fuera el malo de la película… ¿Sabría Dani lo de William? No había hablado con él desde lo del aeropuerto, empecé a sentirme mareada y los gritos alardeando de William no me ayudaban. Lo siguiente que recuerdo es despertar en la habitación de mis padres.

-¿estás bien Lai?

-¿Dónde está William?

-Cuando las cosas van mal el muy… cerdo, se pira

La habitación se quedó en silencio un rato demasiado largo para mi gusto, por fin Jonathan dijo algo…

-Lai, ¿Qué tuviste que hacer para que él trabajara?

-Nada- Me extrañó la pregunta, no sabía a qué se refería- ¿Por?

-Por lo que dijo…

-¡Ah! Solo fue porque dejé que fuera borde conmigo sin responderle… ¿Qué pensabas que era?

- No, nada…

-Jonathan… ¿por qué no viniste a buscarme si estabas aquí?

-Eso, Laia, es una larga historia…

-Pues empieza, tengo tiempo…

sábado, 13 de noviembre de 2010

Capitulo 2.4

-Me voy


Habían pasado dos días desde que le dejara a Jonathan el tweet y no sabía nada de él. Estaba demasiado nerviosa, demasiado preocupada, y si bien a las brujas la preocupación les aumenta el poder, a mí solo me hacia mas irritable. Creo que en el transcurso de esos dos días me peleé diez veces con William y con Isabel… Decidí irme porque si seguía allí terminaría pegando a alguien.

-No puedes irte, aun no ha dejado de nevar

-Veo las noticias, nadie ha muerto por la nieve y oigo a los autobuses pasar por aquí. Cogeré un bus y me iré a casa.

-¡Pero Laia!

-William, si me quedo terminaré haciendo algo de lo que probablemente me arrepienta… Iré a casa por unos días y si no sé nada de Jonathan iré a buscarlo y lo traeré.

-¿Es una decisión tomada?

-Totalmente.

-Supongo que nada va a impedírtelo… pues te dejo irte.

En ese momento dejó de nevar, no lo entendía ¿Por qué lo hizo? Sabía que si me quedaba dos segundos más para preguntárselo cabía la posibilidad de que se arrepintiese, así que cogí las maletas y me fui.

No tardé en encontrar la parada de algún bus que me llevara, cogí uno con el que hice trasbordo y llegué a mi casa en media hora. Había pasado la vida allí pero ya no parecía la misma, sería que estaba sola porque en lo que a aspecto se refiere estaba igual que la última vez que la vi.

Di una vuelta por la casa, la única habitación vacía era la mía, ya que todas mis cosas estaban en casa de Jonathan, dejé mis cosas en la habitación de mis padres y bajé al salón. Encendí la tele, por lo que había electricidad, no se me ocurrió nada mejor que ir al ordenador y encenderlo, quería meterme en twitter.

No me costó mucho pensar quien estaba pagando las facturas, era casi obvio, pero porqué lo hacía no conseguía responderlo. No entendía cuál era la gracia de mantener todo con total normalidad mientras mi vida era un lio, casi un laberinto son salida. Tenía tantas preguntas y tan pocas respuestas que no podía ver la salida… Nada tenía sentido ya. Dónde estaba Jonathan y porqué nadie me llamaba era un completo misterio para mí.

Despertándome de mis ensoñaciones y preguntas sonó el timbre. Salí corriendo, no sé porqué pero pensaba, estaba segura de que era Jonathan, menuda fue mi decepción cuando al abrir la puerta me encontré nada más y nada menos que a…

-¿Qué haces aquí William?- Sé que fui borde al preguntar así, pero mis expectativas iban mucho más allá de William.

-Supongo que debería haberme quedado en casa pero decidí salir, tenía ganas de aire libre. Venía a traerte comida y eso pero si quieres me lo llevo.


-Pasa- estaba agotada y aun no había mirado el twitter- pero no molestes.

-Que cordial eres, me encanta tu recibimiento- noté la ironía de su voz.

-¡Mira quién fue a hablar! Mr. Yosoycoolasiquequiereme, eres lo peor

Le dejé en la cocina y fui al salón, abrí el twitter. Había actualizado todo el mundo menos el que a mí me interesaba. No se para que porras Jonathan tenia twitter si no lo había usado desde que lo creó.

-¡L! ¡Podrías haberme dicho que tenías la nevera llena!

-¿L? ¿Qué son esas confianzas? ¿De qué nevera llena me…Ohhh!- Mi nevera estaba hasta arriba, ¿Cuántos meses habían pasado? ¿Cómo se conservaba todo tan bien?

-¿No te gusta L? Creo que te queda bien

-Da igual, llámame como quieras.

Yo aun no salía de mi asombro. No había pensado en la comida, pero tampoco pensé que tendría la nevera llena.

-Bueno, si no me necesitas me voy L, quédate lo que te he traído, intenta meterlo en esa nevera tan llena que tienes. ¿No me necesitas no?

-No.

-Pues adiós.

-¿No querrás que te acompañe a la puerta no?

-Me lees el pensamiento

-Pues ojalá pudieras leer el mío, así te darías cuenta que no quiero ni verte.

Le acompañé a la puerta y le vi subirse al coche de cristales tintados en el que llegué a su casa. Miré al cielo, estaba muy despejado teniendo en cuenta la nieve que había caído los últimos días.

-hey Mr. Yosoycoolasiquequiereme!!

-¿Sí?

-Lo de la nieve… ¿fuiste tú?

-No, soy superdotado y cool pero no controlo el clima.

-Vale

Cerré la puerta y me esforcé en olvidar lo de la nieve, lo de William, lo de mi nevera, hasta intenté olvidarme de Jonathan. Estaba de vuelta en casa. Subí a la habitación de mis padres y abrí una de mis maletas. Verme ahí con el collar de Jonathan me hizo olvidar que intentaba olvidarle. Salió una lágrima, casi sin querer.

Sonó el timbre otra vez, pensé que era William así que no me di ninguna prisa. Me limpié la lágrima caída y abrí la puerta. Entonces sí, las lágrimas salieron de mí como si no hubieran salido nunca. No era tristeza, era alegría.

-Pero Lai, ¿Por qué lloras?

domingo, 31 de octubre de 2010

Capitulo 2.3

Me desperté de un salto… ¿Qué hacia ese hombre ahí? ¿Cómo no me di cuenta antes? Bajé corriendo a informar a William de este nuevo dato, pero me encontré la casa vacía. Miré por la ventana y seguía nevando, así que no podían estar fuera. ¿Dónde estaban? Tampoco había rastro de Isabel.


Di un par de vueltas por la casa, pero no les encontré, así que decidí encender la tele y esperar… No me quedaban muchas opciones. Desde luego no había una gran programación, así que decidí quedarme viendo Phineas y Ferb, se me hacia raro volver a verlo en español. Pero el maldito canal público no me dejaba ponerlo en inglés.

-¿Ya estás despierta?

Me asusté… pero no tuve una reacción digna de susto, gracias a dios no le di razones para reírse de mi.

-¿Dónde estabas?

-En el sótano- Me miró extrañado como si fuera algo totalmente lógico.

-Ah… El sótano… claro.

Sí, he de reconocer que olvidé mirar ahí…

-Pero Laia, solo son la 9. Pensé que dormirías hasta tarde después de lo de ayer.

-¿Las 9?- Tampoco me había percatado de ese detalle- Bueno es que tuve un sueño… Ah! Sí, de eso quería hablarte.

Apagué la tele y él se sentó a mi lado.

-Creo que… bueno, la muerte de mis padres no fue un accidente.

-¿Por el sueño?

-No fue un sueño, más bien un recuerdo. Cuando llegué al hospital, el doctor que me dijo que habían muerto era el Señor Stewart. No estoy inventándolo William- añadí al ver su cara de inverosimilitud- Te juro que era él.

- No te lo negaré Laia, pero eso ya es muy serio.

-Pero puedes ayudar a Jonathan ¿no?

-Sí, sí… no tiene nada que ver con él. Pero aun así, si ha matado a tu familia… Si solo va a por ti ¿Por qué no te mata directamente?

Era una pregunta realmente buena… ¿Por qué no me mataba directamente?

-¿Querrá hacerme sufrir? Desde luego se está cargando a todo lo que quiero… ¿Quién sabe? Igual hasta hubiera querido a mi hermana si me daba tiempo. ¿Tienes alguna buena noticia para mí?

-Creo que si… tengo todo lo que necesito para quitarle el chip a Jonathan…

-¿Pero?


-Pero necesito que venga aquí para quitárselo.

-¿Eso era el pero?-pregunté aliviada- Voy a llamar a Elisabeth ya mismo.

-Ya lo he intentado yo… no lo coge nadie. También he llamado a Dani pero él tampoco contesta.

-¿Puedo probar yo?

-Claro… pero ¿desayunamos? Llevo a base de cafés desde anoche.

-Vale. Lo veo bien

No me había dado cuenta del hambre que tenia, a decir verdad no había cenado. La cocina no estaba lejos y no era demasiado grande, pero estaba llena de todos los dulces imaginables. Creo que la panadería de la esquina de mi casa no tenía ni la mitad. Me sentí un poco mal al elegir algo… quería cogerlo todo pero me conformé con un donut y un chocolate caliente. Hay que decir que él no se cortó un pelo (aunque, claro, estaba en su casa) Se tomó un café y un donut, una napolitana de chocolate, una ensaimada y cookies. Realmente no entendía como conservaba su figura.

Después del desayuno cogí el teléfono y empecé a marcar los números tanto de Elisabeth como de Dani y Jonathan, pero ninguno contestaba. Intenté llamar a Harriet aunque fue en vano. Después de pensar un rato se me ocurrió una idea, llevaba las de perder pero por intentarlo…

-Oye William, ¿Tienes wi-fi?

-Si

-¿Con contraseña?

-No

Salí corriendo a la habitación y cogí el móvil. Nunca, repito, nunca el wi-fi tarda tanto como cuando tienes prisa. “Vaaamos, vaaamos” ni dándole ánimos iba más rápido.

-¿Para qué quieres el Wi-fi Laia?- Ahora sí que me asuste y el gesto fue acorde al susto que me pegué. William empezó a reírse de manera que me hizo sentir ridiculísima- Perdón, perdón… ¿para qué lo necesitas entonces?

-Porque ya sé cómo hacer que Jonathan salga.

-Sorpréndeme

-No lo entenderías.

-Supongo que no…

Y con esto se marchó, me sorprendió que se rindiera tan fácilmente pero en ese momento no me preocupó, pues twitter acababa de abrirse.

El plan consistía básicamente en actualizar twitter y rezar para que Jonathan lo leyera… en el fondo estaba segura de que lo leería, incluso de que se quejaría por no actualizar desde que salí de Inglaterra.

Por fin me dejó actualizar y mi última actualización quedo así:

“Ya lo tenemos… si no vienes voy a buscarte”

viernes, 15 de octubre de 2010

Capitulo 2.2

-Pues claro que soy yo ¿Qué esperabas? ¿A un viejo canoso y malvado?


Supongo que en realidad sí, pero no le iba a dar la razón. Técnicamente tenía que caerme mal por haber hecho el chip ese.

-¿puedes sacarle el chip a Jonathan?

-Mal empiezas Laia, ni hola, ni por favor… ¿no tienes modales o qué?

-Que haya venido aquí a buscarte no significa que quiera hacer relaciones públicas. Solo quiero que le saques eso, que TÚ has creado, a Jonathan.

-No puedes negar que te gusto- En ese momento empezó a sonar el teléfono e Isabel fue a contestar-Nadie puede evitarlo

-Oye creo que me voy a ir a mi casa, cuando creas que puedes ser útil me llamas.

-No puedes irte a casa… no con esta nieve.

En efecto, estaba cayendo una nevada que dejaría huella histórica. En menos de 10 minutos había caído tanta nieve que tapaba el coche en el que me habían traído. Yo estaba empanada mirando por la ventana. ¿Qué iba a hacer ahora? No quería quedarme en casa de Mr. Yosoycoolasiquequiereme. En algún momento de mi empanación mental Isabel me dio el teléfono diciendo que me buscaban a mí. Esto despertó el interés de Mr. Perfecto y se me puso al lado intentando enterarse de algo.

-Diga

*Laia-era la voz de Elisabeth y sonaba muy lejos- tengo que decírtelo, aunque Daniel cree que es mejor que no lo sepas, pero sé que no me perdonarías si no te lo contara y… *

-¿Qué pasa Elisabeth?-La corté-¡Dilo ya!

*Jonathan ha desaparecido*

-¿Cómo?-perdí los nervios, lo dije muy alto.

*Pues cuando Daniel lo subió al coche ya estaba bien, así que vino a buscarme y lo dejó allí. Cuando volvimos Jonathan ya no estaba allí*

-Pero tiene que estar en algún sitio ¿no?

*Sí… Daniel y mi madre lo están buscando*

-Volveré y os ayudaré.

*No Laia. Si vuelves que sea porque tienes una solución, sino no saldrá.*

Cortó y me dejó escuchando el ruido del teléfono. Miré el aparato como esperando que Elisabeth saliera de dentro, pero solo estaba pensando. Levanté la vista y vi al señor Lemarks.

-Oye… ¿Cómo te llamas?

Se sorprendió de mi pregunta en tal situación.


-William

-Entonces William… ¿Serias tan amable de encontrar una solución a lo de Jonathan?

-Necesito…-Estaba sorprendido de mi cambio de registro-todos los datos que puedas darme de él, sígueme

Realmente no me gusta rebajarme a lo que los demás quieren de mí, pero esta vez lo necesitaba… Era por Jonathan. Bajamos hasta el “sótano”, aunque era más bien su laboratorio. Cogió una libreta y escribió “Sujeto Jonathan”

-Dime todo. Edad, fecha de nacimiento, hobbies, síntomas de antes y después de tener el chip… todo lo que se te ocurra.

-Se llama originalmente Nyklos, nació el 15 de enero, 18 años, es hijo del señor Stewart y de Harriet. Tiene una hermana que se llama Elisabeth… y también es medio hermano de Dani. Puede leer la mente, aunque creo que es desde siempre, creo que es cosa de familia,-yo lo soltaba todo como abstraída, no pensaba en lo que decía… pensaba en dónde podría estar Jonathan- de su enfermedad solo sé que se quedó en coma , que simplemente un día no se despertó. Sé que el señor Stewart le ofreció a Harriet una cura milagrosa a cambio de Jonathan, que por lo que se ve, funciono mejor para el que para ella. Despertó del coma el día 20 de septiembre a mi lado sin recordar nada, al principio era un poco borde, aunque menos que tú. Mmm… tiene una casa enorme, con pisc…

-¡Vale, vale! Su casa no me interesa ¿Nada más?

-Mmm… creo que no… -Me puse a recordar nuestras conversaciones- ¡Ah!

-¿Qué?

-No tiene reflejo

-¿Cómo que no tiene reflejo?- Negué con la cabeza-¿Desde cuándo?

-No lo sé. Recuerdo habérselo preguntado varias veces pero me decía que ni lo sabía ni le importaba… ahora que lo pienso… creo que me mentía.

-Vale, creo que ya tengo suficiente. Sube y dile a Isabel que te lleve a la habitación de invitados. Yo me quedaré aquí investigando.

Subí e hice lo que me dijo. De camino a la habitación, nada comparada con la que tenía en casa de Jonathan, comenzó a hacerme las preguntas típicas de mi cabeza. ¿Qué era Isabel para William? ¿Dónde estaban sus padres? Porque Isabel no podía ser su madre, era demasiado joven. ¿Cómo había llegado a ser así? ¿Cómo acabó con el Sr. Stewart? Tantas preguntas que llegamos a la habitación y me dejó sola pero no me había dado cuenta. Jonathan tiene razón. Cuando busco la respuesta a una pregunta me olvido del resto del universo.

Mis maletas estaban dentro de la habitación, de repente tuve la sensación de que me había dejado una cuando la mujer esa intentó comerme. Pero allí estaban todas.

Me puse el pijama, me acosté, me costó dormirme pero lo hice. Esta vez…. Este sueño, recuerdo, era más reciente. De este no hacia ni un año.

Estaba en el patio del instituto. Con Melanie y Mpi. Oí el sonido de mi móvil, por esa época sonaba St. Jimmy. Llamaba mi padre, pero no era su voz.

*¿Laia Wright?*

-¿Si?

*Llamo desde el hospital-en ese momento se me paró el corazón ¿Qué hacían con el teléfono de mi padre? ¿Que había pasado?-¿Tienes algún adulto que pueda traerte hasta aquí? Algún abuelo o tío quizás*

-¿Qué…? ¿Quién…?

*No creo que sea oportuno hablar de esto por teléfono…*

No tenía a nadie más pero Mpi y Melanie consiguieron que me llevara el personal del instituto al hospital. Cuando llegué solo quedaba mi madre en quirófano, pero ya no podían hacer nada.

Entonces se acercó el doctor a decirme que habían muerto. ¿Cómo no me di cuenta antes? ¡El “Doctor” era, ni más ni menos, que el Sr. Stewart!

domingo, 3 de octubre de 2010

Capitulo 2.1

Miss Damn sale a cazar, ¿qué es lo que ve? Tiene buena pinta para cenar. Se acerca sigilosamente, para sorprender y atacar, pero abre la boca y la obliga a parar.


-¿Sabes? No es lo mismo un sueño que un deseo, los sueños siempre son a lo grande y puedes desear cualquier cosa, incluso amar. Pero eso no lo sueñas ¿verdad?- Miss Damn se queda sin habla y no puede dejar de mirarla- Soy Laia. Barcelona no es tan bonita cuando estás sola… Posiblemente también sea peligrosa. Nunca sabes con quién hablas.

-¿Siempre le sueltas tu vida al primero que pasa?- Hace mucho que Miss Damn no tiene compañía, prefiere comerla antes de que hable y la distraiga.

-Solo desde que conocí a Jonathan… Un tipo raro ¿sabes? Pero muy majo- Mientras hablaba no dejaba de tocarse el collar que tenía en el cuello ¿Qué era? ¿Un amuleto?

•               •             •

Los ojos de esa persona me atravesaban, tenía la impresión de que me devoraba con la mirada. No era lujuria, era hambre

Algo en mi interior me decía que saliera corriendo, pero nunca le he hecho caso a mi interior, supongo que es una forma de rebelarme.

-Mira Laia, no suelo entretenerme mucho con la… gente, y menos en una noche sin estrellas- dudó demasiado entre “la” y “gente”. Estoy segura de que no quería decir eso- Igual debería irme… o igual deberías correr tú

Vale, eso sí que me asustó, igual no hubiera sonado tan siniestro si no hubiera ido bajando la voz cada vez más hasta quedar en un susurro apenas audible.

Salí de allí corriendo ¿Quién era esa persona? No sabía dónde me dirigía pero no me importaba y, aunque por alguna razón no me siguió, yo seguí corriendo hasta que las piernas dejaron de responderme y tuve que parar en un bar. Menos mal que Jonathan me había dado dinero...

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Pocos saben la razón por la que Miss Damn no siguió a esa muchacha, yo la sé pero tú no quieres saberlo.

No se le quitó el hambre y la noche era joven, algún otro ser indefenso andaría por la ciudad pensando que estaba seguro. Pero Miss Damn no sigue a sus víctimas, las victimas de acercan deseosas de probar el miedo, Miss Damn se sienta y espera su llegada, hoy aquí, mañana allá.

Tú aún no sabes quién soy ni porqué conozco a Miss Damn y sigo viva. Porque… estoy viva ¿no? No quieras saber más de lo que puedes asimilar… porque no lo puedes asimilar.

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-Laia, tenemos que hablar.


-Mmm… ¿hola? ¿Tú quién eres?

Yo estaba sentada en la barra del bar tomando una Coca-Cola. La persona que me había hablado era una mujer medianamente alta, morena y extremadamente elegante, me recordó a la Doctora Saroyan de Bones. Sé que después de casi morir comida por una desconocida debería haberme asustado de que supiera mi nombre pero, por alguna razón, no me asusté en lo más mínimo.

-El Señor Lemarks te estaba esperando. Daniel contactó con él ésta mañana y le habló de ti y tu problema.

¡Oh! Igual se le olvidó mencionarlo mientras luchaba contra Jonathan, consigo mismo, intentaba hacer que yo espabilara y sacar de estado de Shock a Elisabeth. Realmente tenía que agradecerle demasiadas cosas. Eso me llevó a preguntarme qué tal estarían. Ya habían pasado más de tres horas, las pesadillas que ocuparon mi cabeza durante el vuelo volvieron a mi cabeza con ese simple pensamiento.

-Laia- Su voz era como si estuviera controlada, casi mecánica, pero algo me decía que solo era demasiado formal- me gustaría que me acompañaras.

-¿cómo sé que puedo fiarme de ti?

-No sabías si podías fiarte de Daniel y lo hiciste. Sigue tu instinto.

-Mi instinto últimamente me está fallando-contesté al recordar lo que pensé de John Stewart cuando le conocí. Aún así acabé la Coca-Cola y le seguí, no sabía qué me decía mi instinto, pero tampoco tenía muchas opciones.

Cuando salimos había un coche esperándonos.

-Wo, wo, wo, coche negro y cristales tintados… eso sí me da mal rollo ¿No hay algún bus o algo… con más gente con lo que podamos llegar?

-Laia, igual no te has dado cuenta pero son casi las 12, ya no hay buses a esta hora.

La mujer subió al coche y yo me quedé como petrificada en la acera. Al fin y al cabo aún no sabía quién era, tampoco sabía quién era el tal Señor Lemarks. Casi me comen y después aparecía otra persona que pretendía que me fuera con ella en un coche que podría salir perfectamente de una película, justo en la escena en la que secuestran al héroe.

Igual podría llamar a un taxi y pedirle que me llevara a casa. Un taxi, lo más seguro y con cristales normales. Ya vería al señor ese por la mañana, cuando la luz iluminara las calles.

Subí al coche, supongo que la mujer sabia que lo haría porque cuando entré ella estaba muy tranquila usando su Ipad.

-¿Cómo te llamas?

-Isabel

Esa fue toda la conversación que tuvimos en el coche. Por suerte no dijo nada cuando bajé la ventanilla por completo. Por alguna razón me hacía sentir más segura.

El resto del viaje solo escuché los ruidos de la calle, me distraían las luces de los coches que pasaban por nuestro lado, aunque en realidad parecían caracoles a nuestro lado.

Paramos definitivamente en una casa que parecía la mitad de la de Jonathan, tanto de ancho como de alto. Era un dúplex de apariencia normal. Yo estaba muy nerviosa por saber cómo sería la persona que construyó semejante atrocidad y mis uñas estaban pagando las consecuencias.

Entramos a la casa y nos recibió el dueño de la misma.

-¡Bienvenida!

Me quedé a cuadros. El “señor” Lemarks no tenía más de 20 años y su aspecto no tenía nada que envidiar al de Jonathan.

-Tú… ¿eres el señor Lemarks?

Una sonrisa de superioridad apareció en su cara haciendo que se le apreciara una dentadura digna de ser comparada con la de Rian Dawson.