viernes, 29 de abril de 2011

Capitulo 3.1

Sé que he tardado mucho,
tenía demasiadas cosas en la cabeza.
Prometo que el siguiente no tardará tanto...


Todo estaba muy oscuro, no veía ni siquiera mis manos. Me daba miedo avanzar. No sabía dónde estaba, ni si estaba sola, no sabía nada. Solo veía oscuridad. Me decidí a dar el primer paso, temiendo caer, pero en lugar de eso se encendió una luz. Una luz en otra parte, pero que parcialmente iluminaba el camino.

Podía ver una silueta justo en el lugar donde daba la luz. No era una persona joven, pero se le notaba una persona fuerte, la fuerza que da la vitalidad, no el gimnasio. Quería acercarme, pero tenía miedo. ¿Dónde estaba Jonathan?

Una voz en mi cabeza me dijo que avanzara, algo me decía que le mirara a la cara. Me acerqué, estaba de espaldas y justo cuando se daba la vuelta…

-¡Laia! ¿Estás bien?- Jonathan sonaba preocupado, yo aun no sabía qué estaba pasando.

-Si… yo… no… ¿qué pasa?

-Mírate- Lo hice, estaba sudando- Y si te hubieras escuchado… No sabía que hablaras en sueños… En todo el tiempo que llevamos juntos nunca lo habías hecho, menudo susto me has dado… ¿Qué soñabas?

-No… no lo sé

Realmente no lo recordaba, recordaba un sentimiento, una voz, pero nada más.

-Bueno, Lai, son las ocho… ¿bajamos a desayunar?

Desayunamos en el hotel. El plan de Jonathan era desayunar e ir a buscar lo que fuera que quisiera William. A decir verdad yo no estaba centrada, quería recordar que había soñado, quería ir a visitar a Melanie, quería saber cosas que escapaban a mi sabiduría… Creo que estaba en cualquier parte menos escuchando lo que decía Jonathan.

Para ir a hacerle el recado a William cogimos un taxi. Por primera vez me atreví a preguntarle a Jonathan que clase de persona íbamos a ver. Según parece Jonathan solo sabía la dirección porque parecía que fuera la primera vez que abría la carpeta que William le dio en el aeropuerto.

-Parece que es pariente de William. Nicholas Lemarks.

-Nicholas, William… pensaba que era español… ¿Qué nombres son esos?

-Nicholas tampoco es tan raro.

Ignoré el último comentario, no tenía ganas de discutir por el nombre de una persona que ni siquiera conocía, pero que me sonaba extrañamente demasiado. Me pasé el viaje haciendo un repaso mental de todos y cada uno de los Nicholas que había conocido, pero llegué a la conclusión de que igual me sonaba de alguna de esas personas que conoces una vez y no las vuelves a ver.

Justo cuando llegamos sonó mi móvil, creo que me alegré un poco al ver que era Dani el que me llamaba. No sé porqué, pero tampoco me interesa.

-¡¡¡Daaani!!! ¡¡Melanie está aquí!!

-Melanie… - Hubo un incomodo silencio en el que me dio tiempo a pensar que lo mismo Dani se fue antes de conocerla- ¡¡AAAAaaahh!! ¡Melanie! Que maja Melanie…

-¿Te acuerdas o lo dices para quedar bien? – le dije entre risas

-Me acuerdo, me acuerdo

-¿Si me ve crees que se acordará de mi y podremos tener una relación normal?

-No

-Gracias por romper mis sueños- En el fondo me quedaba una esperanza- ¿Por qué me llamabas?

-Porque no sé nada de ti desde que te fuiste a Barcelona, y si no te llamo volverás a no hablarme.

-Que tonto eres a ratos, de verdad- Vi a Jonathan haciéndome señas para que me centrara en lo que teníamos que hacer- oye sweetheart, tengo que dejarte que tenemos una “misión”, te llamo esta noche o algo, bye

Guardé el móvil y me acerqué a Jonathan que estaba parado en la puerta de la tienda más antigua de la calle. No es que las demás destacaran por su modernidad, sino que esta destacaba por su antigüedad.

Entramos en esa tienda. Todo estaba muy oscuro, mis ojos no se habituaban después del sol que hacía fuera. Me daba miedo avanzar. Tenía una sensación rarísima.

-¿Laia?- La voz de Jonathan consiguió de alguna forma relajarme.

Me cogió de la mano y me decidí a dar el primer paso, temiendo caer, pero en lugar de eso se encendió una luz. Una luz en otra parte, pero que parcialmente iluminaba el camino. Todos los objetos que llenaban las estanterías parecían muy antiguos y, sin embargo no conocía ninguno.

De repente se encendieron todas las luces dejando a la vista que esa no era una tienda cualquiera, esos objetos posiblemente no estuvieran a la venta en ningún sitio, pero ¿Quién entraría a una tienda que daba la impresión de pertenecer a la mala época del siglo XV?

De una puerta casi invisible salió un señor, esta vez un señor de verdad, de unos 60 años, aunque su vitalidad parecía de un quinceañero. Parecía tener más fuerza que Jonathan y yo juntos. Al verlo, todas las imágenes de mi sueño volvieron a mi cabeza. La oscuridad, el miedo, la voz… y su cara. ¡Ya había soñado con él!

-¿Señor Lemarks?- Decidió aventurar Jonathan.

-Jonathan, Laia.

¿Le había dicho William que iríamos? En ese caso, nadie debía entrar a esa tienda, porque era imposible saber que éramos nosotros con solo mirarnos… ¿No?

-Por favor-continuó- acompañadme y os daré lo que William quiere.

-Perdone… -Iba a sonar cotilla, y posiblemente muy directa, pero hay ciertas preguntas que o las haces o te quedas con la intriga hasta el fin de los días. Esas preguntas que solo puedes hacer una vez- ¿Qué son William y usted?

Jonathan no se esperaba esa pregunta, porque me miró con la cara con la que me miraría cualquier persona normal, pero por alguna razón al señor Nicholas la pregunta pareció hacerle gracia.
-¿William y yo eh? Podría ser su abuelo ¿verdad?- todo lo decía con una calma increíble y entre risas, no sé que le hacía tanta gracia- Bueno… Pues William y yo somos… Hermanos.

domingo, 20 de febrero de 2011

Capitulo 3.0

Era una mañana perfecta, el sol brillaba en mi ventana dando lugar a una imagen de la habitación alucinante que me hacía querer quedarme allí siempre. Yo estaba en la habitación de mi hermana, esa noche no había querido dormir en la misma cama que Jonathan por sus indirectas de la tarde anterior. Se puede decir que soy rencorosa, pero si por lo menos hubiera venido a disculparse…


-Laia-sonaba tímido, como si en el fondo le diera miedo hablarme… igual pensaba que le mandaría a la porra solo por dirigirme la palabra- tenemos que irnos.

-Lo sé- cogí la maleta y me dirigí a la puerta pasándole por al lado como si no estuviera allí.

Jonathan había llamado a un taxi que nos esperaba en la puerta, yo pensé que William nos enviaría un coche con Isabel e instrucciones precisas en plan peli de acción pero me dejó con las ganas.

Llegamos al aeropuerto y vimos a William esperándonos. Esa imagen sí que era de película. Llevaba traje, unas gafas de sol y un maletín negro (solo le faltaba llevarlo esposado). A su lado estaba Isabel. Con su indispensable Ipad, y su vestimenta estilo Dra. Saroyan de Bones.

-Chicos, me doy prisa que tengo que ir a una reunión- abrió el maletín y le dio una carpeta a Jonathan- Dentro tenéis los billetes, hotel y demás… La información del hombre que tenéis que ver está ahí también, no será difícil de encontrar. Tenéis una semana.

Se fue sin decir nada más. Me dejó anonadada su seriedad, no le pegaba para nada.

-Mira Laia, Catherine- Jonathan quería parecer simpático ahora, total, ya nos íbamos.

-Jonathan, esa no es Catherine

-¿Cómo que no?

-Reconozco a Cat cuando la veo y te digo que no es ella.

Y en efecto, no lo era. La farsante se acercó, Jonathan se puso delante de mí de manera protectora, yo estaba segura que si quisiera matarme pasaría por encima de Jonathan como si fuera una simple pelusilla. Sin embargo no quiso atacarme, solo me dio una carta. Una carta y se fue.

La abrí de inmediato, al ver la firma se la pasé a Jonathan, la firmaba Doc., no quería leerla, no quería arruinarme doce horas de viaje hasta California. No quería perder los nervios más de lo que los había perdido al ver una falsa Catherine. Cogí el móvil y llamé a William para decirle que busque a Cat y que la cuide por mí. No creía que le hubiera hecho daño pero tenía que estar segura. Jonathan me cogió la mano y no me soltó hasta que estuvimos en el avión sentados.

Tan pronto como nos sentamos me puse a llorar. No sé porqué. Creo que estaba nerviosa por Cat. Tenía miedo de que le hubiera pasado algo por mi culpa. El maldito doc. se estaba metiendo con todo lo que quería y no había nada que pudiera hacer. Jonathan me abrazaba, pero yo no podía parar, empezaba a odiar los aeropuertos.

Cuando llegamos yo estaba dormida, Jonathan me despertó para que me pusiera en cinturón otra vez antes del aterrizaje. En Huntington Beach el sol brillaba muchísimo más que en Barcelona. En un determinado momento pensé que aún dormía, porque la imagen del sol entrando por la ventanilla mientras iluminaba a Jonathan era sacada de un sueño.


El aeropuerto estaba abarrotado de gente, familias y amigos tanto reuniéndose como despidiéndose. Supongo que en el fondo me sentí un poco sola al verlos, yo tenía a Jonathan, pero no era lo mismo.

El hotel que nos había reservado William era tan pijo como el, me daba vergüenza entrar al hotel donde todo el mundo (servicio y clientes) iba tan elegante. Yo era la única en ese lugar que llevaba zapatillas. La habitación era bastante amplia y William había tenido la delicadeza de pedirnos dos camas. No pasamos mucho tiempo allí, yo quería ver Huntington Beach, teníamos una semana para estar en este paradisiaco lugar, el hombre del recado podía esperar un día más.

Salimos después de que le preguntara a la recepcionista dónde quedaba la playa, era lo primero que quería ver. No hacía un calor abrasante, pero tampoco hacía frio. Así que nos pusimos los bañadores por lo que pudiera surgir.

Lo que pasó en la playa no sé cómo describirlo, fue un momento feliz que se volvió triste por la mente previsora de Jonathan…

-¡Jonathan! ¡Es Melanie!!- Empecé a correr dispuesta a llamarla pero el fuerte brazo de Jonathan me cogió antes de poder moverme- ¿Qué haces?

-¿En qué piensas Laia?- Parecía enfadado- ¿Vas a salir corriendo a su encuentro después de lo que pasó con Catherine?

-Pero la reconocí! Supe que no era ella con solo mirarla!

-Laia, aun no sabes si Catherine está bien y vas a venderla a ella también. ¿No ves que Doc. se mete en tu mente como le da la gana?

Miré a Melanie, me sorprendí al verla rodeada de tíos típicos Californianos, no le pegaba, pero lo que más me sorprendí fue verla al lado del único e inigualable (a no ser que tuviera un gemelo escondido) Zack Merrick. En ese momento cogía la tabla de surf para meterse al agua. Pensé que Zack le habría enseñado, pero no estaba en lo cierto. Quise ir a ayudarla pero lo que había dicho Jonathan era verdad. No quería que otra amiga mía sufriera, además, seguro que le hizo más ilusión que fuera Merrick al rescate aunque se riera de ella.

Después de ese momento desastroso no tenía ganas de seguir en Huntington Beach. Saber que Melanie estaba allí y que no podía hablar con ella me deprimía. Jonathan me compró un helado y nos sentamos en la orilla.

-El día más largo de mi vida y el más horrible.-En Huntington Beach no era ni mediodía, maldito cambio horario…- Es injusto Jonathan… ¿Por qué no me dejó morir desde el principio?

-No sé Lai… me asustaría entender lo que hace… ¿Te recuerdo que me salvó solo porque podía usarme para matarte?

-¿Crees que no puede matarme el mismo? Quiero decir, primero Dani, luego tú… he estado en su “consulta” mucho tiempo, creo que podría haberlo hecho ahí sin problema.

Vi a Melanie irse, ella no me había visto, aunque supongo que estaría un poco desorientada después del golpe que se había dado. Volví a mirar a Jonathan que seguía pensando la respuesta a la pregunta que dejé en el aire. Decidí seguir comiéndome mi helado.

-Jonathan, creo que soy muy blanquita y no tenemos crema… terminaré quemándome… ¿volvemos al hotel o algo?

Jonathan decidió que teníamos que ir a comer así que fuimos al típico McDonald’s. Comer después del postre era un poco extraño pero puede hacerse. No resultó tan mala combinación. Pasados unos diez minutos de habernos sentado sonó mi móvil.

-Diga

*Laia, soy William ¿No tienes identificador de llamadas o qué?*

-No lo miré Mr. Yosoycoolasiquequiereme, ¿Qué sabes de Cat?

*Está aquí conmigo. Está bien, no le había pasado nada*

-¿Y qué hace contigo entonces?

*Adiós Laia*

-¡Me ha cortado! ¿Qué porras hacen juntos?

-Bueno Laia, Catherine es guapa, William, aunque raro como él solo, es guapo. Son cosas que pasan…

Si hubieran sido otros dos nombres me hubiera reído, pero no me convencía nada la relación Catherine-William. Pasamos la tarde durmiendo, el cambio horario hacía estragos en mi sueño y no podía mover ni un músculo. El día no había sido uno de los mejores de mi vida, desde luego…

jueves, 10 de febrero de 2011

capitulo 2.9

Ya habían pasado las dos semanas reglamentarias para poder volver a Londres. Jonathan había estado tan normal como siempre, por lo que ya podíamos volver, pero yo…


-Jonathan, no quiero volver a Londres- soy un poco directa, sí, pero hay confianza ¿no?- No me gusta el clima además, allí hay problemas cada dos días y allí la gente quiere matarme.

-En todas partes hay gente que quiere matarte Lai, reconócelo. No quieres volver porque odias la lluvia.

-Y tú el Big Ben

-No lo odio, solo no me gusta. ¿Qué quieres que hagamos? Sorpréndeme…

-¿quedarse aquí no es una idea?

-No me malinterpretes, Catherine me cae bien, pero ya sabes los perversos que son los planes de Doc.

Desde que me encontré con Catherine en el centro habíamos quedado día sí día también. Me encantaba pasar el rato con ella. Era todo normal. La última semana Jonathan se había ido relajando, pareciendo casi normal, pero se le notaba que aún estaba muy tenso.

-Jonathan, esto es peor que destino final. Llevamos aquí dos semanas y aun no han intentado matarme…bueno…-le miré y casi sin querer desvié la vista.

-Laia, yo no…-Sonó el timbre para salvarnos del giro que había dado la conversación.

-Voy a abrir. Seguramente sea Cat. Relájate ¿vale?

Fui a la puerta y al abrir me encontré nada más y nada menos que con William.

-Tú no eres Catherine

-Mmm…-Se llevó la mano al pantalón y se miró sus partes- Diría yo que no, no.

-¡Dios mío! ¡Qué asco! ¿Cuándo te has vuelto tan idiota?

-Pensaba que siempre lo había sido ¿Me dejas entrar?

-no

Cerré la puerta, pero él la abrió detrás de mí y entró acompañado.

-¡Mira quien ha llegado! Creo que ella sí que es… ¿Catherine?

Cat y yo le miramos, mi mirada era totalmente asesina, pero la de Cat…

-¡Dios! ¡Cat no! Cualquiera menos el bipolar este.

-¿Perdona?-dijeron Cat y William tan a coro que me sorprendieron

-¿Qué quieres bipo?- De verdad que no quería verle

-¿Dónde está Jonathan?

-Cocina-desapareció detrás de la puerta- Catherine, si alguna vez vas a cruzarte con William, sal corriendo. Es el ser más… extraño que puede vivir en Barcelona.

-Laia, no puedes quedarte con tooodos los tíos buenos del mundo.

-Te juro que te daría a William con un lazo en la cabeza, pero este chico tiene rollos muy extraños.

-Sé cuidarme Laia-me contestó entre risas- ¿qué era lo que tenías que decirme?

-¡Ah! Sí… -No recordaba que le había mandado un sms para que viniera- Es que hay un 98% de probabilidades de que mañana, si no esta tarde, me vaya otra vez.

-Joder… ¿quieres que te acompañe al aeropuerto o algo?

-No hace falta… pero si quieres te mando un sms para decirte cuando me voy

-Perfect then. Me voy a la EOI que no llego- me guiñó un ojo y se fue.

Yo me fui a la cocina a ver de qué hablaban y lo que me encontré se puede describir de cualquier forma menos agradable. Jonathan estaba en una silla sin camiseta, pero William le estaba…

-¿Qué hacéis?

-Le quito los puntos, ¿no querrás que se quede así para siempre?

-No, Pero… ¿tiene que ser en mi cocina?

-si

Esperé a que terminaran, pero no allí, por supuesto. Me daba muchísimo asco ver lo que hacían. Cuando volví la cara de William no me gustó un pelo.

-Laia, tenemos que hablar

-Uish… que mal rollo… ¿Qué pasa?

-Pues que todo tiene un precio y lo del chip no iba a ser menos.

-Algo me hace pensar que no quieres dinero- Jonathan decidió hacer acto de presencia una vez se había puesto la camiseta.

-No, quiero que me hagáis un “recado”- El tono en la palabra recado me hizo pensar que no quería leche y galletas exactamente. Ante nuestras miradas expectantes, prosiguió- Necesito que vayáis a ver a una persona de mi parte y me traigáis lo que os de.

-¡¡Cuánto misterio amigo mío!! ¿Quieres ir al grano? ¿Dónde vive esta persona?

-En California, Huntington Beach para ser más exactos. Os daré los datos de cómo encontrarle en el aeropuerto. ¿Cuándo os vais?

Miré a Jonathan dejándole la decisión a él con una mirada. Él no se sorprendió de esto y decidió que nos iríamos la mañana siguiente y William se fue, dejándonos solos otra vez.

-Estarás contenta…

-¿yo? ¿Por qué?

-Bueno- no era un reproche, pero había algo en su voz que me decía que él no estaba contento- Esta mañana me dijiste que no querías volver a Londres y no volvemos y además, tenemos que ir, nada más y nada menos, que a California, ¡tu estado favorito!

-Vale que esta serie de acontecimientos parezcan venirme al pelo, pero ¿de verdad crees que tengo ganas de hacerle los recados a Mr. Yosoycoolasiquequiereme? Jonathan, puede mandar a cualquiera pero nos manda a nosotros, ¿de verdad crees que va a ser como unas vacaciones por Huntington Beach?

Salí de la cocina indignadísima, ¡Ni que lo hubiera planeado yo, oye! Le mandé el mensaje a Catherine y me fui a hacer la maleta. No volví a hablarle a Jonathan en toda la tarde… igual llevábamos demasiado tiempo juntos…

miércoles, 5 de enero de 2011

Capitulo 2.8

Para Irene...
Tenia una dedicatoria pendiente
y en este capitulo queda especial =)

-¿cómo que qué hago aquí?- Estaba un poco asustada, no podía haber perdido la memoria otra vez- ¿Qué pregunta es esa Jonathan?


-¿Verdad que es eso lo primero que te dije?

-Si… Eres un idiota, casi me matas del susto

-Lo siento Lai- lo dijo entre risas, algo le divertía y yo no sabía el qué- es que, por alguna razón he soñado con eso

Acabó su frase con su perfecta cara angelical, odiaba esa cara porque nunca podía negarle nada.

-No fue “por alguna razón”, fue porque estaba pensando en eso antes de que te despertaras, aunque fue la primera vez… vas con retraso?

-¿Qué?- le había extrañado la pregunta, de eso no había duda, su cara era el más fiel reflejo al sentimiento de no entender nada.

-Nada déjalo…

Me levanté y fui al baño que estaba en la habitación. No cerré la puerta, no quería perderlo de vista. Empecé a lavarme los dientes, no quería mirar el reloj, sabía que era muy pronto para mi, para cualquier ser humano, así que seguía con mi vida como si fuera una hora normal.

-Laia, sigo pensando que eres valiente y estúpida a la vez.

-¿pefdona?- vale, con el cepillo de dientes en la boca no sonaba muy bien, pero realmente me irritó esa afirmación que no venía a cuento.

-Bueno, que te sea tan fácil seguir la mañana después de todo lo que pasó ayer… asusta.

-¿te acuefdas?

-No, pero tú sí. Por cierto Laia ¿Sabes qué hora es? Son las…

-¡¡NO ME DIGAS LA HORA!!-por decir eso y salvar mi mañana… escupí todo el espejo y parte del lavabo- mierda…

Jonathan empezó a reírse, por mucho que me gustara su risa podría haberme evitado la molestia, sabía lo poco que me gustaba levantarme pronto, si encima me lo restregaba…

-No es divertido…

-Eso es porque no te has visto.

Cogí una bayeta y me puse a limpiar, cuando terminé y miré por el agujero de la puerta Jonathan ya no estaba. Realmente odiaba su capacidad de desaparición. Bajé las escaleras y ahí estaba. Realmente me encantó ver esa escena. Jonathan estaba haciendo el desayuno. Era una escena tan normal, tan tranquila, como si nada hubiera perturbado mi vida nunca.

-Jonathan- se dio la vuelta esperando que prosiga- eres lo mejor que tengo.


-No exageres- se dio la vuelta pero pude ver cómo se avergonzaba.

-No lo hago, de verdad… Oye Jonathan, ¿Has estado alguna vez en Barcelona?

-Ahora, ¿por?

-¿Quieres que salgamos en plan guiris?- Me senté a la mesa mientras esperaba su respuesta.

-Define guiri

-Mmm… Extranjero buenorro… no… no es una buena definición para ti… ¿Quieres o no?

-¿Suuupongo? y ¿dónde vamos?

-¡Pues al centro! Tranquilo, no hay Big ben en Barcelona

Se acercó a la mesa, dejó sus cosas del desayuno y me trajo las mías, cuando me acercó el brazo vi mi muñequera, ya ni me acordaba.

-¡Aún llevas mi muñequera!

-Y tu mi colgante

Me llevé la mano al cuello casi sin darme cuenta, ahí estaba.

-¿Lo quieres de vuelta?

-Da igual, puedes quedártelo por ahora, ¿Quieres tu muñequera?

-No… te queda mejor que a mí.

-¿Cuándo volvemos a Londres?

-Creo que William me dijo que nos quedemos un par de semanas, pero para serte sincera no me acuerdo.

Después de comer fui y me duché en el baño de arriba mientras él se duchaba en el de abajo. Salimos y cogimos el L2, lo bueno de salir a la hora de la siesta era que no había casi nadie en el tren. Bajamos en la puerta de La Sagrada Familia, por alguna razón se moría de ganas por entrar.

-Pero por dentro no es bonita Jonathan, está en obras, y si no te gustó el Big Ben… esto tampoco.

Igualmente me hizo entrar y, al contrario de lo que yo creía, le encantó. Me hizo subir hasta la torre más alta y aún doy gracias de que el ascensor estuviera abierto.

-No entiendo por qué te gusta un reloj en un edificio y esto no, igual cuando la terminen te gusta más…

-¿Cuánto crees que tardarán en terminarla? Ya llevan tropecientos años en ello, no la van a terminar antes de que muera Jonathan.

Llegamos a la Diagonal, se ve que ya no era la hora de la siesta porque la calle estaba más llena que el metro de Japón. A lo lejos la vi, no me acordaba que estaba en Barcelona, nunca pensé que podría encontrarme con una… amiga.

-Jonathan, rápido, ¿En qué idioma estamos hablando?

-¿español?

-Bien…

Catherine se acercó tan rápido que en darme la vuelta para mirarla ya estaba a mi lado.

-¡¡Laia!! No sé nada de ti desde… hace mucho ¿Qué tal estás? Pensé que estabas estudiando en Oxford o algo así.

Nos abrazamos cómo si hiciera doscientos años que no nos veíamos, realmente no nos veíamos desde el accidente de mis padres. Yo estaba segura de que el señor Stewart me había borrado de la mente de todos mis amigos.

-¡Jo Cat cuanto tiempo…! Pues… he estado en Londres, pero no estudiando- realmente me alegraba de verla.

-¿Dónde ibais?

Miré a Jonathan que me entendió sin que tuviera que decirle nada. Con una mirada me dejó claro que no le importaba que se uniera. Acabamos sentados en un banco del primer parque que encontramos.

-Bueno Cat, cuéntame que me he perdido

- Pues Melanie esta en California con su padre, jamás imaginarias quien es y Mpi se ha ido a estudiar a su pueblo.

-Chicas- Jonathan hacia acto de presencia- voy a comprarme un helado o algo, ahora vengo

Nada más irse Catherine hizo la pregunta que cualquier persona normal y con buen gusto hubiera hecho.

-Laia, ¿De dónde has sacado a ese muchacho? Por cierto, ¿Sabe que estamos en invierno no? No va a conseguir helados tan fácilmente

-¿Jonathan? – No pude contenerme la risa, ¿cómo decirle de donde lo había sacado?- de… Londres y no dudes que conseguirá el helado sin esfuerzo.

-¿No tendrá un hermano no?

-Pues sí… pero no sé… ¿Te acuerdas de Dani?

-No me digas eso

Perdimos la tarde hablando, necesitaba desde hacía mucho hablar con alguien como una persona normal, nada de salvar al mundo, ni leer pensamientos, ni chips, ni dobles personalidades, simplemente normal.

Ya volviendo a casa Jonathan preguntó lo que me rondaba por la cabeza.

-¿No se suponía que tus amigos se habían olvidado de ti?

-Creo que sí… ¿crees que es malo que se acuerde de mí?

-Esperemos que no…

martes, 21 de diciembre de 2010

capitulo 2.7

Para Marina que ha sido la primera en leerlo
Feliz cumple amore...



Creo que pasé en esa bañera sólo un minuto, pero se me hizo eterno… tiendo a hacer que los momentos parezcan más largos de lo que realmente son.


Me ponía realmente nerviosa no oír nada. Jonathan ya no hablaba, de hecho, dejó la conversación a medias y ¿William? Tampoco decía nada. Llegó un momento en que mi paciencia alcanzó su límite y salí. Abrí la puerta no muy segura de lo que podía encontrar. Pero no encontré nada. No estaban ni Jonathan ni William y no se oía nada en la casa como para decir que estuvieran peleando en otra parte de la casa.

No sé por qué pero salí corriendo de mi casa y cogí el primer bus que llevaba a casa de William. Si no estaban en mi casa podrían estar allí y sino… Nada, no se me ocurría nada mejor. Bajé del autobús a 4 calles de su casa. Otra vez empezó a nevar. Realmente tenía un objetivo y quería conseguirlo. Llegué a su casa, pero no había forma posible de entrar sin llamar. Llamé al timbre, nada perdía por probar, y, a pesar de todo, Isabel abrió la puerta.

-En el sótano

Bajé las escaleras corriendo y allí estaban. Jonathan estaba inconsciente encima de una camilla y William se preparaba para… ¿Operar? Yo no pude evitarlo y me tiré encima de William con toda mi rabia contenida y la violencia que salió de partes desconocidas tirándolo al suelo Muy a mi pesar me levantó del suelo sin esfuerzo aparente y m e sentó de golpe en una silla.

-¿Quieres que se lo quite no? Pues tiene que ser rápido porque no se cuanto tiempo tengo- William empezaba asustarme ¿Tiempo? ¿Para qué? ¿Era por Jonathan o era por él?- Quédate ahí quietecita y no molestes.

Realmente no me moví. Lo vi mientras abría a Jonathan y trabajaba con él. No fue una experiencia agradable en absoluto. Jonathan sangraba, Isabel iba y venía ayudando a William y éste no sacaba las manos de Jonathan por mucho que sangrara. Pasó una hora, esta vez de reloj, hasta que William se lavó las manos y se acercó a mí.

-Ya está, creo que funcionará, pero no sé cuánto tiempo, tú si ves el reflejo de Jonathan corre. Si le da otro ataque tardará 3 días en volver, pero volverá. Quedaros en Barcelona 2 semanas más o así por si acaso le vuelve a dar, aunque no debería.

-Pero William…- Yo aún estaba arrinconada en la silla tal y como él me había dejado, muerta de miedo además- Antes no, ahora sí… No lo entiendo, ¿Qué te pasa? ¿Tienes doble personalidad o algo?

-No exactamente, ahora Isabel os llevará a tu casa, no salgáis en, al menos, dos semanas.

-Pero…

-¡Nada de peros Laia, salid de aquí que no queda tiempo!

-¿Y cómo voy a reconocer al William que me ayudará?

-Eso, Laia, no lo sabemos ni tú ni yo…

Diciendo esto abrió una puerta y se fue por ella. Isabel apareció por las escaleras con un hombre, aunque más que un hombre era un gorila. El hombre cogió a Jonathan y empezó a subir. Isabel y yo les seguimos. Al subir al coche me asaltaron las dudas. ¿Qué significaba “no exactamente”? No entendía qué le pasaba y, por lo que parecía, él tampoco.


-Isabel…

Ella levantó la vista de su Ipad y me miró como si que yo le hablara no entrara en sus planes.

-¿De qué conoces a William?

-Pueees… Es una larga historia

-Todos ponéis la misma excusa, pero a ninguno se os ocurre resumir.

-Si resumes, la historia pierde valor.

-¿Y sabes que le pasa?

Su mirada me dejó claro que no, bajó la cabeza y siguió en su Ipad dando por cerrada la conversación. Mujer de pocas palabras desde luego. Tenía que ser una historia muy bonita para que le dejara mangonearla de esa manera, pero algo me decía que nunca llegaría a saberla.

Llegamos a casa y dejaron a Jonathan en la cama de mis padres. Era increíble volver a verlo así, tan vulnerable, tan indefenso… Entonces caí en la cuenta de que no tenía ni la menos idea de cómo tenía que cuidar a Jonathan. Pensé en llamar a William pero algo me decía que mejor no hacerlo. Decidí esperar y ver cómo se desarrollaban los hechos. No era normal que yo tuviera que hacerme responsable de Jonathan, normalmente él cuidaba de mí, no al revés.

Mientras lo miraba dormir recordé la primera vez que abrió los ojos y hablamos. Un tipo de lo más raro, pero después… cambió, no sé.

"-¿Por qué estás aquí?


-intento de suicidio y por unas estúpidas pruebas que no me dejan irme.


-curioso…


-¿qué te parece curioso exactamente?


-has intentado matarte, has sobrevivido y ahora miras la tele como si estuvieras aquí por un constipado… yo no podría, pienso que eres valiente y estúpida a la vez.


-oye, ¿quién te crees que eres?


- me llamo… Lo siento, no lo recuerdo


-¿por qué estás aquí?


-no lo sé, simplemente desperté aquí."
Me entró la risa al recordarlo. Menuda situación más estúpida. Si alguien nos hubiera visto… Yo de los nervios y el tan tranquilo… Solté la carcajada sin más y, sin querer, lo desperté.

-¿Lai? ¿Qué ha pasado?

-No es el momento Jonathan, ¿Estás bien?

-Me siento raro, pero sí.

-Bien, pues sigue durmiendo, me voy a la cama de mi hermana…

-¡Laia!- Me giré extrañada, no solía llamarme así- quédate conmigo…

Me acosté a su lado, me sentía más tranquila con él. Respiraba lentamente. No pude evitarlo y apoyé la cabeza en su pecho para sentirlo respirar. Subiendo y bajando al ritmo de su respiración me quedé dormida.

Me despertó la luz que se metía por los huecos de la persiana, no podía volver a dormir así que puse la tele con el volumen muy bajito y me puse a hacer zapping, él despertó y dijo:

-¿Por qué estás aquí?



sábado, 18 de diciembre de 2010

Capitulo 2.6

-Lai… Es que, con respecto a eso… Tenemos un problema…


Claro que sí, ese era Jonathan. No diría nada sin dar rodeos. Este era un gran defecto, uno de los poquísimos que tenía.

-Sorpréndeme

-Bueno, es que… no me acuerdo

-¿De que no te acurdas? ¿Del problema?

-No, no. Ese es el problema… Es que no me acuerdo de nada desde que…

-¿Desde que…?

-Pues, más o menos… lo último que recuerdo es… cuando estábamos en el aeropuerto. Cuando te…

-Venga Jonathan, puedes acabar la frase. ¿Cuando me atacaste?

-Bueno, -sonaba ofendido- yo le hubiera llamado besarte, pero si te sentiste atacada… aunque creo que tú no opusiste resis…

-Espera, espera, espera, -Le corté. No lo entendía. Si eso era lo último que recordaba, ¿Por qué estaba en mi casa? ¿Qué hacia ahí antes que yo?- ¿No te acuerdas de lo que pasó después del beso?

-Mmm… no… ¿Qué pasó? Laia, ¿te pegué?- sonaba cada vez más y más nervioso- Joder Laia, ¡no me acuerdo! ¿Qué pasó?

-Esto…- ¿Cómo empezar? No se acordaba de nada- No tiene importancia…

Supongo que me delató mi maravillosa cualidad de no saber mentir. Casi sentía cómo rebuscaba en mi cerebro para ver qué había pasado, no podía bloquearlo. No podía ocultarle nada. Pero igual…

-¡Pero igual!- Me tapé los ojos con las manos como si eso fuera a evitar que estuviera en mi cabeza- Igual no es lo mejor que te lo muestre yo. Igual yo… Por lo que siento por ti… Igual lo he exagerado, no sé.

-Pero si yo te he hecho daño a ti, me interesa cómo lo hayas visto tú, no lo que otro cree que he hecho.

-No quiero. No quiero que lo veas de mi. Yo… salí de mí, lo vi todo desde fuera.

-Y si no… ¿Cómo me voy a enterar de lo que te hice?

El silencio llenó la habitación. Yo le miraba a los ojos, sus profundos ojos verdes que casi me pedían por favor que le dejara entrar en mi cabeza.

-Vale… Pero no te enfades.

-¿Con quién?


-Contigo… Por favor.

Lo volví a sentir cómo se metía en mi cabeza. Noté, también, que nunca antes me había dado cuenta cuando Jonathan me leía la mente. Miré a mi alrededor mientras él lo veía todo. Ya era de noche, la luz de la habitación estaba encendida. Miré a Jonathan y volví a quedarme a cuadros. Su reflejó, estaba en la ventana detrás de él. ¡Ahí estaba otra vez!

-Jonathan… tu reflejo…

-No sé dónde está Laia- su voz sonaba ahogada, habría llegado a la peor parte.

-Detrás de ti

Me miró con cara de interrogante y miró a la ventana. Se acercó a ella y tocó su reflejo. Yo lo veía normal, un reflejo como otro cualquiera, pero él…

-¡Laia vete!

-¿Qué?

-¡VETE!

Salí de la habitación y oí cómo Jonathan cerraba la puerta detrás de mí. Estaba asustada. Bajé al salón. Una voz en mi cabeza me gritó “Más lejos”, pero la ignoré. “Aléjate de mí”. Lo oía, pero no quería. No quería dejar a Jonathan otra vez. Vale que no me había esforzado mucho buscándole, pero realmente lo necesitaba. Dejándolo solo causaría más problemas, sobre todo para mí.

Lo mejor que se me ocurrió fue meterme en el baño. El único sitio con pestillo. No me pareció mucho mejor que huir, pero por lo menos no le dejaba. Oí un golpe cuando se abrió la puerta de la habitación.

-¡Laia! ¿Dónde estás?- no sonaba a Jonathan-Sé que estás ahí… Venga sal, que estoy bien.

Me estaba asustando cada vez más. No era él, lo sabía, pero aún así…

-Venga Laia, lo siento. Te juro que no me acordaba.

<< No es él Laia, no es él >>No podía parar de pensar eso…

Jonathan le dio tal golpe a la puerta del baño que del susto me metí en la bañera. Una reacción estúpida realmente, lo sé. Pero era algo que hacía desde pequeña.

-¡LAIA! ¡Sal de ahí! Pero que haces tú aquí Willi…

Dejé de oír a Jonathan. Algo iba peor que mal. ¿Willi? ¿William? ¿Qué hacia William en mi casa? ¿Cómo había entrado?

martes, 7 de diciembre de 2010

capitulo 2.5

-¿Por qué lloro?- estaba a punto de meterle una torta. La alegría de verle estaba dejando de cegarme y recordé el tiempo que pasé preocupada, todo lo que hice, y solo por él- vives en un frasco de mayonesa Jonathan.


-¡Eeeh! ¡El borde soy yo! ¿Qué pasa Laia, España es tu territorio?

-Jonathan, en mi periodo en Barcelona, me he dado cuenta de que, en realidad, eres un cielo.

-¿Me vas a dejar entrar o me vas a tener en la puerta hasta que muera congelado?

-Debería dejarte ahí e irme a mi habitación vacía y olvidarte.

-¿de verdad quieres olvidarme?

No podía soportarlo, su cara me podía. Ver sus ojos verdes, su pelo, volver a oírle como si no hubiera pasado nada… como si no hubiera pasado nada… ¿nada? Le dejé entrar, le dejé campar a sus anchas. Yo me fui a la habitación de mis padres y me tumbé en la cama. Pasaron 10 minutos hasta que Jonathan me encontrara, y eso que mi casa no era muy grande…

-¿de verdad quieres olvidarme?

-no… ¿y tú a mi?

-sería imposible.

-Entonces… ¿no tienes nada que contarme?

-Tienes razón- Le miré expectante esperando su respuesta- Mientras no estabas… me lié con alguien.

-¿Qué?- no era lo que me esperaba

-Jo Laia que inocente eras… si quisiera contarte algo, te lo contaría.

Se acercó y se sentó al otro lado de la cama.

-Te odio Jonathan- Me levanté dispuesta a salir de la habitación pero me paré en seco al oír su voz.

-si me odiaras… Ya no estaría aquí, y lo sabes… en muchos sentidos. No estaría en Barcelona, definitivamente, pero creo que tampoco me hubiera despertado del hospital. Y aunque lo hubiera hecho… no sería yo Laia. No me digas que me odias si no lo sientes, porque no sabes que podría pasar si lo hicieras.

-entonces… deja de mentirme, de ocultarme cosas… me da igual si es por mi bien o no, porque puedes leerme la mente, pero parece mentira que sepas lo que siento, porque si lo supieras dejarías de “protegerme”. Confía en mi Jonathan, por favor…

Se levantó y vino a abrazarme, intente separarme de él pero siempre fue más fuerte que yo.

-Deberías dejar de abrazarme cada vez que la jodes, algún día dejará de funcionarte.

-¿cómo hoy?-me fue soltando poco a poco


-exacto

Salí de la habitación dispuesta a llamar a William para decirle que Jonathan estaba aquí. Pero no me hizo falta llamarle. Ya llamó él a la puerta por mí.

-Oye, me he dejado aquí el móvil

-Jonathan está aquí.

- ¿En serio? ¿Y por qué no me has llamado?

-Touché ¿Dónde está?

Le llevé a la habitación pero Jonathan ya no estaba allí. William pensó más rápido que yo, salió de la habitación y yo le seguí.

-Aquí está tu móvil

-Gracias

-Ya puedes irte

-¿Seguro? Deberías haber visto todo lo que Laia ha hecho por ti mientras estabas “desaparecido”- Jonathan me miró por una fracción de segundo y volvió a centrarse en William- Se ha rebajado mucho para que yo trabaje… ¿no es propio de ella verdad?

-¡¡Un momento!! ¿Qué sabes tú de mí?

-Ay Laia, Laia, ¡Qué inocente eres!

-Y ya van dos

-Yo sé lo que quiero saber

-¡Pero! No sabias nada de Jonathan

-¡Claro que lo sabia! Le puse el chip ¿te acuerdas? Lo único que aún no tengo claro es lo de la sombra. Pero sé lo que quiero, igual que sabía que Jonathan volvería igual que sabia donde estaba escondido.

-dónde…

-Ha estado aquí siempre Laia, estuvo viviendo en tu casa

-¿Cómo podías saber eso?

-Por la nevera…- Jonathan lo dijo casi sin pensar, estaba ausente- Te invito a irte

-Pero Jonathan!

-Sí Jonathan, ¿Por qué iba a irme? ¿Quién te va a quitar el chip?

-Vete.

Yo ya no sabía que decir, esta situación me sobrepasaba, no podía seguir escuchándolos. Sabía que William era un borde pero que fuera el malo de la película… ¿Sabría Dani lo de William? No había hablado con él desde lo del aeropuerto, empecé a sentirme mareada y los gritos alardeando de William no me ayudaban. Lo siguiente que recuerdo es despertar en la habitación de mis padres.

-¿estás bien Lai?

-¿Dónde está William?

-Cuando las cosas van mal el muy… cerdo, se pira

La habitación se quedó en silencio un rato demasiado largo para mi gusto, por fin Jonathan dijo algo…

-Lai, ¿Qué tuviste que hacer para que él trabajara?

-Nada- Me extrañó la pregunta, no sabía a qué se refería- ¿Por?

-Por lo que dijo…

-¡Ah! Solo fue porque dejé que fuera borde conmigo sin responderle… ¿Qué pensabas que era?

- No, nada…

-Jonathan… ¿por qué no viniste a buscarme si estabas aquí?

-Eso, Laia, es una larga historia…

-Pues empieza, tengo tiempo…