Todo en la habitación estaba oscuro. Mis ojos tardaron en acostumbrarse y poder buscar a Harriet en la oscuridad. Me pregunté si había pasado algo parecido porque todo estaba ordenadísimo y todos seguían unas normas que parecían haber sido dictadas de antemano. Gerald estaba allí, iba y venía según las exigencias de “La Harriet del futuro”. Las persianas estaban bajadas aunque era obvio que nadie allí dormía o estaba enfermo y, ahora que lo pienso, Elisabeth tuvo que girar la llave para entrar. Tenían a Harriet encerrada.
-¡Laia!- parecía sorprendida de verme- ¡Sabía que vendrías!- aunque no lo estaba- ¿Por qué has tardado tanto?
-¿Eres Harriet?- No estaba dispuesta a perder el tiempo, por mucho que Jonathan fuera a matarnos a todos me sentía más segura con él.
-Claro que soy Harriet, sabía que os tenia confundidas pero no pensé que hasta tal punto…
-Seré la más confundida porque estoy segura que fui yo la que le puso Jonathan y la que ha pasado los últimos meses con él. Lo siento pero igual has sido tú la que se ha confundido pensando que vienes del futuro y que Jonathan es una mala persona- Sonaba tranquila, pero no hice ninguna pausa más larga que otra, no le di tiempo a replicarme hasta acabar- Dani te dio un golpe muy fuerte, igual te has hecho daño.
-Es increíble que “La salvadora”, “la heroína”, “la creadora” no se dé cuenta de que está pasando…
-Igual os habéis equivocado y no soy yo. Yo no soy Superman o Harry Potter que tienen destinado salvar el mundo… solo soy Laia…
-Lo dudo pero ¿sabes qué? Sé que eres tú por la fuerza con la que le defiendes, todos sabemos que confías en el más que en nadie y que él será el nuevo “Judas”, solo que tú no lo sabrás, tú no lo verás venir… no sacrificarías el mundo por él… aunque enamorada como estas ahora mismo dudo mucho que me hagas caso…
¡Dios mío! ¿Qué ocurría en esa familia que todos hablaban de mis sentimientos como si hablaran del tiempo? Agradecí que Jonathan no estuviera allí e hice lo imposible por mantener los nervios en si sitio.
-Me encantaría escucharte, me encantará escucharte cuando me des una buena razón para creerme que el Jonathan que está abajo preocupado, esperándome no es mi Jonathan sino alguna especie de ser maléfico que quiere matar a medio mundo.
-¡No medio mundo Laia! ¡El mundo entero!- Se levantó de la cama y se dirigió hacia mí, iba despacio y por el camino comenzó a llorar- una madre tiene que hacer lo que tiene que hacer, aunque este mal Laia- yo no entendía nada, y yo la tenía muy cerca como para echarme atrás- Elisabeth cielo, ¿puedes dejarnos a solas?
Elisabeth me miró para ver qué opinaba yo al respecto. Asentí para darle a entender que nos podía dejar y tras esto todos los empleados se fueron. Todo había sido obra de la niña, todos procedían como procedían porque así lo quería ella. Una vez todos estuvieron fuera Harriet se volvió a sentar en la cama, la mujer seguía llorando y no daba ningún indicio de parar de hacerlo y empezar a contarme cosas. Me ponía nerviosa tanta oscuridad así que me acerqué a la ventana y abrí la persiana. Harriet no dejaba de repetir “yo lo sabía” en plan niña maldita pero cuando la luz iluminó la habitación se ocultó debajo de la sabana gritándome que cerrara.
“ni que fuera un vampiro” pensé yo fiel seguidora de Drácula. Dejé que la persiana no se cerrara del todo para tener, por lo menos, algo de luz. Al menos ahora ni gritaba ni lloraba.
-¿Dónde está Harriet?
-En el futuro, allí está bien. Tranquila Laia, jamás te haría daño.
-Me gusta Jonathan ¿Qué le has hecho?
-Déjame empezar por el principio.
-¡NO!- ambas nos sorprendimos de mi ímpetu y mi fuerza-¡estoy harta de que todos empecéis “por el principio”, decidme lo que me interesa, lo que tengo que saber!
-Pero Laia… esto es importante.
Caí rendida en la mecedora que estaba junto a su cama y esperé a que empezara. No tardó pero esperó a que estuviera cómoda en la silla.
-Jonathan… llevaba 14 meses en coma, no iba a despertar, yo ya no sabía qué hacer y estaba perjudicando a Elisabeth.
-¿cómo quedó en coma?
-No lo sé… nunca he llegado a saberlo. Un día simplemente no se despertó. Y así quedó más de un año. Elisabeth… creo que lloraba pero yo… yo me pasaba día y noche con él, no sabía cómo hacerlo volver… no vivía. Entonces… El padre de Jonathan apareció en escena.
-¿El doctor Stewart? – no sé porqué seguía llamándolo así… seria la costumbre.
-Sí, resulta que tiene una empresa misteriosa que trabaja con enfermos y les ofrece una cura. A todos. Lo malo es… que no le vale el dinero para pagarle… quiere… mucho más y con Jonathan solo le valía una cosa.
Dejó de hablar como pensando en algún recuerdo lejano… y no volvía a hablar.
-Mmm… Harriet… ¿Qué quería?
-¡Ah!- volvió en sí de un salto y me miró- ¿te he dicho ya quien es Jonathan?
-¿Nyklos?
-No, no… me refiero a qué se supone que hace contigo
-Ah! Anoche… para guiarme o no sé qué
-Sí, pero es mucho más que eso Laia, es como tú “escudo humano”. Estáis conectados.
-Ya, ya… lo que sea… pero ¿qué quería el Doc?
-Ahí voy Laia, me dijo que… ¿cómo explicarlo? –Hablaba cada vez más rápido- digamos que controla el chip que le metió. Cuando vea que confías en él lo suficiente lo puede activar para que te mate y después de matarte a ti… ¿sabes cómo va la cosa? Es que si los mata Jonathan el no es sospechoso ni culpable de nada. Nunca le interesó Jonathan hasta que supo que era la antítesis de Daniel… y yo le dejé, me dabas igual tú, el mundo, tu destino, todo. Yo solo quería a mi bebe.
-¿No se lo puedes quitar?
-no sin matarlo o, con suerte, que quede en coma otra vez. Creo que nadie, ni siquiera él pueden desactivarlo… Sin embargo…
Dejó de hablar y se puso a buscar en la habitación. Como si hubiera estado allí antes pero nada estuviera en su lugar.
-¡Tiene que haber algo! No quiero que mates a Jonathan y no puedo evitar confiar en él, es lo único que me queda… es lo único que quiero
Iba bajando la voz por momentos y creo que no escuchó el final… Harriet se giró de golpe con algo en la mano, la puerta se abrió de golpe y por ella apareció Jonathan.
-¡Jonathan!-corrí hacia él para hacer que se marchara.
-Deja que me mate-no me miraba a mí, miraba a Harriet- si voy a hacerte daño, si voy a matarte… ¡Mátame!
-Jonathan…-La voz de Harriet sonó como si no hubiera visto a Jonathan en años. De repente se desvaneció, cayó al suelo y se desmayó. Ambos corrimos hacia ella pero no había nada más que hacer. Harriet abrió los ojos y dijo:
-¡Chicos! ¿Qué ha pasado?
Topicazo de película. Desde luego mi vida parecía una película de terror desde que me desperté en ese hospital y ahora no mejoraba.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
domingo, 12 de septiembre de 2010
capitulo 17
Abrí los ojos y me descubrí, otra vez, demasiado pequeña, estaba llorando desconsoladamente con la cabeza hundida en la almohada. Mi madre, sé que era ella, me acariciaba la espalda.
-Tranquila Laia, hija, ya volverá a visitarte, no se ha muerto, se ha ido con su padre a Londres.
-Pero-mi voz aún sonaba a niña ¿cuántos años tenía? 12 años ¿Cómo olvidar esa fecha?- ¿Por qué se ha ido sin despedirse? Sin decirme adiós… nada. Con todo lo que pasamos juntos…
-Igual no le gustan las despedidas cariño, igual sabe algo que nosotras no y quiere evitarlo.
-¿Algo como qué mamá? Encima la última vez que nos vimos nos peleamos y casi me pega ¿Por qué? ¿Qué le he hecho?
-Tranquila Laia, volveréis a veros, te lo prometo.
Esta vez me desperté. Era increíble como las dos veces que dormí en esa casa me asaltaron una serie de recuerdos muy oportunos.
En el Londres actual brillaba el sol, como si el día anterior no hubiera existido, y yo seguía acurrucada en Jonathan. Su olor me hacía sentir segura, pero aun así, estaba intranquila. Le miré detenidamente. Tenía ambos ojos morados y una mejilla cicatrizando. Levanté la mano y le pase el dedo por la cara, no le dolió pero despertó.
-¿Qué haces Laia?
-Es que… te ha hecho daño
-no pasa nada, estoy bien
-No me mientas Jonathan, yo no lo haría.
Me sostuvo la mirada como si estuviera analizando cada letra de lo que le había dicho, quería discutírmelo y no encontraba la manera de hacerlo.
-¿quieres desayunar?- bonita forma de cambiar de tema
- Por favor
Se levantó y me dejó en la inmensidad de la cama, entonces me di cuenta de que se había cambiado de ropa entre la pelea y cuando vino conmigo.
-Jonathan, quítate la camiseta.
-¡Laia!-Se sorprendió, pero lo divertía-vas muy rápido, no sé si me convienes…
-Jonathan, no estoy de broma, quítatela
-no
-Jonathan
-no
-Por favor…
-¿Te acuerdas cuando te dije que todos tenemos cosas que merecían no se contadas? He aquí una de ellas. Así que no. Vamos a desayunar.
Me levanté y le seguí. Ninguno de los dos dijo nada, en el aburrimiento del trayecto comencé a recordar los sueños que había tenido, sé que eran recuerdos, ahora los recordaba, recuerdos a los que en su momento no les había dado importancia, Freud se lo pasaría de lo lindo conmigo. Ahora me daba cuenta de que si mi madre sabia todo esto desde que era pequeña ¿Por qué no lo iba a saber Dani? En realidad se fue por eso, ahora no entendía por qué decía que su padre había elegido a Jonathan cuando estaban aquí por él.
-Es que no se acuerda.
-Hombre, por fin hablas
-¿Qué dices Laia?-Entonces me di cuenta de que no se dirigía a mí. Ya estábamos en la cocina y Jonathan hablaba con Elisabeth, el comentario quedó muy oportuno pero no iba por Dani.
-Mmm… no… nada… lo siento…
Me sumergí en el vaso de leche que tenía delante. Volví a sentirme como cuando conocí a Jonathan: Idiota.
Intenté entender de qué hablaban pero no entendía nada. Creo que había cosas que omitían verbalmente y se las decía de manera que yo no supiera de qué iba. En el fondo me hizo sentir bien, querían que me sintiera parte del paisaje y hablaban en voz alta para que no me sintiera mal.
-¿Sabéis?-ambos me miraron y me avergoncé, mire la leche otra vez- Dicen que cuando vives mucho con alguien llega un día que no hace falta hablar para comunicarse…
-Pues a ver si lo pones en práctica, nos ahorrarías mucha saliva- Elisabeth tenía esa característica que pocos tienen de decirte Idiota con todas las letras y que tú no sepas que te ha insultado.
-Igual… A Jonathan no le gusta…-dije recordando la primera vez que me confesó que me leía la mente- dice que suena feo y que prefiere que haga el ridículo.
Jonathan escupió la leche de la carcajada, lo que provocó las risas, tanto mías como de Elisabeth. Creo que estuvimos así diez minutos. Estábamos de foto, todos riendo a carcajadas, esos ataques de risa que no hay quien pare.
Una vez acabaron las risas Jonathan limpió lo que había hecho. Entonces, como si una luz iluminara mi cerebro me di cuenta de que faltaba alguien.
-¿Y Harriet?-Noté la mirada de complicidad de dos milésimas de segundo entre ellos.
-Harriet está…- Jonathan dejó la frase en el aire, se lo pensó demasiado, me iba a mentir- está un poco confundida.
-Jonathan ¿Qué le pasa?- Le lancé una mirada que decía claramente “Dímelo o lo averiguaré por encima de tu cadáver”
-Es que…
-Tiene un lapsus temporal, ahora cree que viene del futuro y dice que Jonathan no es Jonathan, no se acuerda de quién es el verdadero pero dice que no es el.
-No quiere ni verme, dice que os voy a matar a todos- Volvía a estar decepcionado, toda la charla de anoche para nada.
-Pero… pero no tiene sentido ¿no?- había caído mágicamente en un detalle del que no me habría dado cuenta si Elisabeth no estuviera allí- Tu sabes que es tu hermano ¿no es así?
Asintió con la cabeza y miró a Jonathan
-Es que dice que es muy joven y que las he confundido a las dos- No lo entiendo Laia, yo ni siquiera quería estar aquí…
Miré a Elisabeth
-¿puedo verla?
-¡No Laia! –Jonathan saltó como si hubiera propuesto quemar la casa blanca
-¿Por qué no? Elisabeth, llévame con ella.
-Laia
Me cogió del brazo intentando pararme, me deshice de él y eché a andar, al llegar a la puerta me volví con algo que decir
-No intentes detenerme Jonathan, es una decisión tomada, tú tienes tus cosas y yo las mías y esta solo me compete a mí. Si todo está pasando por mi culpa lo solucionaré, tarde o temprano lo haré.
Me fui detrás de Elisabeth. El se quedó allí, sabía que no tenía sentido pararme y no podía acompañarme porque Harriet lo mataría.
-Tranquila Laia, hija, ya volverá a visitarte, no se ha muerto, se ha ido con su padre a Londres.
-Pero-mi voz aún sonaba a niña ¿cuántos años tenía? 12 años ¿Cómo olvidar esa fecha?- ¿Por qué se ha ido sin despedirse? Sin decirme adiós… nada. Con todo lo que pasamos juntos…
-Igual no le gustan las despedidas cariño, igual sabe algo que nosotras no y quiere evitarlo.
-¿Algo como qué mamá? Encima la última vez que nos vimos nos peleamos y casi me pega ¿Por qué? ¿Qué le he hecho?
-Tranquila Laia, volveréis a veros, te lo prometo.
Esta vez me desperté. Era increíble como las dos veces que dormí en esa casa me asaltaron una serie de recuerdos muy oportunos.
En el Londres actual brillaba el sol, como si el día anterior no hubiera existido, y yo seguía acurrucada en Jonathan. Su olor me hacía sentir segura, pero aun así, estaba intranquila. Le miré detenidamente. Tenía ambos ojos morados y una mejilla cicatrizando. Levanté la mano y le pase el dedo por la cara, no le dolió pero despertó.
-¿Qué haces Laia?
-Es que… te ha hecho daño
-no pasa nada, estoy bien
-No me mientas Jonathan, yo no lo haría.
Me sostuvo la mirada como si estuviera analizando cada letra de lo que le había dicho, quería discutírmelo y no encontraba la manera de hacerlo.
-¿quieres desayunar?- bonita forma de cambiar de tema
- Por favor
Se levantó y me dejó en la inmensidad de la cama, entonces me di cuenta de que se había cambiado de ropa entre la pelea y cuando vino conmigo.
-Jonathan, quítate la camiseta.
-¡Laia!-Se sorprendió, pero lo divertía-vas muy rápido, no sé si me convienes…
-Jonathan, no estoy de broma, quítatela
-no
-Jonathan
-no
-Por favor…
-¿Te acuerdas cuando te dije que todos tenemos cosas que merecían no se contadas? He aquí una de ellas. Así que no. Vamos a desayunar.
Me levanté y le seguí. Ninguno de los dos dijo nada, en el aburrimiento del trayecto comencé a recordar los sueños que había tenido, sé que eran recuerdos, ahora los recordaba, recuerdos a los que en su momento no les había dado importancia, Freud se lo pasaría de lo lindo conmigo. Ahora me daba cuenta de que si mi madre sabia todo esto desde que era pequeña ¿Por qué no lo iba a saber Dani? En realidad se fue por eso, ahora no entendía por qué decía que su padre había elegido a Jonathan cuando estaban aquí por él.
-Es que no se acuerda.
-Hombre, por fin hablas
-¿Qué dices Laia?-Entonces me di cuenta de que no se dirigía a mí. Ya estábamos en la cocina y Jonathan hablaba con Elisabeth, el comentario quedó muy oportuno pero no iba por Dani.
-Mmm… no… nada… lo siento…
Me sumergí en el vaso de leche que tenía delante. Volví a sentirme como cuando conocí a Jonathan: Idiota.
Intenté entender de qué hablaban pero no entendía nada. Creo que había cosas que omitían verbalmente y se las decía de manera que yo no supiera de qué iba. En el fondo me hizo sentir bien, querían que me sintiera parte del paisaje y hablaban en voz alta para que no me sintiera mal.
-¿Sabéis?-ambos me miraron y me avergoncé, mire la leche otra vez- Dicen que cuando vives mucho con alguien llega un día que no hace falta hablar para comunicarse…
-Pues a ver si lo pones en práctica, nos ahorrarías mucha saliva- Elisabeth tenía esa característica que pocos tienen de decirte Idiota con todas las letras y que tú no sepas que te ha insultado.
-Igual… A Jonathan no le gusta…-dije recordando la primera vez que me confesó que me leía la mente- dice que suena feo y que prefiere que haga el ridículo.
Jonathan escupió la leche de la carcajada, lo que provocó las risas, tanto mías como de Elisabeth. Creo que estuvimos así diez minutos. Estábamos de foto, todos riendo a carcajadas, esos ataques de risa que no hay quien pare.
Una vez acabaron las risas Jonathan limpió lo que había hecho. Entonces, como si una luz iluminara mi cerebro me di cuenta de que faltaba alguien.
-¿Y Harriet?-Noté la mirada de complicidad de dos milésimas de segundo entre ellos.
-Harriet está…- Jonathan dejó la frase en el aire, se lo pensó demasiado, me iba a mentir- está un poco confundida.
-Jonathan ¿Qué le pasa?- Le lancé una mirada que decía claramente “Dímelo o lo averiguaré por encima de tu cadáver”
-Es que…
-Tiene un lapsus temporal, ahora cree que viene del futuro y dice que Jonathan no es Jonathan, no se acuerda de quién es el verdadero pero dice que no es el.
-No quiere ni verme, dice que os voy a matar a todos- Volvía a estar decepcionado, toda la charla de anoche para nada.
-Pero… pero no tiene sentido ¿no?- había caído mágicamente en un detalle del que no me habría dado cuenta si Elisabeth no estuviera allí- Tu sabes que es tu hermano ¿no es así?
Asintió con la cabeza y miró a Jonathan
-Es que dice que es muy joven y que las he confundido a las dos- No lo entiendo Laia, yo ni siquiera quería estar aquí…
Miré a Elisabeth
-¿puedo verla?
-¡No Laia! –Jonathan saltó como si hubiera propuesto quemar la casa blanca
-¿Por qué no? Elisabeth, llévame con ella.
-Laia
Me cogió del brazo intentando pararme, me deshice de él y eché a andar, al llegar a la puerta me volví con algo que decir
-No intentes detenerme Jonathan, es una decisión tomada, tú tienes tus cosas y yo las mías y esta solo me compete a mí. Si todo está pasando por mi culpa lo solucionaré, tarde o temprano lo haré.
Me fui detrás de Elisabeth. El se quedó allí, sabía que no tenía sentido pararme y no podía acompañarme porque Harriet lo mataría.
viernes, 3 de septiembre de 2010
capitulo 16
-¡Daniel, ¿qué haces?!
Jonathan bajaba corriendo las escaleras, supongo que leyó mis pensamientos. Se interpuso entre Dani y yo, cogió a Dani de los hombros para evitar que se acercara a mí.
-Vamos hombre, soy telépata no Superman, no tengo súper fuerza. Sólo sé lo que piensas y no me está gustando.
Dani levantó una mano y mandó a Jonathan por los aires. Por algina razón decidió cargarse a Jonathan antes que a mí. Yo quería gritar, sabía que sería en vano, pero se descarga mucha tensión haciéndolo. Además, no poder moverme me ponía muy nerviosa, no podía ver que estaba pasando a mis espaldas, pero Jonathan gritaba cosas para hacerle entrar en razón, pero estaba claro que era inútil, oía cada golpe que Dani le daba a Jonathan y me dolía lo mismo que podía dolerle a él.
-Daniel, déjalo- su voz sonaba muy tranquila para la gravedad de la situación, era obvio que Elisabeth también tenía poderes por que Dani paró en ese instante. Ella se acercó a mi- Tranquila Laia- Me tocó y caí al suelo como cuando sueltan los hilos de una marioneta- ¿Jonathan? Jonathan, ¿estás bien? Lo siento, tendría que haber llegado antes- La voz de la niña hizo que me encogiera el corazón, estaba llorando. Yo aun no me había dado la vuelta para verlo pero ahora tenía menos ganas, no quería ver si a Jonathan le había pasado algo por mi culpa, prefería verlo muerto que verlo…
-Tranquilas chicas, estoy bien- Sonaba muy débil pero estaba vivo.
Dani seguía de pie al lado de Jonathan. Seguía con los ojos rojos pero no hacía nada. Tampoco estoy segura de si respiraba.
-¿qué… le pasa?
-No se pondrá bien hasta que te vayas Lai
-¿irme? Pero…
-Vete a tu habitación, cierra con pestillo y no salgas hasta que yo te diga.
-Pero… No puedo dejaros solos aquí, no… Viene a por mí ¡No puedo dejaros solos ante el peligro!
-Laia, como veras, tengo la situación controlada, así que vete- Los ojos azules de la niña se volvieron más claros aún. Creo que me estaba manipulando porque me levanté y me fui. Llegué a mi habitación y cerré el pestillo sin darme cuenta de lo que hacía.
No sé cuánto tiempo pasé allí, a pesar de que habían traído todas mis cosas olvidaron sutilmente traer el despertador… Por mi estrado de nerviosismo no puedo juzgar correctamente el paso del tiempo, pero pareció una eternidad.
Llamaron a la puerta pero algo en mi interior me dijo que no abriera y después se confirmó en el exterior.
-Laia, no abras. Soy Dani, quería pedirte perdón, aunque sé que no es suficiente. Supongo que no puedo estar mucho tiempo junto a ti porque… paso a la fase “Asesinarte”. No quiero, no la controlo… Odio ser el malo de la película y más si eras tú a quien tengo que matar. Y todo por una estúpida profecía. Lo siento Laia, de verdad, no volveré a verte… y no vengas tu hasta que no estés segura de poder matarme.
-Dani…
Sabía que se había ido, no entendía nada ¿Por qué había vuelto a Dani un psicópata asesinaLaias? ¿De qué profecía hablaba? No, no entendía nada. Al rato vinieron Jonathan y Elisabeth.
-¿Y vuestra madre?
-Está durmiendo, estará bien- Jonathan me cogió y me sentó en la cama y se sentó a mi lado, abrazándome- Laia, yo… tendría que haberlo sabido antes pero la mente de Daniel es un sitio al que no quiero entrar.
-¿y ahora qué? ¿Cuál es esa profecía?
-¿Qué profecía?- Habló Elisabeth con gran curiosidad en la voz.
-No lo sé, Dani dijo algo de la profecía
Jonathan y ella se miraron, estoy casi segura de que hablaban entre ellos mentalmente para que yo no me enterara.
-Tengo derecho a participar de la conversación
Jonathan me miró curioso, pero sabía a que me refería
-¿Para qué fuiste a ver a Harriet?
-No estoy segura, creo que me enfadé antes de que dijera nada.
-¿puedo… verlo?
-Haz lo que quieras, siempre estás en mi cabeza de todas formas.
Cerró los ojos y al rato los abrió sonriendo. No entendía a que venía esa sonrisa cuando yo acabe tan cabreada.
-Es que tiene razón Laia- me desconcertó- estoy aquí por ti. Pero no es por ninguna profecía.
-Si queréis me voy, pero me gustaría saber que está pasando.
De repente me di cuenta de a qué se refería Jonathan, me quemaban las orejas y notaba que me estaba poniendo roja y, en mi blanco natural, se notaba mil veces más que en el supermoreno de Jonathan
-Vete a dormir Elisabeth, no vamos a solucionar nada con Harriet durmiendo y sin Daniel. Mañana lo veremos.
- Vale, buenas noches.
Nos quedamos solos Jonathan y yo. No quería que se fuera pero no se lo iba a decir, aunque mi boca no parecía pertenecerme. Hacia odiosos esfuerzos por mantenerla cerrada y cuando Jonathan llegó a la puerta, simplemente…
-¿Puedes quedarte conmigo?
-Claro Lai, solo tenias que pedirlo.
Una sonrisa iluminó su cara y se acostó a mi lado. En esa cama podría haber dormido también Elisabeth y seguiría sobrando espacio, pero me acurruque a su lado y me dormí en su olor.
Jonathan bajaba corriendo las escaleras, supongo que leyó mis pensamientos. Se interpuso entre Dani y yo, cogió a Dani de los hombros para evitar que se acercara a mí.
-Vamos hombre, soy telépata no Superman, no tengo súper fuerza. Sólo sé lo que piensas y no me está gustando.
Dani levantó una mano y mandó a Jonathan por los aires. Por algina razón decidió cargarse a Jonathan antes que a mí. Yo quería gritar, sabía que sería en vano, pero se descarga mucha tensión haciéndolo. Además, no poder moverme me ponía muy nerviosa, no podía ver que estaba pasando a mis espaldas, pero Jonathan gritaba cosas para hacerle entrar en razón, pero estaba claro que era inútil, oía cada golpe que Dani le daba a Jonathan y me dolía lo mismo que podía dolerle a él.
-Daniel, déjalo- su voz sonaba muy tranquila para la gravedad de la situación, era obvio que Elisabeth también tenía poderes por que Dani paró en ese instante. Ella se acercó a mi- Tranquila Laia- Me tocó y caí al suelo como cuando sueltan los hilos de una marioneta- ¿Jonathan? Jonathan, ¿estás bien? Lo siento, tendría que haber llegado antes- La voz de la niña hizo que me encogiera el corazón, estaba llorando. Yo aun no me había dado la vuelta para verlo pero ahora tenía menos ganas, no quería ver si a Jonathan le había pasado algo por mi culpa, prefería verlo muerto que verlo…
-Tranquilas chicas, estoy bien- Sonaba muy débil pero estaba vivo.
Dani seguía de pie al lado de Jonathan. Seguía con los ojos rojos pero no hacía nada. Tampoco estoy segura de si respiraba.
-¿qué… le pasa?
-No se pondrá bien hasta que te vayas Lai
-¿irme? Pero…
-Vete a tu habitación, cierra con pestillo y no salgas hasta que yo te diga.
-Pero… No puedo dejaros solos aquí, no… Viene a por mí ¡No puedo dejaros solos ante el peligro!
-Laia, como veras, tengo la situación controlada, así que vete- Los ojos azules de la niña se volvieron más claros aún. Creo que me estaba manipulando porque me levanté y me fui. Llegué a mi habitación y cerré el pestillo sin darme cuenta de lo que hacía.
No sé cuánto tiempo pasé allí, a pesar de que habían traído todas mis cosas olvidaron sutilmente traer el despertador… Por mi estrado de nerviosismo no puedo juzgar correctamente el paso del tiempo, pero pareció una eternidad.
Llamaron a la puerta pero algo en mi interior me dijo que no abriera y después se confirmó en el exterior.
-Laia, no abras. Soy Dani, quería pedirte perdón, aunque sé que no es suficiente. Supongo que no puedo estar mucho tiempo junto a ti porque… paso a la fase “Asesinarte”. No quiero, no la controlo… Odio ser el malo de la película y más si eras tú a quien tengo que matar. Y todo por una estúpida profecía. Lo siento Laia, de verdad, no volveré a verte… y no vengas tu hasta que no estés segura de poder matarme.
-Dani…
Sabía que se había ido, no entendía nada ¿Por qué había vuelto a Dani un psicópata asesinaLaias? ¿De qué profecía hablaba? No, no entendía nada. Al rato vinieron Jonathan y Elisabeth.
-¿Y vuestra madre?
-Está durmiendo, estará bien- Jonathan me cogió y me sentó en la cama y se sentó a mi lado, abrazándome- Laia, yo… tendría que haberlo sabido antes pero la mente de Daniel es un sitio al que no quiero entrar.
-¿y ahora qué? ¿Cuál es esa profecía?
-¿Qué profecía?- Habló Elisabeth con gran curiosidad en la voz.
-No lo sé, Dani dijo algo de la profecía
Jonathan y ella se miraron, estoy casi segura de que hablaban entre ellos mentalmente para que yo no me enterara.
-Tengo derecho a participar de la conversación
Jonathan me miró curioso, pero sabía a que me refería
-¿Para qué fuiste a ver a Harriet?
-No estoy segura, creo que me enfadé antes de que dijera nada.
-¿puedo… verlo?
-Haz lo que quieras, siempre estás en mi cabeza de todas formas.
Cerró los ojos y al rato los abrió sonriendo. No entendía a que venía esa sonrisa cuando yo acabe tan cabreada.
-Es que tiene razón Laia- me desconcertó- estoy aquí por ti. Pero no es por ninguna profecía.
-Si queréis me voy, pero me gustaría saber que está pasando.
De repente me di cuenta de a qué se refería Jonathan, me quemaban las orejas y notaba que me estaba poniendo roja y, en mi blanco natural, se notaba mil veces más que en el supermoreno de Jonathan
-Vete a dormir Elisabeth, no vamos a solucionar nada con Harriet durmiendo y sin Daniel. Mañana lo veremos.
- Vale, buenas noches.
Nos quedamos solos Jonathan y yo. No quería que se fuera pero no se lo iba a decir, aunque mi boca no parecía pertenecerme. Hacia odiosos esfuerzos por mantenerla cerrada y cuando Jonathan llegó a la puerta, simplemente…
-¿Puedes quedarte conmigo?
-Claro Lai, solo tenias que pedirlo.
Una sonrisa iluminó su cara y se acostó a mi lado. En esa cama podría haber dormido también Elisabeth y seguiría sobrando espacio, pero me acurruque a su lado y me dormí en su olor.
jueves, 2 de septiembre de 2010
ESTO NO ES PARTE DE LA HISTORIA! pero me divertia subirlo
Miss Damn era una chica normal, no se diferenciaba mucho de tí y de mí. No superaba los 19, su vida tenia bajones pero seguía adelante. Nadie sabía el nombre de Miss Damn. Habia rumores, claro, y otros muchos aseguraban que Miss era su nombre.
Lo que diferenciaba a Miss Damn de todos nosotros era el misterio que habia a su alrededor. Miss Damn hablaba de ella misma en tercera persona. Nadie a conocia suficiente como para decir algo sobre ella. Nadie sabia lo que hacia Miss Damn en su tiempo libre y los vecinos aseguraban por las noches, pero ¿Vivia sola? ¿y sus padres?
Lo que nadie sabía, ni sabrá nunca, es que Miss Damn no era solo una chica, Miss Damn era una asesina. Todos los que habian conseguido acercarse a ella lo suficiente son incampaces de contar nada, pues ya han caido en su trampa. No intentes conocer a Miss Damn porque te matará. Y esta noche...
Miss Damn está fuera de control. ¿A quién matará hoy? En una noche oscura sin estrellas como esta cualquiera es condidato... incluso
TÚ!
Lo que diferenciaba a Miss Damn de todos nosotros era el misterio que habia a su alrededor. Miss Damn hablaba de ella misma en tercera persona. Nadie a conocia suficiente como para decir algo sobre ella. Nadie sabia lo que hacia Miss Damn en su tiempo libre y los vecinos aseguraban por las noches, pero ¿Vivia sola? ¿y sus padres?
Lo que nadie sabía, ni sabrá nunca, es que Miss Damn no era solo una chica, Miss Damn era una asesina. Todos los que habian conseguido acercarse a ella lo suficiente son incampaces de contar nada, pues ya han caido en su trampa. No intentes conocer a Miss Damn porque te matará. Y esta noche...
Miss Damn está fuera de control. ¿A quién matará hoy? En una noche oscura sin estrellas como esta cualquiera es condidato... incluso
TÚ!
lunes, 30 de agosto de 2010
capitulo 15
Para Yaiza... mi lectora secreta ^^
“Jonathan, no te pongas así, tranquilízate. Ya no puede hacer mucho ¿no? Sabes que solo te escucharé a ti”
Este pensamiento pasó por mi cabeza al menos 300 veces, no quería que Jonathan fuera el que saliera perdiendo. Estaba en su casa, tenía derecho a algo de paz.
No sé si me escuchó o no, pero pareció tranquilizarse, se tiró a la piscina y buceó un rato (demasiado largo para unos pulmones normales) mientras Dani se acercó y se sentó a mi lado.
-Al final te has ido
-¿te sorprende?
-¡Me hablas!
-¿te sorprende?-en realidad no quería hablarle, pero antes o después tendría que hacerlo.
-No y Si, no al primer “te sorprende” y si al segundo. Pero jamás pensé que acabarías aquí. En una casa llena de gente que no conoces.
-Conozco a Jonathan
-no lo conoces- iba a decir algo mas pero lo callaron
-Mira, si vienes a meter baza ya te estás pirando-La cara de Jonathan, y su tono, eran tranquilos, pero yo sabía que por dentro estaba hirviendo de rabia- He arreglado con John y me deja que Laia esté aquí.
Supongo que a partir de eso la conversación continuó como si yo no estuviera, porque el tema ya no era yo.
-¿Porque te eligió a ti?-había tanto odio como tristeza en esa pregunta- ¿que vio en ti?
-no dramatices- Jonathan tenía ese poder de ocultar emociones que hacia indescifrables sus sentimientos- no fui yo a quien eligió primero
-no soy yo el bastardo
Con esta frase terminó la conversación, pues aparecieron Harriet y Elisabeth con las hamburguesas y nos llamaron a cenar. Hubo mucha tensión en la mesa, Harriet explicó que llamó a Dani porque quería hacerme una “bienvenida”, pero nadie se atrevió a decirle lo inoportuna que era su visita.
Después de la cena, Dani se fue, Elisabeth y Harriet se fueron a sus respectivas habitaciones y Jonathan me acompañó a mi habitación.
-Laia, no quiero que vayas a ver a mi madre
-Tengo que ir, al fin y al cabo, es su casa
-Estas aquí por mí, no por ella. Soy yo el que… nada, da igual.
-No me dejes a medias, Jonathan, sabes que no me gusta.
-Lo siento Laia, pero no te lo puedo contar, me voy Lai, no vayas porfa, no sé qué te contará.
-siempre tendrás la última palabra y lo sabes.
Se fue con una sonrisa en la cara, supongo que sabía que era verdad, me levanté, no sabía porqué pero aun no tenía que ir a ver a Harriet.
Perdí el tiempo en la ventana, Londres tenía su punto (aunque volvía a llover), la lluvia mojaba la ventana, dejando una imagen perfecta del recorrido de las gotas.
Me dormí en la ventana, me desperté mucho mas tarde y me dirigí al despacho de Harriet. Estaba esperándome y con ella estaba Dani, otra vez.
-Laia, pasa cielo- Harriet sonaba rendida, como si estuviera haciendo algo que le habían obligado a hacer.
-¿Qué haces aquí?- se lo pregunté directamente a él.
-Necesitaba estar aquí.
-Laia, escúchame… mi hijo… digamos que… depende de ti.
-No te entiendo.
-Te ha dicho lo que se espera de ti, bueno, pues el padre de Dani y de Nyklos está casi seguro de que él se despertó solo para acompañarte, para guiarte, quiero pensar que no es así, que tiene vida propia pero, llevaba meses en coma hasta que lo pusimos contigo. Esa confianza que tenéis… me lleva a pensar que es verdad.
-Esa confianza…- No sé porque pero me tocó la fibra sensible- se llama amistad. No puedo creer que llevara meses en coma y que solo os preocupe yo. Es tu hijo joder, -empecé a subir la voz- y tú… quieras, que no, es tu hermano. ¡No entiendo nada! ¿Qué problema tienes?
-Laia, no te confundas, a mi no me importas nada, yo solo quiero que mi hijo esté bien y si tiene que estar a tu lado para eso solo te pido que no te vayas, porque te necesita.
-Bueno… a mi si me importas más tu Laia- Tanto Harriet como yo miramos a Dani- pero se ve que el destino no quiere que nos llevemos bien.
-¿por qué no? Antes éramos… uña y carne, inseparables, y ahora…
-No depende de mí Laia.
-Bueno ¿podemos concentrarnos?- Harriet ya no era tan simpática y dulce, estaba nerviosa.
De repente los ojos de Dani se pusieron rojos, le pegó a Harriet y la dejó inconsciente en el suelo.
-¡DANI!
Me levanté corriendo e intenté esconderme, el dijo algo que no entendí y me dejó paralizada, iba a matarme, estaba segura. Quería correr, quería gritar y solo podía pensar que se acercaba el momento antes tan deseado y ahora tan temido. “no quiero morir” ¿Qué iba a hacer? “no quiero morir, no quiero”
“Jonathan, no te pongas así, tranquilízate. Ya no puede hacer mucho ¿no? Sabes que solo te escucharé a ti”
Este pensamiento pasó por mi cabeza al menos 300 veces, no quería que Jonathan fuera el que saliera perdiendo. Estaba en su casa, tenía derecho a algo de paz.
No sé si me escuchó o no, pero pareció tranquilizarse, se tiró a la piscina y buceó un rato (demasiado largo para unos pulmones normales) mientras Dani se acercó y se sentó a mi lado.
-Al final te has ido
-¿te sorprende?
-¡Me hablas!
-¿te sorprende?-en realidad no quería hablarle, pero antes o después tendría que hacerlo.
-No y Si, no al primer “te sorprende” y si al segundo. Pero jamás pensé que acabarías aquí. En una casa llena de gente que no conoces.
-Conozco a Jonathan
-no lo conoces- iba a decir algo mas pero lo callaron
-Mira, si vienes a meter baza ya te estás pirando-La cara de Jonathan, y su tono, eran tranquilos, pero yo sabía que por dentro estaba hirviendo de rabia- He arreglado con John y me deja que Laia esté aquí.
Supongo que a partir de eso la conversación continuó como si yo no estuviera, porque el tema ya no era yo.
-¿Porque te eligió a ti?-había tanto odio como tristeza en esa pregunta- ¿que vio en ti?
-no dramatices- Jonathan tenía ese poder de ocultar emociones que hacia indescifrables sus sentimientos- no fui yo a quien eligió primero
-no soy yo el bastardo
Con esta frase terminó la conversación, pues aparecieron Harriet y Elisabeth con las hamburguesas y nos llamaron a cenar. Hubo mucha tensión en la mesa, Harriet explicó que llamó a Dani porque quería hacerme una “bienvenida”, pero nadie se atrevió a decirle lo inoportuna que era su visita.
Después de la cena, Dani se fue, Elisabeth y Harriet se fueron a sus respectivas habitaciones y Jonathan me acompañó a mi habitación.
-Laia, no quiero que vayas a ver a mi madre
-Tengo que ir, al fin y al cabo, es su casa
-Estas aquí por mí, no por ella. Soy yo el que… nada, da igual.
-No me dejes a medias, Jonathan, sabes que no me gusta.
-Lo siento Laia, pero no te lo puedo contar, me voy Lai, no vayas porfa, no sé qué te contará.
-siempre tendrás la última palabra y lo sabes.
Se fue con una sonrisa en la cara, supongo que sabía que era verdad, me levanté, no sabía porqué pero aun no tenía que ir a ver a Harriet.
Perdí el tiempo en la ventana, Londres tenía su punto (aunque volvía a llover), la lluvia mojaba la ventana, dejando una imagen perfecta del recorrido de las gotas.
Me dormí en la ventana, me desperté mucho mas tarde y me dirigí al despacho de Harriet. Estaba esperándome y con ella estaba Dani, otra vez.
-Laia, pasa cielo- Harriet sonaba rendida, como si estuviera haciendo algo que le habían obligado a hacer.
-¿Qué haces aquí?- se lo pregunté directamente a él.
-Necesitaba estar aquí.
-Laia, escúchame… mi hijo… digamos que… depende de ti.
-No te entiendo.
-Te ha dicho lo que se espera de ti, bueno, pues el padre de Dani y de Nyklos está casi seguro de que él se despertó solo para acompañarte, para guiarte, quiero pensar que no es así, que tiene vida propia pero, llevaba meses en coma hasta que lo pusimos contigo. Esa confianza que tenéis… me lleva a pensar que es verdad.
-Esa confianza…- No sé porque pero me tocó la fibra sensible- se llama amistad. No puedo creer que llevara meses en coma y que solo os preocupe yo. Es tu hijo joder, -empecé a subir la voz- y tú… quieras, que no, es tu hermano. ¡No entiendo nada! ¿Qué problema tienes?
-Laia, no te confundas, a mi no me importas nada, yo solo quiero que mi hijo esté bien y si tiene que estar a tu lado para eso solo te pido que no te vayas, porque te necesita.
-Bueno… a mi si me importas más tu Laia- Tanto Harriet como yo miramos a Dani- pero se ve que el destino no quiere que nos llevemos bien.
-¿por qué no? Antes éramos… uña y carne, inseparables, y ahora…
-No depende de mí Laia.
-Bueno ¿podemos concentrarnos?- Harriet ya no era tan simpática y dulce, estaba nerviosa.
De repente los ojos de Dani se pusieron rojos, le pegó a Harriet y la dejó inconsciente en el suelo.
-¡DANI!
Me levanté corriendo e intenté esconderme, el dijo algo que no entendí y me dejó paralizada, iba a matarme, estaba segura. Quería correr, quería gritar y solo podía pensar que se acercaba el momento antes tan deseado y ahora tan temido. “no quiero morir” ¿Qué iba a hacer? “no quiero morir, no quiero”
sábado, 28 de agosto de 2010
capitulo 14
Salí de la habitación en busca de Jonathan. Tardé casi media hora en encontrarlo, aunque igual se me hizo largo por aburrimiento. Media hora para que terminara encontrándome él.
-¡Laia! Vamos al jardín.
Sonaba mas a una orden que a una sugerencia, pero le seguí, aunque, como no, haciendo preguntas al respecto.
-¿Por qué vamos al jardín?
-Porque me gusta, además, no lo has visto aún.
-¿Cómo que no?
-no
-¿no es “el jardín” lo de la entrada?
-No-se rió, no estoy segura de porque-eso solo es la entrada. El jardín está detrás.
Al llegar me pregunté si en algún momento dejaría de sorprenderme esa casa. Supongo que si hubiera hecho sol habría pensado que estaba en California, en alguna de esas supermansiones de la gente famosa. Jardín, piscina, barbacoa y…
-¿Eso de ahí es un jacuzzi?
-En efecto
Jonathan se estaba divirtiendo de lo lindo. Era más que obvio que eso era un jacuzzi pero, aun así, necesitaba preguntarlo en voz alta.
-Oye cielo-detrás de nosotros salió Harriet-¿Por qué no cenamos fuera? No es California pero el día no está mal- al decir esto último me dejó pensando hasta que se fue, por lo tanto no tengo ni idea de lo que dijeron.
Mientras yo seguía en trance Jonathan se fue a la piscina. Le seguí, nos sentamos con los pies dentro de la piscina. Aún tenía la duda en la cabeza así que la formulé.
-Jonathan, tu madre… ¿También puede leer la mente?
-¿ha dicho algo que hayas pensado?
-Más o menos
-¿Lo dices por lo de California?
-¿Cómo lo sabes?
-Bueno… porque yo sí puedo hacerlo. No lo sé Laia, aunque sea mi madre, en el fondo, esa mujer sigue siendo un misterio para mí.
-Comprendo…
El silencio inundó la escena. Solo se oían ruidos en el interior de la casa. Ahora se acercaban unos pasos, demasiado ligeros, casi pequeños.
-Hola chicos-me encantaba su voz, tenía un sonido especial-Esto… Jonathan… Mamá dice que si puedes sacar las cosas para comer en fuera. Están bajo la escalera.
-Claro, ya voy- La niña se fue. Parecía tan frágil y tan fuerte a la vez-Lai, quédate aquí.
-Jonathan… ¿puedo acompañarte?
-¿para qué Lai?
-Es que, digamos que aún no se llegar a mi habitación, aunque me quede poco tiempo tengo que aprender a llegar a ciertos lugares de la casa. Si te acompaño, al menos, sabré llegar a algún lugar.
Se quedó pensando, y cuando ya pensaba que se iría sin mí dijo:
-Vale ven- pude ver la resignación en su cara-igual siempre puedes llamarme cuando te pierdas
-¿Cómo antes?
-¿Cómo crees que te encontré?
-¿me buscabas?
-Claro, fui a tu habitación y ya no estabas. Tenía que decirte donde estábamos.
Me levanté y le seguí. El camino no era difícil. Era, básicamente, seguir el pasillo. Bajo la escalera había una habitación más, del tamaño de mi habitación en Barcelona, es decir, normal. Allí tenían un “trastero” aunque allí había tesoros más que trastos.
-Saca otra silla que viene otra persona
Creo que terminé colgada del ventilador de techo cuando la oí. Jonathan se rio de mi un buen rato, hasta que se dio cuenta de lo que le pedían.
-¿Quién viene?
-Una persona, da igual, tu saca otra silla-La voz de Harriet no ocultaba muy bien que era una persona “no-bienvenida”
-¿Qué persona?-Jonathan empezaba a irritarse y eso no sucedía mucho.
-DA IGUAL NYKLOS! ¡NO TIENES QUE SABERLO TODO!
Nos dejó allí plantados. Jonathan estaba blanco, no parecía el. Y en mi cabeza aún sonaba “Nyklos, Nyklos, Nyklos”
No era un buen momento para preguntar por ello, lo sabía, Jonathan seguía en sus pensamientos. Cogí una silla más y volví a la piscina seguida por él. Lo único que no soportaba era no saber qué hacer o decir para ayudarle, el seguía a lo suyo y notaba que se deprimía cada vez mas. Yo podía ayudar a cualquiera, subirle el ánimo a quien me lo pidiera… pero a los que quiero… Eso siempre es más difícil.
-Jonathan…
-Laia, me he dejado allí la luz de los mosquitos… ¿puedes ir tu?
-claro…
Volví y por el camino me encontré con Gerald. Salía de una habitación con el letrero típico de “Llamar antes de entrar”. Cogí el mosquitero y le pregunté a Jonathan por ese lugar.
-Es el despacho de Harriet
-Jonathan… no te enfades por eso…
-No es eso Laia, es que…- Me miró. Pude ver en sus ojos verdes toda la angustia que sentía- es que no la conozco, te lo juro, con los demás aún, aún, pero ella es otro mundo para mi ¿Cómo puedo vivir así?
-Y, sin embargo, sigues aquí.
-Lo sé…-volvió la vista a la piscina, donde estábamos sentados, y jugueteó con los pies en el agua- Quiero conocerla, pero se cierra, además, Elisabeth es un cielo, con ella sí que tengo confianza…
Yo escuchaba cada palabra que decía, oía cada emoción que podía en cada palabra. Jonathan siempre había sido muy sincero, con sus sentimientos, con lo que le pasaba por la cabeza, siempre que no me hiciera daño…
-Jonathan, quédate con ella, habla con ella, dile lo que me has dicho a mí y seguro que se abre más, dale tiempo.
No pude evitarlo y le abracé. El se sorprendió más que yo y, para sorprenderme a mí, me abrazó también.
-¿Interrumpo algo?
Dani estaba en el marco de la puerta con esa actitud de chulito que no soportaba.
-¿Tú eres el invitado?- Jonathan volvió a perder el color
-Eso parece
¿ESO PARECE? Ahora sí que Jonathan no volvería a hablar a su madre, la había cagado pero que muy bien.
-¡Laia! Vamos al jardín.
Sonaba mas a una orden que a una sugerencia, pero le seguí, aunque, como no, haciendo preguntas al respecto.
-¿Por qué vamos al jardín?
-Porque me gusta, además, no lo has visto aún.
-¿Cómo que no?
-no
-¿no es “el jardín” lo de la entrada?
-No-se rió, no estoy segura de porque-eso solo es la entrada. El jardín está detrás.
Al llegar me pregunté si en algún momento dejaría de sorprenderme esa casa. Supongo que si hubiera hecho sol habría pensado que estaba en California, en alguna de esas supermansiones de la gente famosa. Jardín, piscina, barbacoa y…
-¿Eso de ahí es un jacuzzi?
-En efecto
Jonathan se estaba divirtiendo de lo lindo. Era más que obvio que eso era un jacuzzi pero, aun así, necesitaba preguntarlo en voz alta.
-Oye cielo-detrás de nosotros salió Harriet-¿Por qué no cenamos fuera? No es California pero el día no está mal- al decir esto último me dejó pensando hasta que se fue, por lo tanto no tengo ni idea de lo que dijeron.
Mientras yo seguía en trance Jonathan se fue a la piscina. Le seguí, nos sentamos con los pies dentro de la piscina. Aún tenía la duda en la cabeza así que la formulé.
-Jonathan, tu madre… ¿También puede leer la mente?
-¿ha dicho algo que hayas pensado?
-Más o menos
-¿Lo dices por lo de California?
-¿Cómo lo sabes?
-Bueno… porque yo sí puedo hacerlo. No lo sé Laia, aunque sea mi madre, en el fondo, esa mujer sigue siendo un misterio para mí.
-Comprendo…
El silencio inundó la escena. Solo se oían ruidos en el interior de la casa. Ahora se acercaban unos pasos, demasiado ligeros, casi pequeños.
-Hola chicos-me encantaba su voz, tenía un sonido especial-Esto… Jonathan… Mamá dice que si puedes sacar las cosas para comer en fuera. Están bajo la escalera.
-Claro, ya voy- La niña se fue. Parecía tan frágil y tan fuerte a la vez-Lai, quédate aquí.
-Jonathan… ¿puedo acompañarte?
-¿para qué Lai?
-Es que, digamos que aún no se llegar a mi habitación, aunque me quede poco tiempo tengo que aprender a llegar a ciertos lugares de la casa. Si te acompaño, al menos, sabré llegar a algún lugar.
Se quedó pensando, y cuando ya pensaba que se iría sin mí dijo:
-Vale ven- pude ver la resignación en su cara-igual siempre puedes llamarme cuando te pierdas
-¿Cómo antes?
-¿Cómo crees que te encontré?
-¿me buscabas?
-Claro, fui a tu habitación y ya no estabas. Tenía que decirte donde estábamos.
Me levanté y le seguí. El camino no era difícil. Era, básicamente, seguir el pasillo. Bajo la escalera había una habitación más, del tamaño de mi habitación en Barcelona, es decir, normal. Allí tenían un “trastero” aunque allí había tesoros más que trastos.
-Saca otra silla que viene otra persona
Creo que terminé colgada del ventilador de techo cuando la oí. Jonathan se rio de mi un buen rato, hasta que se dio cuenta de lo que le pedían.
-¿Quién viene?
-Una persona, da igual, tu saca otra silla-La voz de Harriet no ocultaba muy bien que era una persona “no-bienvenida”
-¿Qué persona?-Jonathan empezaba a irritarse y eso no sucedía mucho.
-DA IGUAL NYKLOS! ¡NO TIENES QUE SABERLO TODO!
Nos dejó allí plantados. Jonathan estaba blanco, no parecía el. Y en mi cabeza aún sonaba “Nyklos, Nyklos, Nyklos”
No era un buen momento para preguntar por ello, lo sabía, Jonathan seguía en sus pensamientos. Cogí una silla más y volví a la piscina seguida por él. Lo único que no soportaba era no saber qué hacer o decir para ayudarle, el seguía a lo suyo y notaba que se deprimía cada vez mas. Yo podía ayudar a cualquiera, subirle el ánimo a quien me lo pidiera… pero a los que quiero… Eso siempre es más difícil.
-Jonathan…
-Laia, me he dejado allí la luz de los mosquitos… ¿puedes ir tu?
-claro…
Volví y por el camino me encontré con Gerald. Salía de una habitación con el letrero típico de “Llamar antes de entrar”. Cogí el mosquitero y le pregunté a Jonathan por ese lugar.
-Es el despacho de Harriet
-Jonathan… no te enfades por eso…
-No es eso Laia, es que…- Me miró. Pude ver en sus ojos verdes toda la angustia que sentía- es que no la conozco, te lo juro, con los demás aún, aún, pero ella es otro mundo para mi ¿Cómo puedo vivir así?
-Y, sin embargo, sigues aquí.
-Lo sé…-volvió la vista a la piscina, donde estábamos sentados, y jugueteó con los pies en el agua- Quiero conocerla, pero se cierra, además, Elisabeth es un cielo, con ella sí que tengo confianza…
Yo escuchaba cada palabra que decía, oía cada emoción que podía en cada palabra. Jonathan siempre había sido muy sincero, con sus sentimientos, con lo que le pasaba por la cabeza, siempre que no me hiciera daño…
-Jonathan, quédate con ella, habla con ella, dile lo que me has dicho a mí y seguro que se abre más, dale tiempo.
No pude evitarlo y le abracé. El se sorprendió más que yo y, para sorprenderme a mí, me abrazó también.
-¿Interrumpo algo?
Dani estaba en el marco de la puerta con esa actitud de chulito que no soportaba.
-¿Tú eres el invitado?- Jonathan volvió a perder el color
-Eso parece
¿ESO PARECE? Ahora sí que Jonathan no volvería a hablar a su madre, la había cagado pero que muy bien.
lunes, 9 de agosto de 2010
capitulo 13
Me desperté. No sabía dónde estaba, solo había oscuridad, y ese olor tan conocido. Bajé los pies de la cama pero no tocaban el suelo. Supongo que era la primera vez que esto me asustaba.
Se abrió la puerta, la silueta que por ella asomaba me resultaba demasiado familiar, encendió la luz.
-¿Has tenido una pesadilla cariño?-su voz era tan dulce. No era posible, era científicamente improbable, igual era un sueño.
-¿Mamá?
Ahí estaba ella, guapa hasta recién levantada, se sentó a mi lado en la cama y me arropó.
-Toma Laia-me dio un vaso de leche. Cuando le puse mis manos alrededor vi unas manos demasiado pequeñas para ser mías- No puedes asustarte de las pesadillas Laia, algún día el mundo dependerá de ti. Tienes que ser valiente, valiente como todos los Wright.
Ahora sí me desperté de verdad, abrí los ojos y la luz solar iluminaba la habitación, dándole un color cálido y reconfortante. En el sofá, en la otra punta de la habitación, estaba Jonathan. Levantó la vista en cuanto me desperté y quedé sentada del susto. A su lado estaba su madre.
-¿Has tenido una pesadilla cariño?- su voz también era dulce, pero no era mi madre, no tenía el mismo efecto tranquilizador.
-No, ha sido… un sueño demasiado real.
Jonathan se levantó y se fue, lo que sorprendió más a su madre que a mí. Yo sabía que había una extraña y desconocida razón para hacerlo. Parecía como si ella no lo conociera, o lo hiciera menos que yo.
-Mmm… oye Laia, me gustaría hablar contigo sobre algo que me preocupa sobre mi hijo.
La miré expectante, había algo que me hacía pensar que no me lo diría por las buenas. No iba a malgastar saliva en vano.
-¿Podrías venir esta noche a mi oficina?
-no sé dónde está
-Lo sabrás.
Fe fue y al rato apareció Jonathan con un vaso de leche en la mano, se sentó en la cama y me lo dio.
-¿Por qué?
-no lo sé- era raro pero sabia a lo que se refería, lo que no entendía era por qué no le sacaba la respuesta a su madre.
-¿Sabes? Ella es la única persona a la que nunca he conseguido leerle la mente- yo, que estaba sumergida en mi vaso de leche, levanté la cabeza- No sé por qué.
-Es el poder de las madres, Jonathan, si supiéramos que piensan nuestras madres nos sentiríamos tristes o, muchas veces, culpables, de cualquier problema que ellas tuvieran y, como las mamás no quieren ver tristes a sus hijos, ocultan lo que realmente sienten para que nosotros seamos un poquito más felices.
El me escuchaba atentamente, como si estuviera esperando que le dijera eso desde hacía años.
-Jo Laia…-Bajó la mirada un segundo y después me miró directamente a los ojos- ¡TE HE ECHADO DE MENOS!
Mientras decía esto saltó encima de mí abrazándome y consiguiendo que lo que me quedaba de leche se me cayera encima y sobre la cama, mi recién estrenada cama.
-Uish, voy a tener que arreglar esto.-Se levantó y fue a cerrar la puerta.-Bueno Laia, sal de la cama, no puedo hacerla contigo ahí.
Me levanté de la cama y vi como Jonathan corría a deshacerla para luego hacerla otra vez.
-Pero Jonathan, tienes tropecientas personas trabajando aquí ¿Por qué haces la cama tu? ¿Y porque con tanta prisa?
-Todos tenemos cosas que merecen no ser contadas.
-no me lo dirás nunca, vale
- Porque no te cambias Laia? Creo que tienes algún pijama en el armario, esta anocheciendo ya, así que no saldremos, aunque si quieres ponerte ropa…
-Está bien Jonathan, podré apañarme, déjalo…- No pude aguantar la risa al verlo “intentando” hacer la cama- ya la hago yo, pero vete, así puedo cambiarlo.
Salió de la habitación llevándose las sabanas sucias, esperé hasta que cerró la puerta para hacer nada. Me giré, abrí el armario y me sorprendieron dos cosas. Primero, la enormidad del armario y segundo, ver allí todo mi ropa. Toda.
Me puse ropa, no quería ir en pijama, no me sentía cómoda.
Se abrió la puerta, la silueta que por ella asomaba me resultaba demasiado familiar, encendió la luz.
-¿Has tenido una pesadilla cariño?-su voz era tan dulce. No era posible, era científicamente improbable, igual era un sueño.
-¿Mamá?
Ahí estaba ella, guapa hasta recién levantada, se sentó a mi lado en la cama y me arropó.
-Toma Laia-me dio un vaso de leche. Cuando le puse mis manos alrededor vi unas manos demasiado pequeñas para ser mías- No puedes asustarte de las pesadillas Laia, algún día el mundo dependerá de ti. Tienes que ser valiente, valiente como todos los Wright.
Ahora sí me desperté de verdad, abrí los ojos y la luz solar iluminaba la habitación, dándole un color cálido y reconfortante. En el sofá, en la otra punta de la habitación, estaba Jonathan. Levantó la vista en cuanto me desperté y quedé sentada del susto. A su lado estaba su madre.
-¿Has tenido una pesadilla cariño?- su voz también era dulce, pero no era mi madre, no tenía el mismo efecto tranquilizador.
-No, ha sido… un sueño demasiado real.
Jonathan se levantó y se fue, lo que sorprendió más a su madre que a mí. Yo sabía que había una extraña y desconocida razón para hacerlo. Parecía como si ella no lo conociera, o lo hiciera menos que yo.
-Mmm… oye Laia, me gustaría hablar contigo sobre algo que me preocupa sobre mi hijo.
La miré expectante, había algo que me hacía pensar que no me lo diría por las buenas. No iba a malgastar saliva en vano.
-¿Podrías venir esta noche a mi oficina?
-no sé dónde está
-Lo sabrás.
Fe fue y al rato apareció Jonathan con un vaso de leche en la mano, se sentó en la cama y me lo dio.
-¿Por qué?
-no lo sé- era raro pero sabia a lo que se refería, lo que no entendía era por qué no le sacaba la respuesta a su madre.
-¿Sabes? Ella es la única persona a la que nunca he conseguido leerle la mente- yo, que estaba sumergida en mi vaso de leche, levanté la cabeza- No sé por qué.
-Es el poder de las madres, Jonathan, si supiéramos que piensan nuestras madres nos sentiríamos tristes o, muchas veces, culpables, de cualquier problema que ellas tuvieran y, como las mamás no quieren ver tristes a sus hijos, ocultan lo que realmente sienten para que nosotros seamos un poquito más felices.
El me escuchaba atentamente, como si estuviera esperando que le dijera eso desde hacía años.
-Jo Laia…-Bajó la mirada un segundo y después me miró directamente a los ojos- ¡TE HE ECHADO DE MENOS!
Mientras decía esto saltó encima de mí abrazándome y consiguiendo que lo que me quedaba de leche se me cayera encima y sobre la cama, mi recién estrenada cama.
-Uish, voy a tener que arreglar esto.-Se levantó y fue a cerrar la puerta.-Bueno Laia, sal de la cama, no puedo hacerla contigo ahí.
Me levanté de la cama y vi como Jonathan corría a deshacerla para luego hacerla otra vez.
-Pero Jonathan, tienes tropecientas personas trabajando aquí ¿Por qué haces la cama tu? ¿Y porque con tanta prisa?
-Todos tenemos cosas que merecen no ser contadas.
-no me lo dirás nunca, vale
- Porque no te cambias Laia? Creo que tienes algún pijama en el armario, esta anocheciendo ya, así que no saldremos, aunque si quieres ponerte ropa…
-Está bien Jonathan, podré apañarme, déjalo…- No pude aguantar la risa al verlo “intentando” hacer la cama- ya la hago yo, pero vete, así puedo cambiarlo.
Salió de la habitación llevándose las sabanas sucias, esperé hasta que cerró la puerta para hacer nada. Me giré, abrí el armario y me sorprendieron dos cosas. Primero, la enormidad del armario y segundo, ver allí todo mi ropa. Toda.
Me puse ropa, no quería ir en pijama, no me sentía cómoda.
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