Para Yaiza... mi lectora secreta ^^
“Jonathan, no te pongas así, tranquilízate. Ya no puede hacer mucho ¿no? Sabes que solo te escucharé a ti”
Este pensamiento pasó por mi cabeza al menos 300 veces, no quería que Jonathan fuera el que saliera perdiendo. Estaba en su casa, tenía derecho a algo de paz.
No sé si me escuchó o no, pero pareció tranquilizarse, se tiró a la piscina y buceó un rato (demasiado largo para unos pulmones normales) mientras Dani se acercó y se sentó a mi lado.
-Al final te has ido
-¿te sorprende?
-¡Me hablas!
-¿te sorprende?-en realidad no quería hablarle, pero antes o después tendría que hacerlo.
-No y Si, no al primer “te sorprende” y si al segundo. Pero jamás pensé que acabarías aquí. En una casa llena de gente que no conoces.
-Conozco a Jonathan
-no lo conoces- iba a decir algo mas pero lo callaron
-Mira, si vienes a meter baza ya te estás pirando-La cara de Jonathan, y su tono, eran tranquilos, pero yo sabía que por dentro estaba hirviendo de rabia- He arreglado con John y me deja que Laia esté aquí.
Supongo que a partir de eso la conversación continuó como si yo no estuviera, porque el tema ya no era yo.
-¿Porque te eligió a ti?-había tanto odio como tristeza en esa pregunta- ¿que vio en ti?
-no dramatices- Jonathan tenía ese poder de ocultar emociones que hacia indescifrables sus sentimientos- no fui yo a quien eligió primero
-no soy yo el bastardo
Con esta frase terminó la conversación, pues aparecieron Harriet y Elisabeth con las hamburguesas y nos llamaron a cenar. Hubo mucha tensión en la mesa, Harriet explicó que llamó a Dani porque quería hacerme una “bienvenida”, pero nadie se atrevió a decirle lo inoportuna que era su visita.
Después de la cena, Dani se fue, Elisabeth y Harriet se fueron a sus respectivas habitaciones y Jonathan me acompañó a mi habitación.
-Laia, no quiero que vayas a ver a mi madre
-Tengo que ir, al fin y al cabo, es su casa
-Estas aquí por mí, no por ella. Soy yo el que… nada, da igual.
-No me dejes a medias, Jonathan, sabes que no me gusta.
-Lo siento Laia, pero no te lo puedo contar, me voy Lai, no vayas porfa, no sé qué te contará.
-siempre tendrás la última palabra y lo sabes.
Se fue con una sonrisa en la cara, supongo que sabía que era verdad, me levanté, no sabía porqué pero aun no tenía que ir a ver a Harriet.
Perdí el tiempo en la ventana, Londres tenía su punto (aunque volvía a llover), la lluvia mojaba la ventana, dejando una imagen perfecta del recorrido de las gotas.
Me dormí en la ventana, me desperté mucho mas tarde y me dirigí al despacho de Harriet. Estaba esperándome y con ella estaba Dani, otra vez.
-Laia, pasa cielo- Harriet sonaba rendida, como si estuviera haciendo algo que le habían obligado a hacer.
-¿Qué haces aquí?- se lo pregunté directamente a él.
-Necesitaba estar aquí.
-Laia, escúchame… mi hijo… digamos que… depende de ti.
-No te entiendo.
-Te ha dicho lo que se espera de ti, bueno, pues el padre de Dani y de Nyklos está casi seguro de que él se despertó solo para acompañarte, para guiarte, quiero pensar que no es así, que tiene vida propia pero, llevaba meses en coma hasta que lo pusimos contigo. Esa confianza que tenéis… me lleva a pensar que es verdad.
-Esa confianza…- No sé porque pero me tocó la fibra sensible- se llama amistad. No puedo creer que llevara meses en coma y que solo os preocupe yo. Es tu hijo joder, -empecé a subir la voz- y tú… quieras, que no, es tu hermano. ¡No entiendo nada! ¿Qué problema tienes?
-Laia, no te confundas, a mi no me importas nada, yo solo quiero que mi hijo esté bien y si tiene que estar a tu lado para eso solo te pido que no te vayas, porque te necesita.
-Bueno… a mi si me importas más tu Laia- Tanto Harriet como yo miramos a Dani- pero se ve que el destino no quiere que nos llevemos bien.
-¿por qué no? Antes éramos… uña y carne, inseparables, y ahora…
-No depende de mí Laia.
-Bueno ¿podemos concentrarnos?- Harriet ya no era tan simpática y dulce, estaba nerviosa.
De repente los ojos de Dani se pusieron rojos, le pegó a Harriet y la dejó inconsciente en el suelo.
-¡DANI!
Me levanté corriendo e intenté esconderme, el dijo algo que no entendí y me dejó paralizada, iba a matarme, estaba segura. Quería correr, quería gritar y solo podía pensar que se acercaba el momento antes tan deseado y ahora tan temido. “no quiero morir” ¿Qué iba a hacer? “no quiero morir, no quiero”
lunes, 30 de agosto de 2010
sábado, 28 de agosto de 2010
capitulo 14
Salí de la habitación en busca de Jonathan. Tardé casi media hora en encontrarlo, aunque igual se me hizo largo por aburrimiento. Media hora para que terminara encontrándome él.
-¡Laia! Vamos al jardín.
Sonaba mas a una orden que a una sugerencia, pero le seguí, aunque, como no, haciendo preguntas al respecto.
-¿Por qué vamos al jardín?
-Porque me gusta, además, no lo has visto aún.
-¿Cómo que no?
-no
-¿no es “el jardín” lo de la entrada?
-No-se rió, no estoy segura de porque-eso solo es la entrada. El jardín está detrás.
Al llegar me pregunté si en algún momento dejaría de sorprenderme esa casa. Supongo que si hubiera hecho sol habría pensado que estaba en California, en alguna de esas supermansiones de la gente famosa. Jardín, piscina, barbacoa y…
-¿Eso de ahí es un jacuzzi?
-En efecto
Jonathan se estaba divirtiendo de lo lindo. Era más que obvio que eso era un jacuzzi pero, aun así, necesitaba preguntarlo en voz alta.
-Oye cielo-detrás de nosotros salió Harriet-¿Por qué no cenamos fuera? No es California pero el día no está mal- al decir esto último me dejó pensando hasta que se fue, por lo tanto no tengo ni idea de lo que dijeron.
Mientras yo seguía en trance Jonathan se fue a la piscina. Le seguí, nos sentamos con los pies dentro de la piscina. Aún tenía la duda en la cabeza así que la formulé.
-Jonathan, tu madre… ¿También puede leer la mente?
-¿ha dicho algo que hayas pensado?
-Más o menos
-¿Lo dices por lo de California?
-¿Cómo lo sabes?
-Bueno… porque yo sí puedo hacerlo. No lo sé Laia, aunque sea mi madre, en el fondo, esa mujer sigue siendo un misterio para mí.
-Comprendo…
El silencio inundó la escena. Solo se oían ruidos en el interior de la casa. Ahora se acercaban unos pasos, demasiado ligeros, casi pequeños.
-Hola chicos-me encantaba su voz, tenía un sonido especial-Esto… Jonathan… Mamá dice que si puedes sacar las cosas para comer en fuera. Están bajo la escalera.
-Claro, ya voy- La niña se fue. Parecía tan frágil y tan fuerte a la vez-Lai, quédate aquí.
-Jonathan… ¿puedo acompañarte?
-¿para qué Lai?
-Es que, digamos que aún no se llegar a mi habitación, aunque me quede poco tiempo tengo que aprender a llegar a ciertos lugares de la casa. Si te acompaño, al menos, sabré llegar a algún lugar.
Se quedó pensando, y cuando ya pensaba que se iría sin mí dijo:
-Vale ven- pude ver la resignación en su cara-igual siempre puedes llamarme cuando te pierdas
-¿Cómo antes?
-¿Cómo crees que te encontré?
-¿me buscabas?
-Claro, fui a tu habitación y ya no estabas. Tenía que decirte donde estábamos.
Me levanté y le seguí. El camino no era difícil. Era, básicamente, seguir el pasillo. Bajo la escalera había una habitación más, del tamaño de mi habitación en Barcelona, es decir, normal. Allí tenían un “trastero” aunque allí había tesoros más que trastos.
-Saca otra silla que viene otra persona
Creo que terminé colgada del ventilador de techo cuando la oí. Jonathan se rio de mi un buen rato, hasta que se dio cuenta de lo que le pedían.
-¿Quién viene?
-Una persona, da igual, tu saca otra silla-La voz de Harriet no ocultaba muy bien que era una persona “no-bienvenida”
-¿Qué persona?-Jonathan empezaba a irritarse y eso no sucedía mucho.
-DA IGUAL NYKLOS! ¡NO TIENES QUE SABERLO TODO!
Nos dejó allí plantados. Jonathan estaba blanco, no parecía el. Y en mi cabeza aún sonaba “Nyklos, Nyklos, Nyklos”
No era un buen momento para preguntar por ello, lo sabía, Jonathan seguía en sus pensamientos. Cogí una silla más y volví a la piscina seguida por él. Lo único que no soportaba era no saber qué hacer o decir para ayudarle, el seguía a lo suyo y notaba que se deprimía cada vez mas. Yo podía ayudar a cualquiera, subirle el ánimo a quien me lo pidiera… pero a los que quiero… Eso siempre es más difícil.
-Jonathan…
-Laia, me he dejado allí la luz de los mosquitos… ¿puedes ir tu?
-claro…
Volví y por el camino me encontré con Gerald. Salía de una habitación con el letrero típico de “Llamar antes de entrar”. Cogí el mosquitero y le pregunté a Jonathan por ese lugar.
-Es el despacho de Harriet
-Jonathan… no te enfades por eso…
-No es eso Laia, es que…- Me miró. Pude ver en sus ojos verdes toda la angustia que sentía- es que no la conozco, te lo juro, con los demás aún, aún, pero ella es otro mundo para mi ¿Cómo puedo vivir así?
-Y, sin embargo, sigues aquí.
-Lo sé…-volvió la vista a la piscina, donde estábamos sentados, y jugueteó con los pies en el agua- Quiero conocerla, pero se cierra, además, Elisabeth es un cielo, con ella sí que tengo confianza…
Yo escuchaba cada palabra que decía, oía cada emoción que podía en cada palabra. Jonathan siempre había sido muy sincero, con sus sentimientos, con lo que le pasaba por la cabeza, siempre que no me hiciera daño…
-Jonathan, quédate con ella, habla con ella, dile lo que me has dicho a mí y seguro que se abre más, dale tiempo.
No pude evitarlo y le abracé. El se sorprendió más que yo y, para sorprenderme a mí, me abrazó también.
-¿Interrumpo algo?
Dani estaba en el marco de la puerta con esa actitud de chulito que no soportaba.
-¿Tú eres el invitado?- Jonathan volvió a perder el color
-Eso parece
¿ESO PARECE? Ahora sí que Jonathan no volvería a hablar a su madre, la había cagado pero que muy bien.
-¡Laia! Vamos al jardín.
Sonaba mas a una orden que a una sugerencia, pero le seguí, aunque, como no, haciendo preguntas al respecto.
-¿Por qué vamos al jardín?
-Porque me gusta, además, no lo has visto aún.
-¿Cómo que no?
-no
-¿no es “el jardín” lo de la entrada?
-No-se rió, no estoy segura de porque-eso solo es la entrada. El jardín está detrás.
Al llegar me pregunté si en algún momento dejaría de sorprenderme esa casa. Supongo que si hubiera hecho sol habría pensado que estaba en California, en alguna de esas supermansiones de la gente famosa. Jardín, piscina, barbacoa y…
-¿Eso de ahí es un jacuzzi?
-En efecto
Jonathan se estaba divirtiendo de lo lindo. Era más que obvio que eso era un jacuzzi pero, aun así, necesitaba preguntarlo en voz alta.
-Oye cielo-detrás de nosotros salió Harriet-¿Por qué no cenamos fuera? No es California pero el día no está mal- al decir esto último me dejó pensando hasta que se fue, por lo tanto no tengo ni idea de lo que dijeron.
Mientras yo seguía en trance Jonathan se fue a la piscina. Le seguí, nos sentamos con los pies dentro de la piscina. Aún tenía la duda en la cabeza así que la formulé.
-Jonathan, tu madre… ¿También puede leer la mente?
-¿ha dicho algo que hayas pensado?
-Más o menos
-¿Lo dices por lo de California?
-¿Cómo lo sabes?
-Bueno… porque yo sí puedo hacerlo. No lo sé Laia, aunque sea mi madre, en el fondo, esa mujer sigue siendo un misterio para mí.
-Comprendo…
El silencio inundó la escena. Solo se oían ruidos en el interior de la casa. Ahora se acercaban unos pasos, demasiado ligeros, casi pequeños.
-Hola chicos-me encantaba su voz, tenía un sonido especial-Esto… Jonathan… Mamá dice que si puedes sacar las cosas para comer en fuera. Están bajo la escalera.
-Claro, ya voy- La niña se fue. Parecía tan frágil y tan fuerte a la vez-Lai, quédate aquí.
-Jonathan… ¿puedo acompañarte?
-¿para qué Lai?
-Es que, digamos que aún no se llegar a mi habitación, aunque me quede poco tiempo tengo que aprender a llegar a ciertos lugares de la casa. Si te acompaño, al menos, sabré llegar a algún lugar.
Se quedó pensando, y cuando ya pensaba que se iría sin mí dijo:
-Vale ven- pude ver la resignación en su cara-igual siempre puedes llamarme cuando te pierdas
-¿Cómo antes?
-¿Cómo crees que te encontré?
-¿me buscabas?
-Claro, fui a tu habitación y ya no estabas. Tenía que decirte donde estábamos.
Me levanté y le seguí. El camino no era difícil. Era, básicamente, seguir el pasillo. Bajo la escalera había una habitación más, del tamaño de mi habitación en Barcelona, es decir, normal. Allí tenían un “trastero” aunque allí había tesoros más que trastos.
-Saca otra silla que viene otra persona
Creo que terminé colgada del ventilador de techo cuando la oí. Jonathan se rio de mi un buen rato, hasta que se dio cuenta de lo que le pedían.
-¿Quién viene?
-Una persona, da igual, tu saca otra silla-La voz de Harriet no ocultaba muy bien que era una persona “no-bienvenida”
-¿Qué persona?-Jonathan empezaba a irritarse y eso no sucedía mucho.
-DA IGUAL NYKLOS! ¡NO TIENES QUE SABERLO TODO!
Nos dejó allí plantados. Jonathan estaba blanco, no parecía el. Y en mi cabeza aún sonaba “Nyklos, Nyklos, Nyklos”
No era un buen momento para preguntar por ello, lo sabía, Jonathan seguía en sus pensamientos. Cogí una silla más y volví a la piscina seguida por él. Lo único que no soportaba era no saber qué hacer o decir para ayudarle, el seguía a lo suyo y notaba que se deprimía cada vez mas. Yo podía ayudar a cualquiera, subirle el ánimo a quien me lo pidiera… pero a los que quiero… Eso siempre es más difícil.
-Jonathan…
-Laia, me he dejado allí la luz de los mosquitos… ¿puedes ir tu?
-claro…
Volví y por el camino me encontré con Gerald. Salía de una habitación con el letrero típico de “Llamar antes de entrar”. Cogí el mosquitero y le pregunté a Jonathan por ese lugar.
-Es el despacho de Harriet
-Jonathan… no te enfades por eso…
-No es eso Laia, es que…- Me miró. Pude ver en sus ojos verdes toda la angustia que sentía- es que no la conozco, te lo juro, con los demás aún, aún, pero ella es otro mundo para mi ¿Cómo puedo vivir así?
-Y, sin embargo, sigues aquí.
-Lo sé…-volvió la vista a la piscina, donde estábamos sentados, y jugueteó con los pies en el agua- Quiero conocerla, pero se cierra, además, Elisabeth es un cielo, con ella sí que tengo confianza…
Yo escuchaba cada palabra que decía, oía cada emoción que podía en cada palabra. Jonathan siempre había sido muy sincero, con sus sentimientos, con lo que le pasaba por la cabeza, siempre que no me hiciera daño…
-Jonathan, quédate con ella, habla con ella, dile lo que me has dicho a mí y seguro que se abre más, dale tiempo.
No pude evitarlo y le abracé. El se sorprendió más que yo y, para sorprenderme a mí, me abrazó también.
-¿Interrumpo algo?
Dani estaba en el marco de la puerta con esa actitud de chulito que no soportaba.
-¿Tú eres el invitado?- Jonathan volvió a perder el color
-Eso parece
¿ESO PARECE? Ahora sí que Jonathan no volvería a hablar a su madre, la había cagado pero que muy bien.
lunes, 9 de agosto de 2010
capitulo 13
Me desperté. No sabía dónde estaba, solo había oscuridad, y ese olor tan conocido. Bajé los pies de la cama pero no tocaban el suelo. Supongo que era la primera vez que esto me asustaba.
Se abrió la puerta, la silueta que por ella asomaba me resultaba demasiado familiar, encendió la luz.
-¿Has tenido una pesadilla cariño?-su voz era tan dulce. No era posible, era científicamente improbable, igual era un sueño.
-¿Mamá?
Ahí estaba ella, guapa hasta recién levantada, se sentó a mi lado en la cama y me arropó.
-Toma Laia-me dio un vaso de leche. Cuando le puse mis manos alrededor vi unas manos demasiado pequeñas para ser mías- No puedes asustarte de las pesadillas Laia, algún día el mundo dependerá de ti. Tienes que ser valiente, valiente como todos los Wright.
Ahora sí me desperté de verdad, abrí los ojos y la luz solar iluminaba la habitación, dándole un color cálido y reconfortante. En el sofá, en la otra punta de la habitación, estaba Jonathan. Levantó la vista en cuanto me desperté y quedé sentada del susto. A su lado estaba su madre.
-¿Has tenido una pesadilla cariño?- su voz también era dulce, pero no era mi madre, no tenía el mismo efecto tranquilizador.
-No, ha sido… un sueño demasiado real.
Jonathan se levantó y se fue, lo que sorprendió más a su madre que a mí. Yo sabía que había una extraña y desconocida razón para hacerlo. Parecía como si ella no lo conociera, o lo hiciera menos que yo.
-Mmm… oye Laia, me gustaría hablar contigo sobre algo que me preocupa sobre mi hijo.
La miré expectante, había algo que me hacía pensar que no me lo diría por las buenas. No iba a malgastar saliva en vano.
-¿Podrías venir esta noche a mi oficina?
-no sé dónde está
-Lo sabrás.
Fe fue y al rato apareció Jonathan con un vaso de leche en la mano, se sentó en la cama y me lo dio.
-¿Por qué?
-no lo sé- era raro pero sabia a lo que se refería, lo que no entendía era por qué no le sacaba la respuesta a su madre.
-¿Sabes? Ella es la única persona a la que nunca he conseguido leerle la mente- yo, que estaba sumergida en mi vaso de leche, levanté la cabeza- No sé por qué.
-Es el poder de las madres, Jonathan, si supiéramos que piensan nuestras madres nos sentiríamos tristes o, muchas veces, culpables, de cualquier problema que ellas tuvieran y, como las mamás no quieren ver tristes a sus hijos, ocultan lo que realmente sienten para que nosotros seamos un poquito más felices.
El me escuchaba atentamente, como si estuviera esperando que le dijera eso desde hacía años.
-Jo Laia…-Bajó la mirada un segundo y después me miró directamente a los ojos- ¡TE HE ECHADO DE MENOS!
Mientras decía esto saltó encima de mí abrazándome y consiguiendo que lo que me quedaba de leche se me cayera encima y sobre la cama, mi recién estrenada cama.
-Uish, voy a tener que arreglar esto.-Se levantó y fue a cerrar la puerta.-Bueno Laia, sal de la cama, no puedo hacerla contigo ahí.
Me levanté de la cama y vi como Jonathan corría a deshacerla para luego hacerla otra vez.
-Pero Jonathan, tienes tropecientas personas trabajando aquí ¿Por qué haces la cama tu? ¿Y porque con tanta prisa?
-Todos tenemos cosas que merecen no ser contadas.
-no me lo dirás nunca, vale
- Porque no te cambias Laia? Creo que tienes algún pijama en el armario, esta anocheciendo ya, así que no saldremos, aunque si quieres ponerte ropa…
-Está bien Jonathan, podré apañarme, déjalo…- No pude aguantar la risa al verlo “intentando” hacer la cama- ya la hago yo, pero vete, así puedo cambiarlo.
Salió de la habitación llevándose las sabanas sucias, esperé hasta que cerró la puerta para hacer nada. Me giré, abrí el armario y me sorprendieron dos cosas. Primero, la enormidad del armario y segundo, ver allí todo mi ropa. Toda.
Me puse ropa, no quería ir en pijama, no me sentía cómoda.
Se abrió la puerta, la silueta que por ella asomaba me resultaba demasiado familiar, encendió la luz.
-¿Has tenido una pesadilla cariño?-su voz era tan dulce. No era posible, era científicamente improbable, igual era un sueño.
-¿Mamá?
Ahí estaba ella, guapa hasta recién levantada, se sentó a mi lado en la cama y me arropó.
-Toma Laia-me dio un vaso de leche. Cuando le puse mis manos alrededor vi unas manos demasiado pequeñas para ser mías- No puedes asustarte de las pesadillas Laia, algún día el mundo dependerá de ti. Tienes que ser valiente, valiente como todos los Wright.
Ahora sí me desperté de verdad, abrí los ojos y la luz solar iluminaba la habitación, dándole un color cálido y reconfortante. En el sofá, en la otra punta de la habitación, estaba Jonathan. Levantó la vista en cuanto me desperté y quedé sentada del susto. A su lado estaba su madre.
-¿Has tenido una pesadilla cariño?- su voz también era dulce, pero no era mi madre, no tenía el mismo efecto tranquilizador.
-No, ha sido… un sueño demasiado real.
Jonathan se levantó y se fue, lo que sorprendió más a su madre que a mí. Yo sabía que había una extraña y desconocida razón para hacerlo. Parecía como si ella no lo conociera, o lo hiciera menos que yo.
-Mmm… oye Laia, me gustaría hablar contigo sobre algo que me preocupa sobre mi hijo.
La miré expectante, había algo que me hacía pensar que no me lo diría por las buenas. No iba a malgastar saliva en vano.
-¿Podrías venir esta noche a mi oficina?
-no sé dónde está
-Lo sabrás.
Fe fue y al rato apareció Jonathan con un vaso de leche en la mano, se sentó en la cama y me lo dio.
-¿Por qué?
-no lo sé- era raro pero sabia a lo que se refería, lo que no entendía era por qué no le sacaba la respuesta a su madre.
-¿Sabes? Ella es la única persona a la que nunca he conseguido leerle la mente- yo, que estaba sumergida en mi vaso de leche, levanté la cabeza- No sé por qué.
-Es el poder de las madres, Jonathan, si supiéramos que piensan nuestras madres nos sentiríamos tristes o, muchas veces, culpables, de cualquier problema que ellas tuvieran y, como las mamás no quieren ver tristes a sus hijos, ocultan lo que realmente sienten para que nosotros seamos un poquito más felices.
El me escuchaba atentamente, como si estuviera esperando que le dijera eso desde hacía años.
-Jo Laia…-Bajó la mirada un segundo y después me miró directamente a los ojos- ¡TE HE ECHADO DE MENOS!
Mientras decía esto saltó encima de mí abrazándome y consiguiendo que lo que me quedaba de leche se me cayera encima y sobre la cama, mi recién estrenada cama.
-Uish, voy a tener que arreglar esto.-Se levantó y fue a cerrar la puerta.-Bueno Laia, sal de la cama, no puedo hacerla contigo ahí.
Me levanté de la cama y vi como Jonathan corría a deshacerla para luego hacerla otra vez.
-Pero Jonathan, tienes tropecientas personas trabajando aquí ¿Por qué haces la cama tu? ¿Y porque con tanta prisa?
-Todos tenemos cosas que merecen no ser contadas.
-no me lo dirás nunca, vale
- Porque no te cambias Laia? Creo que tienes algún pijama en el armario, esta anocheciendo ya, así que no saldremos, aunque si quieres ponerte ropa…
-Está bien Jonathan, podré apañarme, déjalo…- No pude aguantar la risa al verlo “intentando” hacer la cama- ya la hago yo, pero vete, así puedo cambiarlo.
Salió de la habitación llevándose las sabanas sucias, esperé hasta que cerró la puerta para hacer nada. Me giré, abrí el armario y me sorprendieron dos cosas. Primero, la enormidad del armario y segundo, ver allí todo mi ropa. Toda.
Me puse ropa, no quería ir en pijama, no me sentía cómoda.
miércoles, 28 de julio de 2010
capitulo 12
-Creo que he hablado demasiado.
A pesar de su bronceado se notaba que se había ruborizado, ¿Cómo porras pretendía que me fuera a vivir con el después de soltarme ese bombazo? Tenía que cambiar de tema, no sé cuál de los dos estaba más rojo y no era el mejor momento.
-Pero seguirán buscándome, y en tu casa me encontraran en lo que tarde en devolverte tu ropa.
-No Laia, lo que quieren es tenerte controlada, no encerrada.
-Pero…
-Laia, ¡deja de buscarle peros! ¿Qué quieres? ¿Vagabundear por Londres durante unos días sin lugar donde dormir, sin baño, sin nada? ¿Cuánto crees que te duraría mi dinero? ¿Cuánto crees que tardaran en encontrarte y volver a dormirte para encerrarte? Esta vez no lo dejarían pasar, si hiciera falta te atarían a la cama. No es una buena idea ¿verdad?
No lo era, tenía razón, era mi mejor opción. Lo mirara desde lo mirara, era la mejor opción
-no empiezas a tener sueño Laia?
-Sí, no sé porque
-No iban a tardar mucho…
-vale, voy contigo, pero solo por un tiempo… corto
-vale, ven
Se levantó, estaba satisfecho por haber conseguido lo que quería, yo dudaba de que alguna vez no lo consiguiera. Le seguí, notaba el sueño y, tras un bostezo, le dije:
-Sabes que tarde o temprano tendrás que decirme tu nombre ¿no?
-Espero que sea muy tarde. No creo que nadie que quiera a su hijo sea capaz de ponerle un nombre como el mío, le pregunté a mi madre si me odiaban o algo, pero dijo que era por un tío mío… era pirata ¿sabes?- y por lo bajo añadió- igual le odiaban a él
-Eso solo aumenta mi curiosidad
-creo que mejor me callo, hoy soy yo el que la caga cada dos por tres, estarás contenta.
-Pues… no demasiado- me pesaban los ojos, se me cerraban e iba a caer dormida en el siguiente pestañeo-¿y tu casa está muy lejos?
-Nope- se paró en seco, lo que, unido a mi lenta reacción, hizo que me chocara- hemos llegado
Enfrente nuestro se abrió una puerta de, al menos, 3 metros de alto, que llevaba a un jardín enorme, olía a césped recién cortado, desde la puerta había un camino de piedra que llevaba hasta la casa, rectifico, hasta la grandísima mansión, donde vivía Jonathan.
Creo que aquel espectáculo me despertó, no podía cerrar los ojos y, para ser sinceros, tampoco la boca.
-Vamos Laia, no te quedes ahí- el ya estaba a mitad de camino- y cierra la boca que te van a entrar moscas.
Comencé a andar mirando a mi alrededor, no lo podía creer ¿cómo podía haber semejante mansión en el centro de Londres?
Jonathan me esperó en la puerta hasta que llegué, allí un señor mayor cogió mis cosas y se las llevó.
-Es Gerald, el mayordomo, tranquila, se ha llevado tus cosas a tu habitación.
Yo seguía flipando. Esa casa era de película: Largas escaleras llevaban al piso de arriba, habitaciones a los dos lados del recibidor y pasillos detrás de los dos lados de las escaleras.
-¡Hijo!- Una mujer de belleza indudable bajaba las escaleras, estaba claro a quién había salido Jonathan- Oh! Tú debes de ser Laia, bienvenida, soy Harriet, madre del aquí presente-señalo a Jonathan con la cabeza- Enséñale la casa muchacho, ¡no te quedes ahí parado!
-a ello me disponía cuando llegaste mamá.
-pues nada, os dejo tranquilos- y desapareció por uno de los pasillos.
Jonathan me empezó a enseñar la casa. Montones de puertas y cuadros, eso era lo único que recordaba de cada pasillo. Dudaba en encontrar el baño cuando lo necesitara.
-Tranquila Lai, hay otro al lado de tu habitación- estaba feliz- y… puedes hablar, nadie va a cortarte la lengua en cuanto abras la boca.
-me dijiste que me entrarían moscas-la cara con la que me miró fue indescriptible, supongo que era en plan “corta el rollo”- ¿Estás seguro de que solo os sobra una habitación?
-Si- una sonrisa le iluminó la cara- tienes que tener en cuenta que toda la gente que trabaja aquí vive aquí y luego está Elisabeth.
-Quien es Elisabeth?
-Yo soy Elisabeth.
A mi espalda sonó una voz fina, elegante y, me atrevo a decir que, algo pija. Me di la vuelta y vi a una niña de 12-14 años, rubia platino y ojos azul cielo.
-Laia, Elisabeth, mi hermana… como ves ella tiene un nombre normal.
-hola- no sabía que decir
-¿os puedo acompañar a su habitación?
Jonathan me miró buscando mi aprobación, yo miré a la niña y asentí. Volvimos a andar, aunque no mucho, vi otro baño y en la puerta de enfrente estaba mi habitación. No pude evitar sorprenderme otra vez, estaba claro que lo tenían todo planeado, encima de la cama estaba mi bolsa, pero en la habitación estaban todas las cosas que había perdido en el viaje Barcelona-Londres.
Era enorme, tenía balcón y dos ventanas, era redonda, era alucinante.
-¿Te gusta Lai?
No podía responder, no podía salir de mi asombro, era la habitación que no puedes ni soñar, simplemente perfecta.
Entré despacio, observando cada detalle. Me senté en la cama, eso la hacía más perfecta. Una cama. No me dio tiempo a acostarme, simplemente me dormí.
A pesar de su bronceado se notaba que se había ruborizado, ¿Cómo porras pretendía que me fuera a vivir con el después de soltarme ese bombazo? Tenía que cambiar de tema, no sé cuál de los dos estaba más rojo y no era el mejor momento.
-Pero seguirán buscándome, y en tu casa me encontraran en lo que tarde en devolverte tu ropa.
-No Laia, lo que quieren es tenerte controlada, no encerrada.
-Pero…
-Laia, ¡deja de buscarle peros! ¿Qué quieres? ¿Vagabundear por Londres durante unos días sin lugar donde dormir, sin baño, sin nada? ¿Cuánto crees que te duraría mi dinero? ¿Cuánto crees que tardaran en encontrarte y volver a dormirte para encerrarte? Esta vez no lo dejarían pasar, si hiciera falta te atarían a la cama. No es una buena idea ¿verdad?
No lo era, tenía razón, era mi mejor opción. Lo mirara desde lo mirara, era la mejor opción
-no empiezas a tener sueño Laia?
-Sí, no sé porque
-No iban a tardar mucho…
-vale, voy contigo, pero solo por un tiempo… corto
-vale, ven
Se levantó, estaba satisfecho por haber conseguido lo que quería, yo dudaba de que alguna vez no lo consiguiera. Le seguí, notaba el sueño y, tras un bostezo, le dije:
-Sabes que tarde o temprano tendrás que decirme tu nombre ¿no?
-Espero que sea muy tarde. No creo que nadie que quiera a su hijo sea capaz de ponerle un nombre como el mío, le pregunté a mi madre si me odiaban o algo, pero dijo que era por un tío mío… era pirata ¿sabes?- y por lo bajo añadió- igual le odiaban a él
-Eso solo aumenta mi curiosidad
-creo que mejor me callo, hoy soy yo el que la caga cada dos por tres, estarás contenta.
-Pues… no demasiado- me pesaban los ojos, se me cerraban e iba a caer dormida en el siguiente pestañeo-¿y tu casa está muy lejos?
-Nope- se paró en seco, lo que, unido a mi lenta reacción, hizo que me chocara- hemos llegado
Enfrente nuestro se abrió una puerta de, al menos, 3 metros de alto, que llevaba a un jardín enorme, olía a césped recién cortado, desde la puerta había un camino de piedra que llevaba hasta la casa, rectifico, hasta la grandísima mansión, donde vivía Jonathan.
Creo que aquel espectáculo me despertó, no podía cerrar los ojos y, para ser sinceros, tampoco la boca.
-Vamos Laia, no te quedes ahí- el ya estaba a mitad de camino- y cierra la boca que te van a entrar moscas.
Comencé a andar mirando a mi alrededor, no lo podía creer ¿cómo podía haber semejante mansión en el centro de Londres?
Jonathan me esperó en la puerta hasta que llegué, allí un señor mayor cogió mis cosas y se las llevó.
-Es Gerald, el mayordomo, tranquila, se ha llevado tus cosas a tu habitación.
Yo seguía flipando. Esa casa era de película: Largas escaleras llevaban al piso de arriba, habitaciones a los dos lados del recibidor y pasillos detrás de los dos lados de las escaleras.
-¡Hijo!- Una mujer de belleza indudable bajaba las escaleras, estaba claro a quién había salido Jonathan- Oh! Tú debes de ser Laia, bienvenida, soy Harriet, madre del aquí presente-señalo a Jonathan con la cabeza- Enséñale la casa muchacho, ¡no te quedes ahí parado!
-a ello me disponía cuando llegaste mamá.
-pues nada, os dejo tranquilos- y desapareció por uno de los pasillos.
Jonathan me empezó a enseñar la casa. Montones de puertas y cuadros, eso era lo único que recordaba de cada pasillo. Dudaba en encontrar el baño cuando lo necesitara.
-Tranquila Lai, hay otro al lado de tu habitación- estaba feliz- y… puedes hablar, nadie va a cortarte la lengua en cuanto abras la boca.
-me dijiste que me entrarían moscas-la cara con la que me miró fue indescriptible, supongo que era en plan “corta el rollo”- ¿Estás seguro de que solo os sobra una habitación?
-Si- una sonrisa le iluminó la cara- tienes que tener en cuenta que toda la gente que trabaja aquí vive aquí y luego está Elisabeth.
-Quien es Elisabeth?
-Yo soy Elisabeth.
A mi espalda sonó una voz fina, elegante y, me atrevo a decir que, algo pija. Me di la vuelta y vi a una niña de 12-14 años, rubia platino y ojos azul cielo.
-Laia, Elisabeth, mi hermana… como ves ella tiene un nombre normal.
-hola- no sabía que decir
-¿os puedo acompañar a su habitación?
Jonathan me miró buscando mi aprobación, yo miré a la niña y asentí. Volvimos a andar, aunque no mucho, vi otro baño y en la puerta de enfrente estaba mi habitación. No pude evitar sorprenderme otra vez, estaba claro que lo tenían todo planeado, encima de la cama estaba mi bolsa, pero en la habitación estaban todas las cosas que había perdido en el viaje Barcelona-Londres.
Era enorme, tenía balcón y dos ventanas, era redonda, era alucinante.
-¿Te gusta Lai?
No podía responder, no podía salir de mi asombro, era la habitación que no puedes ni soñar, simplemente perfecta.
Entré despacio, observando cada detalle. Me senté en la cama, eso la hacía más perfecta. Una cama. No me dio tiempo a acostarme, simplemente me dormí.
lunes, 26 de julio de 2010
capitulo 11
-Venga, sin cachondeos.
-¿quieres saber mi nombre?
-Mmm… creo que no, no voy a poder cambiártelo ahora.
-mejor, mi nombre no es… -hablaba con cara de asco, lo que me hacía pensar que no le gustaba-bueno, supongo que lo que Dani quería que te contara es que… somos hermanos, en realidad, solo compartimos padre y por eso yo no he salido de Londres. Creo que no le gusta que sea mayor que él.
-¿cuántos años tienes?
- 18
-pero, entonces… tenéis la misma edad ¿no?
-Sí, pero yo tengo medio año más. Yo soy de enero y él es de…
-Julio-le corté, lo sabía, Dani era mi amigo al fin y al cabo- ¿de qué día?
-del 15
Ahora estábamos en lo más alto del London eye. Hay que reconocer que las vistas eran buenísimas, me gustaban las alturas, me ayudaban a pensar.
-No lo olvidaré, 15 de enero… Jonathan… ¿porque me has traído aquí?
-Porque me dijiste que te gustaban las alturas y no se me ocurrió nada mejor. De alguna manera tenias que perdonarme que después de echarte la bronca hiciera lo que ibas a hacer tú.
-¿Qué te ha hecho pensar que te perdonaría así?
-No lo sabía, pero tenía que intentarlo, no tenía nada que perder aparte de nosotros y si no lo intentaba, ya lo había perdido.
-Vale… sígueme contando… ¿conozco a vuestro padre?
-Si… antes de decirte quien es…-miré por la ventana poniendo los ojos en blanco, ya empezaba a desviarme el tema- yo no elegí a mi padre… es el que me tocó…-asentí sin tener ni idea de por dónde iban los tiros- Es… John Stewart
-¿¡El psicólogo?!
-El mismo…
-Pero… Joder, Jonathan, ¿por qué no me lo dijiste antes?
-porque… si te lo decía… me cambiarían de habitación… no quería… alejarme de ti.
-Pero al final te fuiste sin mí y por cuenta propia
-No eres la única que no sabe enfrentar sus miedos Laia, cielo.
En ese momento llegamos abajo otra vez. Me dejo pensando su respuesta ¿a que podía tenerle miedo? Intenté con toda mi fuerza que este pensamiento no saliera de mi cabeza, lo que me llevó a otra cuestión…
-¿Cómo has conseguido esa información?
-¿Por?
-He preguntado primero
-Pues contesta primero
-Jonathan!
-Laia
-¡Jo! Es solo que… si lo has leído en la mente de alguien… ¿Cómo puedes saber que no te engañan?
-Muy fácil- creo que esta pregunta le divertía. La gente, cuando piensa una mentira, está pensando en la verdad para poder ocultarla mejor, así que yo, después de 18 años de práctica, sé distinguirlos.
Estaba orgulloso de poder distinguirlo, creo que también lo estaba de poder contárselo a alguien, no estoy segura.
-Igual-continuó- esta vez, solo me lo dijeron. Vi partidas de nacimiento y tal. Yo no… no tuve que leer más que papeles.
-Jonathan…-era una pregunta rara pero tenía que hacerla- Por que el padre de Dani…, vuestro padre quiero decir, ¿por qué decidió quedarse aquí contigo?
-No lo sé, creo que también me odia por eso. Laia…mmm… ¿dónde vas a ir ahora?
Cuando me quise dar cuenta estábamos sentados en un banco, en un parque lleno de enamorados en el césped porque, por una vez en Londres, hacia sol. Supongo que los londinenses aprovechaban al máximo las horas de sol.
-No lo sé Jonathan… solo sé que no quiero volver allí
-Lo suponía, es que había pensado algo… piénsatelo antes de decir que no ¿vale?- me miro ¿Qué se suponía que tenía que hacer?- Prométemelo.
-Vale Jonathan, prometo pensarlo.
Es que, desde que me fui… Me he ido con mi madre. Están separados y tal. Bueno el caso es que, sobra una habitación y he pensado que, como no tienes donde ir ni nada, podías quedarte con nosotros.
De repente me miró directamente a los ojos, sus ojos verdes brillaban más que nunca. No sé si era una ilusión o simplemente el sol, pero le hacían parecer de otro mundo. No estaba segura de querer irme a vivir con él, quizás si hubiera sido su propia casa… pero ¿qué iba a hacer yo en casa de su madre?
-Lo has hablado con ella Jonathan?
-¿Con mi madre? Ella lleva pidiéndome que te mudes allí desde que aparecí… no debí decir eso.
-¿Por qué… por qué quiere que me vaya allí?
-¿no te ríes?-negué con la cabeza- vale, es porque… porque antes del accidente, antes de conocerte,… antes era, no, ahora soy más… ¿feliz? Dice que es feo que me enamore de la novia de mi hermano pero hay cosas que no se pueden evitar.
La última frase… me mató, mi cabeza iba más rápido que un formula 1 y no estaba segura de no marearme. No me estaba riendo, había cumplido, pero tampoco sabía exactamente cómo reaccionar.
Tenía que decirle algo, la intriga parecía devorarle, y yo… abrí la boca por fin. No sé si pronuncié bien, creo que mi voz fue casi inaudible y no creo que mi léxico fuera correcto.
-Jonathan- aun me temblaban las rodillas- primero, Dani no es mi novio, y segundo… ¿Estás enamorado de mi?
-¿quieres saber mi nombre?
-Mmm… creo que no, no voy a poder cambiártelo ahora.
-mejor, mi nombre no es… -hablaba con cara de asco, lo que me hacía pensar que no le gustaba-bueno, supongo que lo que Dani quería que te contara es que… somos hermanos, en realidad, solo compartimos padre y por eso yo no he salido de Londres. Creo que no le gusta que sea mayor que él.
-¿cuántos años tienes?
- 18
-pero, entonces… tenéis la misma edad ¿no?
-Sí, pero yo tengo medio año más. Yo soy de enero y él es de…
-Julio-le corté, lo sabía, Dani era mi amigo al fin y al cabo- ¿de qué día?
-del 15
Ahora estábamos en lo más alto del London eye. Hay que reconocer que las vistas eran buenísimas, me gustaban las alturas, me ayudaban a pensar.
-No lo olvidaré, 15 de enero… Jonathan… ¿porque me has traído aquí?
-Porque me dijiste que te gustaban las alturas y no se me ocurrió nada mejor. De alguna manera tenias que perdonarme que después de echarte la bronca hiciera lo que ibas a hacer tú.
-¿Qué te ha hecho pensar que te perdonaría así?
-No lo sabía, pero tenía que intentarlo, no tenía nada que perder aparte de nosotros y si no lo intentaba, ya lo había perdido.
-Vale… sígueme contando… ¿conozco a vuestro padre?
-Si… antes de decirte quien es…-miré por la ventana poniendo los ojos en blanco, ya empezaba a desviarme el tema- yo no elegí a mi padre… es el que me tocó…-asentí sin tener ni idea de por dónde iban los tiros- Es… John Stewart
-¿¡El psicólogo?!
-El mismo…
-Pero… Joder, Jonathan, ¿por qué no me lo dijiste antes?
-porque… si te lo decía… me cambiarían de habitación… no quería… alejarme de ti.
-Pero al final te fuiste sin mí y por cuenta propia
-No eres la única que no sabe enfrentar sus miedos Laia, cielo.
En ese momento llegamos abajo otra vez. Me dejo pensando su respuesta ¿a que podía tenerle miedo? Intenté con toda mi fuerza que este pensamiento no saliera de mi cabeza, lo que me llevó a otra cuestión…
-¿Cómo has conseguido esa información?
-¿Por?
-He preguntado primero
-Pues contesta primero
-Jonathan!
-Laia
-¡Jo! Es solo que… si lo has leído en la mente de alguien… ¿Cómo puedes saber que no te engañan?
-Muy fácil- creo que esta pregunta le divertía. La gente, cuando piensa una mentira, está pensando en la verdad para poder ocultarla mejor, así que yo, después de 18 años de práctica, sé distinguirlos.
Estaba orgulloso de poder distinguirlo, creo que también lo estaba de poder contárselo a alguien, no estoy segura.
-Igual-continuó- esta vez, solo me lo dijeron. Vi partidas de nacimiento y tal. Yo no… no tuve que leer más que papeles.
-Jonathan…-era una pregunta rara pero tenía que hacerla- Por que el padre de Dani…, vuestro padre quiero decir, ¿por qué decidió quedarse aquí contigo?
-No lo sé, creo que también me odia por eso. Laia…mmm… ¿dónde vas a ir ahora?
Cuando me quise dar cuenta estábamos sentados en un banco, en un parque lleno de enamorados en el césped porque, por una vez en Londres, hacia sol. Supongo que los londinenses aprovechaban al máximo las horas de sol.
-No lo sé Jonathan… solo sé que no quiero volver allí
-Lo suponía, es que había pensado algo… piénsatelo antes de decir que no ¿vale?- me miro ¿Qué se suponía que tenía que hacer?- Prométemelo.
-Vale Jonathan, prometo pensarlo.
Es que, desde que me fui… Me he ido con mi madre. Están separados y tal. Bueno el caso es que, sobra una habitación y he pensado que, como no tienes donde ir ni nada, podías quedarte con nosotros.
De repente me miró directamente a los ojos, sus ojos verdes brillaban más que nunca. No sé si era una ilusión o simplemente el sol, pero le hacían parecer de otro mundo. No estaba segura de querer irme a vivir con él, quizás si hubiera sido su propia casa… pero ¿qué iba a hacer yo en casa de su madre?
-Lo has hablado con ella Jonathan?
-¿Con mi madre? Ella lleva pidiéndome que te mudes allí desde que aparecí… no debí decir eso.
-¿Por qué… por qué quiere que me vaya allí?
-¿no te ríes?-negué con la cabeza- vale, es porque… porque antes del accidente, antes de conocerte,… antes era, no, ahora soy más… ¿feliz? Dice que es feo que me enamore de la novia de mi hermano pero hay cosas que no se pueden evitar.
La última frase… me mató, mi cabeza iba más rápido que un formula 1 y no estaba segura de no marearme. No me estaba riendo, había cumplido, pero tampoco sabía exactamente cómo reaccionar.
Tenía que decirle algo, la intriga parecía devorarle, y yo… abrí la boca por fin. No sé si pronuncié bien, creo que mi voz fue casi inaudible y no creo que mi léxico fuera correcto.
-Jonathan- aun me temblaban las rodillas- primero, Dani no es mi novio, y segundo… ¿Estás enamorado de mi?
martes, 20 de julio de 2010
capitulo 10
Para Marina... este es para ti (L)
Tres días después de aquella pelea, Jonathan no había vuelto. Me preguntaba dónde habría ido para poder pasar allí tanto tiempo. Yo seguía enfadada con Dani por hacer que Jonathan se fuera, y no lo hacía más fácil que viniera todos los días, además, como yo no le hablaba, solo me veía ver la televisión. Se iba cuando me dormía, que volvía a ser muy seguido.
Ese día tampoco vino Dani, así que pude pensar tranquila, llegué a la conclusión de que Jonathan no iba a volver, el mismo Jonathan que casi me mata cuando me iba sin él. Y, llegada a esa conclusión, pensé que me iba a ir. Eso de dormir todo el día me ayudó a ejecutar mi plan, bueno, en cuanto al sueño.
Cuando me trajeron la comida, no la comí, decidí guardarla en las cajas de tiritas que había en el armario de la tele. Metí mi ropa en la bolsa de la papelera, como la ultima vez, me dirigí a la camilla de Jonathan y cogí el dinero que le había sobrado de cuando fuimos a Londres, no quería robarle, pero no volvería, así que…, cogí también su ropa, no sabía que haría en la calle, pero igual me convenía llevar más ropa de la que tenia.
En cuanto se llevaron la bandeja me cambié, sabía que no volverían a verme ni nada. Igual me acosté en la camilla y puse la tele, no podía salir mientras hubiera gente por allí y eso ocurriría tarde.
Cuando ya eran las 11 sonó la puerta, me di prisa y me tapé entera para que no me vieran vestida. Por ella apareció Dani.
-Siento no haber podido venir antes Laia, pero mi padre insiste en que tengo que seguir con mi vida.
Yo, en mi voto de silencio, no contesté. Él ni se inmutó, llevaba dos días haciéndolo, seguí viendo la tele y él se sentó a mi lado. El tiempo pasaba y no se iba. Sabía que se iría en cuanto me durmiera, así que me di la vuelta y fingí caer en un sueño profundo.
Cuando él, por fin, me creyó, me besó en la frente y se fue. Me pregunté si eso lo haría siempre, pero nunca sabría la respuesta.
Cuando se hicieron las cuatro de la madrugada, me puse las zapatillas y cogí la bolsa. Conocía el camino hacia la salida, por lo que, mientras no hubiera nadie, no habría problema.
Salí casi sin hacer ruido, las luces estaban todas apagadas, no veía casi nada así que se me agudizó el oído. No oía pasos. El problema llegó en la salida. Allí había alguien vigilando y me costaría librarme de él.
Asomé la cabeza para ver si dormía, a estas horas debía ser yo la única despierta. No era así, el chico estaba despierto (y digo “chico” porque no superaría los 25 años), no como en las películas, mirando la tele, no, este, además, estaba atento.
Me senté, cerré los ojos para pensar mejor, quería estar fuera, quería salir de allí, pensé en estar fuera ya, en la libertad de salir de allí, necesitaba salir de allí; un aire frio me recorrió el cuerpo, abrí los ojos… Estaba fuera, si hubiese sabido que iba a ser tan fácil…
Ya estaba fuera, empecé a andar. Quedaban dos horas para que los londinenses se pusieran en pie, así que empecé a andar. Solo pensaba en alejarme de allí, no tenía rumbo fijo.
Vi el metro y me metí en el primero que pasó, me dolía gastar el dinero desde el principio pero si quería alejarme de allí no había nada más rápido (y económico). En una hora llegó a su última parada que resultó ser el London eye. No me subí, me senté al borde del rio y desayuné. No estaba bueno, pero era algo.
-¿Me acompañas Lai?
Me asusté, aunque sabía quién era, pegué un brinco y oí su risa a mi espalda.
-¿A dónde?
-¿Confías en mi?
-confiaba en ti antes de que te fueras sin darme ninguna explicación-no quería que notara la decepción en mi voz, pero no pude evitarlo.
-supongo que tengo que contarte muchas cosas pero… No quiero que sea aquí… acompáñame, por favor-sonaba arrepentido y suplicante-además, si hubiera vuelto no estarías aquí
-o sí, pero por otras razones, quizás porque me harté de ti, o porque…
.Laia, por favor…
Me levanté despacio y me di la vuelta. Jonathan me cogió de la mano y tiró de mí. Me llevo hasta el London Eye y no hablo hasta que estuvimos a media altura, lo que se hizo eterno.
-Bueno, supongo que mejor empezar. Laia, no he recuperado la memoria, pero sé quién soy y todo eso. Es lo que pasa cuando lees la mente de la gente.
-Y ¿desde cuándo lo sabes?
-No te enfades ¿vale?- le mire con cara de pocos amigos y asentí para que siguiera- Lo sé desde que fui a ver al Dr. John.
-¿Y quién eres?
-¿Quién soy Laia?, que pregunta más filosófica
Tres días después de aquella pelea, Jonathan no había vuelto. Me preguntaba dónde habría ido para poder pasar allí tanto tiempo. Yo seguía enfadada con Dani por hacer que Jonathan se fuera, y no lo hacía más fácil que viniera todos los días, además, como yo no le hablaba, solo me veía ver la televisión. Se iba cuando me dormía, que volvía a ser muy seguido.
Ese día tampoco vino Dani, así que pude pensar tranquila, llegué a la conclusión de que Jonathan no iba a volver, el mismo Jonathan que casi me mata cuando me iba sin él. Y, llegada a esa conclusión, pensé que me iba a ir. Eso de dormir todo el día me ayudó a ejecutar mi plan, bueno, en cuanto al sueño.
Cuando me trajeron la comida, no la comí, decidí guardarla en las cajas de tiritas que había en el armario de la tele. Metí mi ropa en la bolsa de la papelera, como la ultima vez, me dirigí a la camilla de Jonathan y cogí el dinero que le había sobrado de cuando fuimos a Londres, no quería robarle, pero no volvería, así que…, cogí también su ropa, no sabía que haría en la calle, pero igual me convenía llevar más ropa de la que tenia.
En cuanto se llevaron la bandeja me cambié, sabía que no volverían a verme ni nada. Igual me acosté en la camilla y puse la tele, no podía salir mientras hubiera gente por allí y eso ocurriría tarde.
Cuando ya eran las 11 sonó la puerta, me di prisa y me tapé entera para que no me vieran vestida. Por ella apareció Dani.
-Siento no haber podido venir antes Laia, pero mi padre insiste en que tengo que seguir con mi vida.
Yo, en mi voto de silencio, no contesté. Él ni se inmutó, llevaba dos días haciéndolo, seguí viendo la tele y él se sentó a mi lado. El tiempo pasaba y no se iba. Sabía que se iría en cuanto me durmiera, así que me di la vuelta y fingí caer en un sueño profundo.
Cuando él, por fin, me creyó, me besó en la frente y se fue. Me pregunté si eso lo haría siempre, pero nunca sabría la respuesta.
Cuando se hicieron las cuatro de la madrugada, me puse las zapatillas y cogí la bolsa. Conocía el camino hacia la salida, por lo que, mientras no hubiera nadie, no habría problema.
Salí casi sin hacer ruido, las luces estaban todas apagadas, no veía casi nada así que se me agudizó el oído. No oía pasos. El problema llegó en la salida. Allí había alguien vigilando y me costaría librarme de él.
Asomé la cabeza para ver si dormía, a estas horas debía ser yo la única despierta. No era así, el chico estaba despierto (y digo “chico” porque no superaría los 25 años), no como en las películas, mirando la tele, no, este, además, estaba atento.
Me senté, cerré los ojos para pensar mejor, quería estar fuera, quería salir de allí, pensé en estar fuera ya, en la libertad de salir de allí, necesitaba salir de allí; un aire frio me recorrió el cuerpo, abrí los ojos… Estaba fuera, si hubiese sabido que iba a ser tan fácil…
Ya estaba fuera, empecé a andar. Quedaban dos horas para que los londinenses se pusieran en pie, así que empecé a andar. Solo pensaba en alejarme de allí, no tenía rumbo fijo.
Vi el metro y me metí en el primero que pasó, me dolía gastar el dinero desde el principio pero si quería alejarme de allí no había nada más rápido (y económico). En una hora llegó a su última parada que resultó ser el London eye. No me subí, me senté al borde del rio y desayuné. No estaba bueno, pero era algo.
-¿Me acompañas Lai?
Me asusté, aunque sabía quién era, pegué un brinco y oí su risa a mi espalda.
-¿A dónde?
-¿Confías en mi?
-confiaba en ti antes de que te fueras sin darme ninguna explicación-no quería que notara la decepción en mi voz, pero no pude evitarlo.
-supongo que tengo que contarte muchas cosas pero… No quiero que sea aquí… acompáñame, por favor-sonaba arrepentido y suplicante-además, si hubiera vuelto no estarías aquí
-o sí, pero por otras razones, quizás porque me harté de ti, o porque…
.Laia, por favor…
Me levanté despacio y me di la vuelta. Jonathan me cogió de la mano y tiró de mí. Me llevo hasta el London Eye y no hablo hasta que estuvimos a media altura, lo que se hizo eterno.
-Bueno, supongo que mejor empezar. Laia, no he recuperado la memoria, pero sé quién soy y todo eso. Es lo que pasa cuando lees la mente de la gente.
-Y ¿desde cuándo lo sabes?
-No te enfades ¿vale?- le mire con cara de pocos amigos y asentí para que siguiera- Lo sé desde que fui a ver al Dr. John.
-¿Y quién eres?
-¿Quién soy Laia?, que pregunta más filosófica
martes, 13 de julio de 2010
capitulo 9
-No me digas Lai, no me gusta
No sabía en qué idioma estaba hablando, pero sabía que me entendería, si no ¿para qué había pasado 6 años viviendo allí?
-Pero él-señaló a Jonathan con la cabeza- te llama Lai y no le dices nada.
-No es lo mismo, a él le queda bien…-sonaba rara diciendo eso, estaba segura de que si Jonathan estuviera despierto se reiría de mi- búscate tu propia forma de llamarme.
-Laia… o no me hablas o me mandas a la mierda… ¿qué te pasa?-En verdad parecía confuso, pero había algo en sus ojos que me hacía pensar que tenía más claro que yo lo que me pasaba- Es por el beso, es que… te echaba de menos Laia.
Empezó a andar hacia mí, el azul de sus ojos me hacia sentir confusa, no sabía que pensaba, miré a Jonathan pero seguía durmiendo. Cuando Dani llegó al borde de mi cama me levanté y me senté en el sillón situado al lado opuesto al que estaba el.
-6 años…- muchas cosas quería decirle, quería gritarle todo lo que no le había gritado en todo ese tiempo, pero Jonathan seguía durmiendo, así que lo dije todo lentamente y susurrando-ni una carta, ni una llamada, ni una respuesta, nada… y ahora…ahora vienes y me besas como si nos hubiéramos visto ayer, eras importante para mí, pero me dejaste sola, y la tristeza se convirtió en odio y el odio en olvido… En mi cerebro ya no te acordabas de mí, así que se olvidó de ti. Quieres que te quiera incluso más que antes y no te das cuenta de que han pasado 6 años y que me doliste 3 de esos años, si no más.
-Laia, ¿crees que si te hubiera escrito o mantenido el contacto contigo estaría ahora, que me acordaría de ti?
Su respuesta me sorprendió, esperaba cualquier cosa menos eso. No sonaba enfadado, sonaba exactamente igual que cuando Jonathan me respondía a las preguntas no formuladas. Además, ¿Qué quería decir con eso? Me miraba con su mejor cara de prepotencia, no lo soportaba, no sabía de qué porras hablaba. ¿Qué quería decir? ¿Qué nadie se acordaba de mi? Millones de preguntas venían a mi cabeza, pero Dani no era Jonathan, no me podía dar la respuesta si no lo preguntaba… ¿estaba Dani al tanto de todo desde el principio? Se fue seis años antes ¿Cómo podía saberlo?
De repente salí de mi ensoñación con un grito que, aunque había hablado muchísimo con la persona emisora, no había oído nunca.
-DIOS LAIA! ¡PARA YA! ¡Y tú!- Jonathan miró Dani con los ojos encendidos de… ¿ira?- si quieres explicarle o contarle algo díselo, no la dejes así, ¿no ves como se pone?
Jonathan cayó rendido en la almohada. El silencio llenaba la habitación, solo se oía la lluvia caer en la ventana, a pesar de que había amanecido el cielo estaba muy oscuro, lo que hacia la habitación mas sombría de lo que ya era de por sí.
Dani y yo mirábamos a Jonathan, yo me sentía rara, Jonathan jamás me había gritado, ni cuando me iba sin él. Dani, sin embargo, tenía una mirada que jamás había visto en el. No sabía que era, pero supongo que cuando abrió la boca salieron todas sus intenciones.
-No soy yo el único que tiene cosas que contar ¿no?-sonaba desagradable y acusador, esas palabras ocultaban algo, no muy bien, algún tipo de odio hacia Jonathan que no llegué a entender- ¿Por qué no empiezas tu?
Antes de que llegara a cuestionarme nada a mí misma, Jonathan se levantó y se fue. No sé donde podía irse estando en el hospital, pensé que no sería mucho tiempo y que tendría que volver.
Observamos cómo se marchaba sin decir nada y, apenas de cerró la puerta, Dani me miró con cara de satisfacción.
-¿Quieres que te diga lo que oculta?
Tenía ganas de hacerlo, tenía ganas de romper nuestra relación, pero Dani llevaba mucho tiempo sin verme, no me conocía más y, por lo que parecía, yo a él tampoco.
-no, vete
-Pero… ¿por qué?
-Por qué no te conozco, así que vete
-si me conoces Laia, tú no tienes amnesia
- no en ese sentido…-no subí la voz, no perdí un nervio, era monótona, inexpresiva- ¿Puedes irte?
-Vale Laia, pero no te libraras de mí, yo también vivo aquí. Y cuando vuelva “Jonathan” deberías hablar con el… igual te sorprende- sonaba enfadado, celoso, amenazante…
¿Vivía aquí? ¿Qué hacia? No me importaba tanto lo de Jonathan, si se lo preguntaba confiaba en que me lo contara, pero que Dani viviera allí llamaba mi atención, y lo que era más importante, ¿Cómo sabia tantas cosas de Jonathan que yo no podía saber?
No sabía en qué idioma estaba hablando, pero sabía que me entendería, si no ¿para qué había pasado 6 años viviendo allí?
-Pero él-señaló a Jonathan con la cabeza- te llama Lai y no le dices nada.
-No es lo mismo, a él le queda bien…-sonaba rara diciendo eso, estaba segura de que si Jonathan estuviera despierto se reiría de mi- búscate tu propia forma de llamarme.
-Laia… o no me hablas o me mandas a la mierda… ¿qué te pasa?-En verdad parecía confuso, pero había algo en sus ojos que me hacía pensar que tenía más claro que yo lo que me pasaba- Es por el beso, es que… te echaba de menos Laia.
Empezó a andar hacia mí, el azul de sus ojos me hacia sentir confusa, no sabía que pensaba, miré a Jonathan pero seguía durmiendo. Cuando Dani llegó al borde de mi cama me levanté y me senté en el sillón situado al lado opuesto al que estaba el.
-6 años…- muchas cosas quería decirle, quería gritarle todo lo que no le había gritado en todo ese tiempo, pero Jonathan seguía durmiendo, así que lo dije todo lentamente y susurrando-ni una carta, ni una llamada, ni una respuesta, nada… y ahora…ahora vienes y me besas como si nos hubiéramos visto ayer, eras importante para mí, pero me dejaste sola, y la tristeza se convirtió en odio y el odio en olvido… En mi cerebro ya no te acordabas de mí, así que se olvidó de ti. Quieres que te quiera incluso más que antes y no te das cuenta de que han pasado 6 años y que me doliste 3 de esos años, si no más.
-Laia, ¿crees que si te hubiera escrito o mantenido el contacto contigo estaría ahora, que me acordaría de ti?
Su respuesta me sorprendió, esperaba cualquier cosa menos eso. No sonaba enfadado, sonaba exactamente igual que cuando Jonathan me respondía a las preguntas no formuladas. Además, ¿Qué quería decir con eso? Me miraba con su mejor cara de prepotencia, no lo soportaba, no sabía de qué porras hablaba. ¿Qué quería decir? ¿Qué nadie se acordaba de mi? Millones de preguntas venían a mi cabeza, pero Dani no era Jonathan, no me podía dar la respuesta si no lo preguntaba… ¿estaba Dani al tanto de todo desde el principio? Se fue seis años antes ¿Cómo podía saberlo?
De repente salí de mi ensoñación con un grito que, aunque había hablado muchísimo con la persona emisora, no había oído nunca.
-DIOS LAIA! ¡PARA YA! ¡Y tú!- Jonathan miró Dani con los ojos encendidos de… ¿ira?- si quieres explicarle o contarle algo díselo, no la dejes así, ¿no ves como se pone?
Jonathan cayó rendido en la almohada. El silencio llenaba la habitación, solo se oía la lluvia caer en la ventana, a pesar de que había amanecido el cielo estaba muy oscuro, lo que hacia la habitación mas sombría de lo que ya era de por sí.
Dani y yo mirábamos a Jonathan, yo me sentía rara, Jonathan jamás me había gritado, ni cuando me iba sin él. Dani, sin embargo, tenía una mirada que jamás había visto en el. No sabía que era, pero supongo que cuando abrió la boca salieron todas sus intenciones.
-No soy yo el único que tiene cosas que contar ¿no?-sonaba desagradable y acusador, esas palabras ocultaban algo, no muy bien, algún tipo de odio hacia Jonathan que no llegué a entender- ¿Por qué no empiezas tu?
Antes de que llegara a cuestionarme nada a mí misma, Jonathan se levantó y se fue. No sé donde podía irse estando en el hospital, pensé que no sería mucho tiempo y que tendría que volver.
Observamos cómo se marchaba sin decir nada y, apenas de cerró la puerta, Dani me miró con cara de satisfacción.
-¿Quieres que te diga lo que oculta?
Tenía ganas de hacerlo, tenía ganas de romper nuestra relación, pero Dani llevaba mucho tiempo sin verme, no me conocía más y, por lo que parecía, yo a él tampoco.
-no, vete
-Pero… ¿por qué?
-Por qué no te conozco, así que vete
-si me conoces Laia, tú no tienes amnesia
- no en ese sentido…-no subí la voz, no perdí un nervio, era monótona, inexpresiva- ¿Puedes irte?
-Vale Laia, pero no te libraras de mí, yo también vivo aquí. Y cuando vuelva “Jonathan” deberías hablar con el… igual te sorprende- sonaba enfadado, celoso, amenazante…
¿Vivía aquí? ¿Qué hacia? No me importaba tanto lo de Jonathan, si se lo preguntaba confiaba en que me lo contara, pero que Dani viviera allí llamaba mi atención, y lo que era más importante, ¿Cómo sabia tantas cosas de Jonathan que yo no podía saber?
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