sábado, 28 de mayo de 2011

capitulo 3.3

Desde que habíamos llegado a Huntington Beach, Jonathan había estado muy borde. Incluso antes, cuando William nos dijo que tendríamos que ir allí.

-No es nada Laia, es solo que has cambiado desde que estamos aquí.

-¿perdona?- Esa afirmación consiguió cabrearme- ¡Eres tú el que está asquerosamente borde!

-¡No es eso Laia! Es que… he estado pensando…

-¿En qué?

-No es el momento Laia… Aun no… Vamos a por la maldita carta.

Seguimos andando. Yo quería saber más, siempre quería saber más, y siempre me quedaba con las ganas. ¿En que había estado pensando? ¿Qué quería decir que YO había cambiado? Se me pasaron tantísimas cosas por la cabeza que olvidé dónde nos dirigíamos, dónde estábamos y para qué habíamos ido hasta allí.

No sé porqué pero una pregunta muy preocupante vino a mi cabeza. Era algo en lo que no me había parado a pensar nunca. Pero… ¿y si pasaba?

-Jonathan ¿Qué vas a hacer si alguna vez todo esto termina? – Tampoco sabía que iba a hacer yo, pero tenía una cosa muy clara: Cualquier lugar excepto Londres. Supongo que Huntington Beach tampoco, porque estaba Melanie allí.

-¿a qué viene eso Laia?

-Pues que tú has estado pensando y yo también, y a mí no me importa dónde hablar de ello.

-Te preocupan cosas muy raras en momentos de lo más inoportunos.

-¿Desde cuándo somos así Jonathan? ¿Desde cuándo discutimos por tonterías como un nombre o por qué te dice un viejo? –Me puse a gritar como una tonta, como una tonta en medio de ninguna parte, ninguna parte que resultaba ser la playa pero yo no me había dado cuenta.  Estaba frustrada. Estaba nerviosa. Odiaba en lo que nos habían convertido, porque eran los demás los que nos jodían la relación cada dos por tres.

Y Jonathan volvió a hacerlo, después de exactamente 20 días volvió a besarme. Esta vez sin manos en el cuello intentando ahorcarme, pero pude sentir lo mismo que la primera vez, solo que con más fuerza.  Me abrazaba tan fuerte que podía sentir su corazón, su respiración… todo.

-Te dije que no podías solucionar todo con abrazarme…

-Lo sé… Por eso te he besado. ¿Ha funcionado?

No sabía que contestarle, ¿Había funcionado? En verdad ya no gritaba. Pero seguía muy frustrada, no había contestado a ninguna de mis preguntas y un beso no iba a solucionar los problemas en los que nos habíamos metido sin querer.

-Todo esto es tan difícil… No sé cómo va a seguir, no sé cómo va a acabar… Y tú no me estas ayudando, Jonathan, son mis padres a los que mataron, soy yo la que “revivió”, y aunque no sé como tú también has acabado involucrado en esto, tu, al menos, sabes todo lo que quieres. No como yo… y encima me mentís y quieres distraerme con un beso.

-Laia, yo no…

-NI se te cruce por la cabeza volver a mentirme.

-¿cómo lo haces?- Ante mi cara de intriga prosiguió- ¿Cómo haces para convencerme de cualquier cosa con solo pedírmelo?

-Llámalo tener razón, llámalo X.

-Todo esto se está volviendo muy extraño, yo tampoco entiendo nada… Lo de la carta de “John”, lo de la caja esa, que si el hermano de William en realidad tiene nuestra edad…

-¿¡¿¡Quuuuuuuuuueeeeeeeeeeeeé?!?!

-Él… quería contártelo, por eso quiere que vayamos mañana. 

-¡Esto es increíble Jonathan! Esto ha dejado de ser el mundo real ¿Es eso? Dime que en realidad es una pesadilla y que, en realidad, estoy en coma o algo…

Su cara me dejó bien claro que no había ni un ápice de posibilidad de que estuviera soñando.

-Laia, desde siempre conviven la magia y la gente “normal” juntas… solo que no te das cuenta hasta que estás dentro…

-Quiero irme a mi casa, quiero despertarme y que mi madre me prepare el desayuno. Volver al aburrimiento que era el instituto. Yo debería estar estudiando… eso es lo único que se me daba bien… no esto…

-¿Laia? ¿Estás bien?

-No

Me volví a despertar en el hotel. Imaginarme cómo llegué allí fue una imagen que ninguna cabeza debería imaginar, no es que me importe imaginarme a Jonathan llevándome en brazos cual caballero de la edad media… Me importa imaginar las caras de la gente que nos pasaría por al lado.

Decidí incorporarme. La habitación estaba vacía. Ni rastro de Jonathan ni en el baño ni en el balcón.  No estaba segura de qué hacer. Quería salir pero ¿y si volvía Jonathan? Miré la hora, aun no era ni la hora de comer. Realmente tenía muchas ganas de salir, así que salí.  Me puse a andar sin rumbo fijo. Me puse a pensar. Esta historia estaba siendo demasiado rara, igual acababa siendo como esas series  que acaban pero nunca nadie sabe el final.

Andando por alguna parte de Huntington Beach me encontré con la que probablemente sería la persona más vieja del lugar, aunque Jonathan dijera lo contrario. El señor Nicholas Lemarks estaba sentado en un banco como si supiera que yo iba a pasar por allí… como si me estuviera esperando para contarme todo lo que quería saber.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Capitulo 3.2

-¿Perdone?- Tío, padre, tío abuelo, primo tercero… ¡cualquier cosa! ¡Pero jamás hubiera dicho hermano!- ¿Ha dicho hermano? ¿En serio?


Jonathan no sabía que le asombraba más, si lo de que fueran hermanos o que yo siguiera preguntando tan descaradamente. En ese momento estábamos atravesando un pasillo que perfectamente podía llevar a un calabozo pero a mí me interesaba más lo de su parentesco con Jonathan.

-Sí, Laia. Hermanos.

-Pero si deben llevarse… ¡no se ofenda eh!, pero mínimo 40 años.

-¿Cuánto sabes de William Laia?

-Nada, bueno… que es superborde y se ve que superdotado, aunque aún no sé en qué.

-Entonces supongo que se mosqueará si te cuento su vida, así que resolveré tus dudas en otro momento. Por lo pronto te doy lo que quiere, pero deberías saber que es de vital importancia que le llegue.

-¿Y porque nos ha mandado a nosotros? Sobre todo sabiendo que yo preguntaría sobre su parentesco y sobre qué voy a llevarle y sobre…

-¿Siempre pregunta tanto?- Esa pregunta iba dirigida a Jonathan, yo había olvidado que estaba allí, cuando quería Jonathan podía parecer invisible. No le contestó, pero todos sabemos que si no hablas dices más que si lo haces…

El señor Lemarks me dio una caja del tamaño de una caja de zapatos que venía equipada con contraseña que seguramente solo conocería el señor Lemarks más pequeño. No podía dejarme algo vital y no decirme que era, era técnicamente injusto.

-¿Qué es?

-Realmente no sé porqué mandó a alguien tan preguntón a recoger esto. ¿Estás segura que te dijo que vinieras a ti y no a él que se está calladito?- Estaba de broma, pero aún así me sentó mal.- No sé que es, lo tengo ahí desde que tengo uso de memoria y por alguna extraña razón me lo ha pedido ahora. No sé ni la contraseña. Y no dudes que aunque lo abras te encontrarás algún escáner de huellas dactilares o algo de eso.

-Que meticuloso… ¿Eso es todo? ¿Nos podemos ir ya?

-Sí.

Dimos media vuelta para salir de aquel sitio. Al llegar a la zona principal de la tienda me dio la misma sensación que al salir del cine, cuando piensas que ya es de noche pero en realidad el sol sigue brillando, y en este caso brillaba más que antes porque ya era mediodía. Jonathan y yo nos despedimos del señor Lemarks y nos dispusimos a salir de allí, pero cuando estábamos a punto de abrir la puerta…

-¡Jonathan! ¿Puedes quedarte un momento?

Miré a Jonathan con duda, él me respondió con una mirada tranquilizadora y se adentró en la tienda. Yo salí con el paquete de William. Vi una tienda de helados haciendo esquina y fui a comprarme uno. Me senté en una mesa y decidí llamar a Dani.

*Hola*

-¡Hey Dani! Ahora te toca decirme la verdad. ¿Por qué me llamaste antes?

*¡Te dije la verdad! Te llamé porque hace mucho que no hablamos… no sé qué es lo raro de eso…*

-No sé… tal vez que no se te ocurrió llamarme cuando Jonathan desapareció…

*Oh, Laia, va. No puedes enfadarte por eso, sabes que lo hice para no preocuparte*

-Eso ya lo sé, pero no me mientas ahora… ¿Qué pasa?

*Laia… ¿Cuánto vais a tardar en volver? Porque mi padre empieza a estar preocupado porque hace dos semanas que no sabe dónde estás*

-¿cómo? ¡Pero eso no puede ser! Quiero decir, ayer mismo me llegó una carta suya por medio de Catherine… si no sabe donde estoy ¿cómo hizo para hacerme llegar la carta?

*No creo que haya sido el Laia… Está realmente molesto y buscándote por todas partes, ¿Qué ponía en la carta?*

-No lo sé, no llegué a leerla, vi que la firmaba él y se la di a Jonathan…

*¿Y Jonathan está…?*

-No conmigo.

*Bueno, pues habladlo y ya me cuentas… Es muy raro Laia… ¿Quién iba a querer hacerse pasar por mi padre?*

-No lo sé Dani… Mi vida está siendo muy rara desde hace un tiempo… ¿Qué quiere tu padre de mí?

*Ojalá lo supiera Laia, tengo que dejarte… llámame ¿vale?*

-Vale, Adiós.

No sé cuánto tiempo tardó Jonathan en llegar, pero me lo pasé pensando en la carta que me dio Catherine. Estaba segura que era la firma del Señor Stewart, por eso no me molesté en leerla. Mil preguntas volaron por mi cabeza sin poder pararme a pensar en ninguna.

Jonathan por fin llegó y le conté todo. Él tampoco había leído la carta, se ve que ninguno de los dos estaba dispuesto a amargarse el día en aquel momento. Decidimos que la mejor opción era volver al hotel a ver la carta antes de ir a comer.

-Oye Jonathan, ¿Qué quería el Señor Lemarks?

-Que volviéramos mañana.

-Venga hombre, he pasado en esa heladería tanto tiempo que se me ha quedado el culo con la forma de la silla. ¿Me vas a decir que solo te dijo eso? Además, podría habértelo dicho conmigo delante. ¿Por qué me mentís todos hoy?

-¿Tienes que saberlo todo siempre Laia?

-No, pero como supongo que no estabais planeándome una fiesta de cumpleaños sorpresa… Sí.

-Pues, para serte sincero… no quiero contártelo.

-¡¡Gracias por tu sinceridad!!-Estaba siendo irónica y él lo sabía, pero aún así no iba a contarme nada.- Ojalá pudiera leer las mentes como tú, no es justo que siempre sepas todo de mí y yo no sepa nada que tu no quieras que sepa.

-Oh, tienes razón Laia. Perdón por haber nacido así, ojalá no hubiera nacido.

-¿Perdona?- Me paré en seco, sabía que estaba siendo irónico pero con ciertas cosas no se juega- Jonathan, ¿Qué te pasa?

viernes, 29 de abril de 2011

Capitulo 3.1

Sé que he tardado mucho,
tenía demasiadas cosas en la cabeza.
Prometo que el siguiente no tardará tanto...


Todo estaba muy oscuro, no veía ni siquiera mis manos. Me daba miedo avanzar. No sabía dónde estaba, ni si estaba sola, no sabía nada. Solo veía oscuridad. Me decidí a dar el primer paso, temiendo caer, pero en lugar de eso se encendió una luz. Una luz en otra parte, pero que parcialmente iluminaba el camino.

Podía ver una silueta justo en el lugar donde daba la luz. No era una persona joven, pero se le notaba una persona fuerte, la fuerza que da la vitalidad, no el gimnasio. Quería acercarme, pero tenía miedo. ¿Dónde estaba Jonathan?

Una voz en mi cabeza me dijo que avanzara, algo me decía que le mirara a la cara. Me acerqué, estaba de espaldas y justo cuando se daba la vuelta…

-¡Laia! ¿Estás bien?- Jonathan sonaba preocupado, yo aun no sabía qué estaba pasando.

-Si… yo… no… ¿qué pasa?

-Mírate- Lo hice, estaba sudando- Y si te hubieras escuchado… No sabía que hablaras en sueños… En todo el tiempo que llevamos juntos nunca lo habías hecho, menudo susto me has dado… ¿Qué soñabas?

-No… no lo sé

Realmente no lo recordaba, recordaba un sentimiento, una voz, pero nada más.

-Bueno, Lai, son las ocho… ¿bajamos a desayunar?

Desayunamos en el hotel. El plan de Jonathan era desayunar e ir a buscar lo que fuera que quisiera William. A decir verdad yo no estaba centrada, quería recordar que había soñado, quería ir a visitar a Melanie, quería saber cosas que escapaban a mi sabiduría… Creo que estaba en cualquier parte menos escuchando lo que decía Jonathan.

Para ir a hacerle el recado a William cogimos un taxi. Por primera vez me atreví a preguntarle a Jonathan que clase de persona íbamos a ver. Según parece Jonathan solo sabía la dirección porque parecía que fuera la primera vez que abría la carpeta que William le dio en el aeropuerto.

-Parece que es pariente de William. Nicholas Lemarks.

-Nicholas, William… pensaba que era español… ¿Qué nombres son esos?

-Nicholas tampoco es tan raro.

Ignoré el último comentario, no tenía ganas de discutir por el nombre de una persona que ni siquiera conocía, pero que me sonaba extrañamente demasiado. Me pasé el viaje haciendo un repaso mental de todos y cada uno de los Nicholas que había conocido, pero llegué a la conclusión de que igual me sonaba de alguna de esas personas que conoces una vez y no las vuelves a ver.

Justo cuando llegamos sonó mi móvil, creo que me alegré un poco al ver que era Dani el que me llamaba. No sé porqué, pero tampoco me interesa.

-¡¡¡Daaani!!! ¡¡Melanie está aquí!!

-Melanie… - Hubo un incomodo silencio en el que me dio tiempo a pensar que lo mismo Dani se fue antes de conocerla- ¡¡AAAAaaahh!! ¡Melanie! Que maja Melanie…

-¿Te acuerdas o lo dices para quedar bien? – le dije entre risas

-Me acuerdo, me acuerdo

-¿Si me ve crees que se acordará de mi y podremos tener una relación normal?

-No

-Gracias por romper mis sueños- En el fondo me quedaba una esperanza- ¿Por qué me llamabas?

-Porque no sé nada de ti desde que te fuiste a Barcelona, y si no te llamo volverás a no hablarme.

-Que tonto eres a ratos, de verdad- Vi a Jonathan haciéndome señas para que me centrara en lo que teníamos que hacer- oye sweetheart, tengo que dejarte que tenemos una “misión”, te llamo esta noche o algo, bye

Guardé el móvil y me acerqué a Jonathan que estaba parado en la puerta de la tienda más antigua de la calle. No es que las demás destacaran por su modernidad, sino que esta destacaba por su antigüedad.

Entramos en esa tienda. Todo estaba muy oscuro, mis ojos no se habituaban después del sol que hacía fuera. Me daba miedo avanzar. Tenía una sensación rarísima.

-¿Laia?- La voz de Jonathan consiguió de alguna forma relajarme.

Me cogió de la mano y me decidí a dar el primer paso, temiendo caer, pero en lugar de eso se encendió una luz. Una luz en otra parte, pero que parcialmente iluminaba el camino. Todos los objetos que llenaban las estanterías parecían muy antiguos y, sin embargo no conocía ninguno.

De repente se encendieron todas las luces dejando a la vista que esa no era una tienda cualquiera, esos objetos posiblemente no estuvieran a la venta en ningún sitio, pero ¿Quién entraría a una tienda que daba la impresión de pertenecer a la mala época del siglo XV?

De una puerta casi invisible salió un señor, esta vez un señor de verdad, de unos 60 años, aunque su vitalidad parecía de un quinceañero. Parecía tener más fuerza que Jonathan y yo juntos. Al verlo, todas las imágenes de mi sueño volvieron a mi cabeza. La oscuridad, el miedo, la voz… y su cara. ¡Ya había soñado con él!

-¿Señor Lemarks?- Decidió aventurar Jonathan.

-Jonathan, Laia.

¿Le había dicho William que iríamos? En ese caso, nadie debía entrar a esa tienda, porque era imposible saber que éramos nosotros con solo mirarnos… ¿No?

-Por favor-continuó- acompañadme y os daré lo que William quiere.

-Perdone… -Iba a sonar cotilla, y posiblemente muy directa, pero hay ciertas preguntas que o las haces o te quedas con la intriga hasta el fin de los días. Esas preguntas que solo puedes hacer una vez- ¿Qué son William y usted?

Jonathan no se esperaba esa pregunta, porque me miró con la cara con la que me miraría cualquier persona normal, pero por alguna razón al señor Nicholas la pregunta pareció hacerle gracia.
-¿William y yo eh? Podría ser su abuelo ¿verdad?- todo lo decía con una calma increíble y entre risas, no sé que le hacía tanta gracia- Bueno… Pues William y yo somos… Hermanos.

domingo, 20 de febrero de 2011

Capitulo 3.0

Era una mañana perfecta, el sol brillaba en mi ventana dando lugar a una imagen de la habitación alucinante que me hacía querer quedarme allí siempre. Yo estaba en la habitación de mi hermana, esa noche no había querido dormir en la misma cama que Jonathan por sus indirectas de la tarde anterior. Se puede decir que soy rencorosa, pero si por lo menos hubiera venido a disculparse…


-Laia-sonaba tímido, como si en el fondo le diera miedo hablarme… igual pensaba que le mandaría a la porra solo por dirigirme la palabra- tenemos que irnos.

-Lo sé- cogí la maleta y me dirigí a la puerta pasándole por al lado como si no estuviera allí.

Jonathan había llamado a un taxi que nos esperaba en la puerta, yo pensé que William nos enviaría un coche con Isabel e instrucciones precisas en plan peli de acción pero me dejó con las ganas.

Llegamos al aeropuerto y vimos a William esperándonos. Esa imagen sí que era de película. Llevaba traje, unas gafas de sol y un maletín negro (solo le faltaba llevarlo esposado). A su lado estaba Isabel. Con su indispensable Ipad, y su vestimenta estilo Dra. Saroyan de Bones.

-Chicos, me doy prisa que tengo que ir a una reunión- abrió el maletín y le dio una carpeta a Jonathan- Dentro tenéis los billetes, hotel y demás… La información del hombre que tenéis que ver está ahí también, no será difícil de encontrar. Tenéis una semana.

Se fue sin decir nada más. Me dejó anonadada su seriedad, no le pegaba para nada.

-Mira Laia, Catherine- Jonathan quería parecer simpático ahora, total, ya nos íbamos.

-Jonathan, esa no es Catherine

-¿Cómo que no?

-Reconozco a Cat cuando la veo y te digo que no es ella.

Y en efecto, no lo era. La farsante se acercó, Jonathan se puso delante de mí de manera protectora, yo estaba segura que si quisiera matarme pasaría por encima de Jonathan como si fuera una simple pelusilla. Sin embargo no quiso atacarme, solo me dio una carta. Una carta y se fue.

La abrí de inmediato, al ver la firma se la pasé a Jonathan, la firmaba Doc., no quería leerla, no quería arruinarme doce horas de viaje hasta California. No quería perder los nervios más de lo que los había perdido al ver una falsa Catherine. Cogí el móvil y llamé a William para decirle que busque a Cat y que la cuide por mí. No creía que le hubiera hecho daño pero tenía que estar segura. Jonathan me cogió la mano y no me soltó hasta que estuvimos en el avión sentados.

Tan pronto como nos sentamos me puse a llorar. No sé porqué. Creo que estaba nerviosa por Cat. Tenía miedo de que le hubiera pasado algo por mi culpa. El maldito doc. se estaba metiendo con todo lo que quería y no había nada que pudiera hacer. Jonathan me abrazaba, pero yo no podía parar, empezaba a odiar los aeropuertos.

Cuando llegamos yo estaba dormida, Jonathan me despertó para que me pusiera en cinturón otra vez antes del aterrizaje. En Huntington Beach el sol brillaba muchísimo más que en Barcelona. En un determinado momento pensé que aún dormía, porque la imagen del sol entrando por la ventanilla mientras iluminaba a Jonathan era sacada de un sueño.


El aeropuerto estaba abarrotado de gente, familias y amigos tanto reuniéndose como despidiéndose. Supongo que en el fondo me sentí un poco sola al verlos, yo tenía a Jonathan, pero no era lo mismo.

El hotel que nos había reservado William era tan pijo como el, me daba vergüenza entrar al hotel donde todo el mundo (servicio y clientes) iba tan elegante. Yo era la única en ese lugar que llevaba zapatillas. La habitación era bastante amplia y William había tenido la delicadeza de pedirnos dos camas. No pasamos mucho tiempo allí, yo quería ver Huntington Beach, teníamos una semana para estar en este paradisiaco lugar, el hombre del recado podía esperar un día más.

Salimos después de que le preguntara a la recepcionista dónde quedaba la playa, era lo primero que quería ver. No hacía un calor abrasante, pero tampoco hacía frio. Así que nos pusimos los bañadores por lo que pudiera surgir.

Lo que pasó en la playa no sé cómo describirlo, fue un momento feliz que se volvió triste por la mente previsora de Jonathan…

-¡Jonathan! ¡Es Melanie!!- Empecé a correr dispuesta a llamarla pero el fuerte brazo de Jonathan me cogió antes de poder moverme- ¿Qué haces?

-¿En qué piensas Laia?- Parecía enfadado- ¿Vas a salir corriendo a su encuentro después de lo que pasó con Catherine?

-Pero la reconocí! Supe que no era ella con solo mirarla!

-Laia, aun no sabes si Catherine está bien y vas a venderla a ella también. ¿No ves que Doc. se mete en tu mente como le da la gana?

Miré a Melanie, me sorprendí al verla rodeada de tíos típicos Californianos, no le pegaba, pero lo que más me sorprendí fue verla al lado del único e inigualable (a no ser que tuviera un gemelo escondido) Zack Merrick. En ese momento cogía la tabla de surf para meterse al agua. Pensé que Zack le habría enseñado, pero no estaba en lo cierto. Quise ir a ayudarla pero lo que había dicho Jonathan era verdad. No quería que otra amiga mía sufriera, además, seguro que le hizo más ilusión que fuera Merrick al rescate aunque se riera de ella.

Después de ese momento desastroso no tenía ganas de seguir en Huntington Beach. Saber que Melanie estaba allí y que no podía hablar con ella me deprimía. Jonathan me compró un helado y nos sentamos en la orilla.

-El día más largo de mi vida y el más horrible.-En Huntington Beach no era ni mediodía, maldito cambio horario…- Es injusto Jonathan… ¿Por qué no me dejó morir desde el principio?

-No sé Lai… me asustaría entender lo que hace… ¿Te recuerdo que me salvó solo porque podía usarme para matarte?

-¿Crees que no puede matarme el mismo? Quiero decir, primero Dani, luego tú… he estado en su “consulta” mucho tiempo, creo que podría haberlo hecho ahí sin problema.

Vi a Melanie irse, ella no me había visto, aunque supongo que estaría un poco desorientada después del golpe que se había dado. Volví a mirar a Jonathan que seguía pensando la respuesta a la pregunta que dejé en el aire. Decidí seguir comiéndome mi helado.

-Jonathan, creo que soy muy blanquita y no tenemos crema… terminaré quemándome… ¿volvemos al hotel o algo?

Jonathan decidió que teníamos que ir a comer así que fuimos al típico McDonald’s. Comer después del postre era un poco extraño pero puede hacerse. No resultó tan mala combinación. Pasados unos diez minutos de habernos sentado sonó mi móvil.

-Diga

*Laia, soy William ¿No tienes identificador de llamadas o qué?*

-No lo miré Mr. Yosoycoolasiquequiereme, ¿Qué sabes de Cat?

*Está aquí conmigo. Está bien, no le había pasado nada*

-¿Y qué hace contigo entonces?

*Adiós Laia*

-¡Me ha cortado! ¿Qué porras hacen juntos?

-Bueno Laia, Catherine es guapa, William, aunque raro como él solo, es guapo. Son cosas que pasan…

Si hubieran sido otros dos nombres me hubiera reído, pero no me convencía nada la relación Catherine-William. Pasamos la tarde durmiendo, el cambio horario hacía estragos en mi sueño y no podía mover ni un músculo. El día no había sido uno de los mejores de mi vida, desde luego…

jueves, 10 de febrero de 2011

capitulo 2.9

Ya habían pasado las dos semanas reglamentarias para poder volver a Londres. Jonathan había estado tan normal como siempre, por lo que ya podíamos volver, pero yo…


-Jonathan, no quiero volver a Londres- soy un poco directa, sí, pero hay confianza ¿no?- No me gusta el clima además, allí hay problemas cada dos días y allí la gente quiere matarme.

-En todas partes hay gente que quiere matarte Lai, reconócelo. No quieres volver porque odias la lluvia.

-Y tú el Big Ben

-No lo odio, solo no me gusta. ¿Qué quieres que hagamos? Sorpréndeme…

-¿quedarse aquí no es una idea?

-No me malinterpretes, Catherine me cae bien, pero ya sabes los perversos que son los planes de Doc.

Desde que me encontré con Catherine en el centro habíamos quedado día sí día también. Me encantaba pasar el rato con ella. Era todo normal. La última semana Jonathan se había ido relajando, pareciendo casi normal, pero se le notaba que aún estaba muy tenso.

-Jonathan, esto es peor que destino final. Llevamos aquí dos semanas y aun no han intentado matarme…bueno…-le miré y casi sin querer desvié la vista.

-Laia, yo no…-Sonó el timbre para salvarnos del giro que había dado la conversación.

-Voy a abrir. Seguramente sea Cat. Relájate ¿vale?

Fui a la puerta y al abrir me encontré nada más y nada menos que con William.

-Tú no eres Catherine

-Mmm…-Se llevó la mano al pantalón y se miró sus partes- Diría yo que no, no.

-¡Dios mío! ¡Qué asco! ¿Cuándo te has vuelto tan idiota?

-Pensaba que siempre lo había sido ¿Me dejas entrar?

-no

Cerré la puerta, pero él la abrió detrás de mí y entró acompañado.

-¡Mira quien ha llegado! Creo que ella sí que es… ¿Catherine?

Cat y yo le miramos, mi mirada era totalmente asesina, pero la de Cat…

-¡Dios! ¡Cat no! Cualquiera menos el bipolar este.

-¿Perdona?-dijeron Cat y William tan a coro que me sorprendieron

-¿Qué quieres bipo?- De verdad que no quería verle

-¿Dónde está Jonathan?

-Cocina-desapareció detrás de la puerta- Catherine, si alguna vez vas a cruzarte con William, sal corriendo. Es el ser más… extraño que puede vivir en Barcelona.

-Laia, no puedes quedarte con tooodos los tíos buenos del mundo.

-Te juro que te daría a William con un lazo en la cabeza, pero este chico tiene rollos muy extraños.

-Sé cuidarme Laia-me contestó entre risas- ¿qué era lo que tenías que decirme?

-¡Ah! Sí… -No recordaba que le había mandado un sms para que viniera- Es que hay un 98% de probabilidades de que mañana, si no esta tarde, me vaya otra vez.

-Joder… ¿quieres que te acompañe al aeropuerto o algo?

-No hace falta… pero si quieres te mando un sms para decirte cuando me voy

-Perfect then. Me voy a la EOI que no llego- me guiñó un ojo y se fue.

Yo me fui a la cocina a ver de qué hablaban y lo que me encontré se puede describir de cualquier forma menos agradable. Jonathan estaba en una silla sin camiseta, pero William le estaba…

-¿Qué hacéis?

-Le quito los puntos, ¿no querrás que se quede así para siempre?

-No, Pero… ¿tiene que ser en mi cocina?

-si

Esperé a que terminaran, pero no allí, por supuesto. Me daba muchísimo asco ver lo que hacían. Cuando volví la cara de William no me gustó un pelo.

-Laia, tenemos que hablar

-Uish… que mal rollo… ¿Qué pasa?

-Pues que todo tiene un precio y lo del chip no iba a ser menos.

-Algo me hace pensar que no quieres dinero- Jonathan decidió hacer acto de presencia una vez se había puesto la camiseta.

-No, quiero que me hagáis un “recado”- El tono en la palabra recado me hizo pensar que no quería leche y galletas exactamente. Ante nuestras miradas expectantes, prosiguió- Necesito que vayáis a ver a una persona de mi parte y me traigáis lo que os de.

-¡¡Cuánto misterio amigo mío!! ¿Quieres ir al grano? ¿Dónde vive esta persona?

-En California, Huntington Beach para ser más exactos. Os daré los datos de cómo encontrarle en el aeropuerto. ¿Cuándo os vais?

Miré a Jonathan dejándole la decisión a él con una mirada. Él no se sorprendió de esto y decidió que nos iríamos la mañana siguiente y William se fue, dejándonos solos otra vez.

-Estarás contenta…

-¿yo? ¿Por qué?

-Bueno- no era un reproche, pero había algo en su voz que me decía que él no estaba contento- Esta mañana me dijiste que no querías volver a Londres y no volvemos y además, tenemos que ir, nada más y nada menos, que a California, ¡tu estado favorito!

-Vale que esta serie de acontecimientos parezcan venirme al pelo, pero ¿de verdad crees que tengo ganas de hacerle los recados a Mr. Yosoycoolasiquequiereme? Jonathan, puede mandar a cualquiera pero nos manda a nosotros, ¿de verdad crees que va a ser como unas vacaciones por Huntington Beach?

Salí de la cocina indignadísima, ¡Ni que lo hubiera planeado yo, oye! Le mandé el mensaje a Catherine y me fui a hacer la maleta. No volví a hablarle a Jonathan en toda la tarde… igual llevábamos demasiado tiempo juntos…

miércoles, 5 de enero de 2011

Capitulo 2.8

Para Irene...
Tenia una dedicatoria pendiente
y en este capitulo queda especial =)

-¿cómo que qué hago aquí?- Estaba un poco asustada, no podía haber perdido la memoria otra vez- ¿Qué pregunta es esa Jonathan?


-¿Verdad que es eso lo primero que te dije?

-Si… Eres un idiota, casi me matas del susto

-Lo siento Lai- lo dijo entre risas, algo le divertía y yo no sabía el qué- es que, por alguna razón he soñado con eso

Acabó su frase con su perfecta cara angelical, odiaba esa cara porque nunca podía negarle nada.

-No fue “por alguna razón”, fue porque estaba pensando en eso antes de que te despertaras, aunque fue la primera vez… vas con retraso?

-¿Qué?- le había extrañado la pregunta, de eso no había duda, su cara era el más fiel reflejo al sentimiento de no entender nada.

-Nada déjalo…

Me levanté y fui al baño que estaba en la habitación. No cerré la puerta, no quería perderlo de vista. Empecé a lavarme los dientes, no quería mirar el reloj, sabía que era muy pronto para mi, para cualquier ser humano, así que seguía con mi vida como si fuera una hora normal.

-Laia, sigo pensando que eres valiente y estúpida a la vez.

-¿pefdona?- vale, con el cepillo de dientes en la boca no sonaba muy bien, pero realmente me irritó esa afirmación que no venía a cuento.

-Bueno, que te sea tan fácil seguir la mañana después de todo lo que pasó ayer… asusta.

-¿te acuefdas?

-No, pero tú sí. Por cierto Laia ¿Sabes qué hora es? Son las…

-¡¡NO ME DIGAS LA HORA!!-por decir eso y salvar mi mañana… escupí todo el espejo y parte del lavabo- mierda…

Jonathan empezó a reírse, por mucho que me gustara su risa podría haberme evitado la molestia, sabía lo poco que me gustaba levantarme pronto, si encima me lo restregaba…

-No es divertido…

-Eso es porque no te has visto.

Cogí una bayeta y me puse a limpiar, cuando terminé y miré por el agujero de la puerta Jonathan ya no estaba. Realmente odiaba su capacidad de desaparición. Bajé las escaleras y ahí estaba. Realmente me encantó ver esa escena. Jonathan estaba haciendo el desayuno. Era una escena tan normal, tan tranquila, como si nada hubiera perturbado mi vida nunca.

-Jonathan- se dio la vuelta esperando que prosiga- eres lo mejor que tengo.


-No exageres- se dio la vuelta pero pude ver cómo se avergonzaba.

-No lo hago, de verdad… Oye Jonathan, ¿Has estado alguna vez en Barcelona?

-Ahora, ¿por?

-¿Quieres que salgamos en plan guiris?- Me senté a la mesa mientras esperaba su respuesta.

-Define guiri

-Mmm… Extranjero buenorro… no… no es una buena definición para ti… ¿Quieres o no?

-¿Suuupongo? y ¿dónde vamos?

-¡Pues al centro! Tranquilo, no hay Big ben en Barcelona

Se acercó a la mesa, dejó sus cosas del desayuno y me trajo las mías, cuando me acercó el brazo vi mi muñequera, ya ni me acordaba.

-¡Aún llevas mi muñequera!

-Y tu mi colgante

Me llevé la mano al cuello casi sin darme cuenta, ahí estaba.

-¿Lo quieres de vuelta?

-Da igual, puedes quedártelo por ahora, ¿Quieres tu muñequera?

-No… te queda mejor que a mí.

-¿Cuándo volvemos a Londres?

-Creo que William me dijo que nos quedemos un par de semanas, pero para serte sincera no me acuerdo.

Después de comer fui y me duché en el baño de arriba mientras él se duchaba en el de abajo. Salimos y cogimos el L2, lo bueno de salir a la hora de la siesta era que no había casi nadie en el tren. Bajamos en la puerta de La Sagrada Familia, por alguna razón se moría de ganas por entrar.

-Pero por dentro no es bonita Jonathan, está en obras, y si no te gustó el Big Ben… esto tampoco.

Igualmente me hizo entrar y, al contrario de lo que yo creía, le encantó. Me hizo subir hasta la torre más alta y aún doy gracias de que el ascensor estuviera abierto.

-No entiendo por qué te gusta un reloj en un edificio y esto no, igual cuando la terminen te gusta más…

-¿Cuánto crees que tardarán en terminarla? Ya llevan tropecientos años en ello, no la van a terminar antes de que muera Jonathan.

Llegamos a la Diagonal, se ve que ya no era la hora de la siesta porque la calle estaba más llena que el metro de Japón. A lo lejos la vi, no me acordaba que estaba en Barcelona, nunca pensé que podría encontrarme con una… amiga.

-Jonathan, rápido, ¿En qué idioma estamos hablando?

-¿español?

-Bien…

Catherine se acercó tan rápido que en darme la vuelta para mirarla ya estaba a mi lado.

-¡¡Laia!! No sé nada de ti desde… hace mucho ¿Qué tal estás? Pensé que estabas estudiando en Oxford o algo así.

Nos abrazamos cómo si hiciera doscientos años que no nos veíamos, realmente no nos veíamos desde el accidente de mis padres. Yo estaba segura de que el señor Stewart me había borrado de la mente de todos mis amigos.

-¡Jo Cat cuanto tiempo…! Pues… he estado en Londres, pero no estudiando- realmente me alegraba de verla.

-¿Dónde ibais?

Miré a Jonathan que me entendió sin que tuviera que decirle nada. Con una mirada me dejó claro que no le importaba que se uniera. Acabamos sentados en un banco del primer parque que encontramos.

-Bueno Cat, cuéntame que me he perdido

- Pues Melanie esta en California con su padre, jamás imaginarias quien es y Mpi se ha ido a estudiar a su pueblo.

-Chicas- Jonathan hacia acto de presencia- voy a comprarme un helado o algo, ahora vengo

Nada más irse Catherine hizo la pregunta que cualquier persona normal y con buen gusto hubiera hecho.

-Laia, ¿De dónde has sacado a ese muchacho? Por cierto, ¿Sabe que estamos en invierno no? No va a conseguir helados tan fácilmente

-¿Jonathan? – No pude contenerme la risa, ¿cómo decirle de donde lo había sacado?- de… Londres y no dudes que conseguirá el helado sin esfuerzo.

-¿No tendrá un hermano no?

-Pues sí… pero no sé… ¿Te acuerdas de Dani?

-No me digas eso

Perdimos la tarde hablando, necesitaba desde hacía mucho hablar con alguien como una persona normal, nada de salvar al mundo, ni leer pensamientos, ni chips, ni dobles personalidades, simplemente normal.

Ya volviendo a casa Jonathan preguntó lo que me rondaba por la cabeza.

-¿No se suponía que tus amigos se habían olvidado de ti?

-Creo que sí… ¿crees que es malo que se acuerde de mí?

-Esperemos que no…

martes, 21 de diciembre de 2010

capitulo 2.7

Para Marina que ha sido la primera en leerlo
Feliz cumple amore...



Creo que pasé en esa bañera sólo un minuto, pero se me hizo eterno… tiendo a hacer que los momentos parezcan más largos de lo que realmente son.


Me ponía realmente nerviosa no oír nada. Jonathan ya no hablaba, de hecho, dejó la conversación a medias y ¿William? Tampoco decía nada. Llegó un momento en que mi paciencia alcanzó su límite y salí. Abrí la puerta no muy segura de lo que podía encontrar. Pero no encontré nada. No estaban ni Jonathan ni William y no se oía nada en la casa como para decir que estuvieran peleando en otra parte de la casa.

No sé por qué pero salí corriendo de mi casa y cogí el primer bus que llevaba a casa de William. Si no estaban en mi casa podrían estar allí y sino… Nada, no se me ocurría nada mejor. Bajé del autobús a 4 calles de su casa. Otra vez empezó a nevar. Realmente tenía un objetivo y quería conseguirlo. Llegué a su casa, pero no había forma posible de entrar sin llamar. Llamé al timbre, nada perdía por probar, y, a pesar de todo, Isabel abrió la puerta.

-En el sótano

Bajé las escaleras corriendo y allí estaban. Jonathan estaba inconsciente encima de una camilla y William se preparaba para… ¿Operar? Yo no pude evitarlo y me tiré encima de William con toda mi rabia contenida y la violencia que salió de partes desconocidas tirándolo al suelo Muy a mi pesar me levantó del suelo sin esfuerzo aparente y m e sentó de golpe en una silla.

-¿Quieres que se lo quite no? Pues tiene que ser rápido porque no se cuanto tiempo tengo- William empezaba asustarme ¿Tiempo? ¿Para qué? ¿Era por Jonathan o era por él?- Quédate ahí quietecita y no molestes.

Realmente no me moví. Lo vi mientras abría a Jonathan y trabajaba con él. No fue una experiencia agradable en absoluto. Jonathan sangraba, Isabel iba y venía ayudando a William y éste no sacaba las manos de Jonathan por mucho que sangrara. Pasó una hora, esta vez de reloj, hasta que William se lavó las manos y se acercó a mí.

-Ya está, creo que funcionará, pero no sé cuánto tiempo, tú si ves el reflejo de Jonathan corre. Si le da otro ataque tardará 3 días en volver, pero volverá. Quedaros en Barcelona 2 semanas más o así por si acaso le vuelve a dar, aunque no debería.

-Pero William…- Yo aún estaba arrinconada en la silla tal y como él me había dejado, muerta de miedo además- Antes no, ahora sí… No lo entiendo, ¿Qué te pasa? ¿Tienes doble personalidad o algo?

-No exactamente, ahora Isabel os llevará a tu casa, no salgáis en, al menos, dos semanas.

-Pero…

-¡Nada de peros Laia, salid de aquí que no queda tiempo!

-¿Y cómo voy a reconocer al William que me ayudará?

-Eso, Laia, no lo sabemos ni tú ni yo…

Diciendo esto abrió una puerta y se fue por ella. Isabel apareció por las escaleras con un hombre, aunque más que un hombre era un gorila. El hombre cogió a Jonathan y empezó a subir. Isabel y yo les seguimos. Al subir al coche me asaltaron las dudas. ¿Qué significaba “no exactamente”? No entendía qué le pasaba y, por lo que parecía, él tampoco.


-Isabel…

Ella levantó la vista de su Ipad y me miró como si que yo le hablara no entrara en sus planes.

-¿De qué conoces a William?

-Pueees… Es una larga historia

-Todos ponéis la misma excusa, pero a ninguno se os ocurre resumir.

-Si resumes, la historia pierde valor.

-¿Y sabes que le pasa?

Su mirada me dejó claro que no, bajó la cabeza y siguió en su Ipad dando por cerrada la conversación. Mujer de pocas palabras desde luego. Tenía que ser una historia muy bonita para que le dejara mangonearla de esa manera, pero algo me decía que nunca llegaría a saberla.

Llegamos a casa y dejaron a Jonathan en la cama de mis padres. Era increíble volver a verlo así, tan vulnerable, tan indefenso… Entonces caí en la cuenta de que no tenía ni la menos idea de cómo tenía que cuidar a Jonathan. Pensé en llamar a William pero algo me decía que mejor no hacerlo. Decidí esperar y ver cómo se desarrollaban los hechos. No era normal que yo tuviera que hacerme responsable de Jonathan, normalmente él cuidaba de mí, no al revés.

Mientras lo miraba dormir recordé la primera vez que abrió los ojos y hablamos. Un tipo de lo más raro, pero después… cambió, no sé.

"-¿Por qué estás aquí?


-intento de suicidio y por unas estúpidas pruebas que no me dejan irme.


-curioso…


-¿qué te parece curioso exactamente?


-has intentado matarte, has sobrevivido y ahora miras la tele como si estuvieras aquí por un constipado… yo no podría, pienso que eres valiente y estúpida a la vez.


-oye, ¿quién te crees que eres?


- me llamo… Lo siento, no lo recuerdo


-¿por qué estás aquí?


-no lo sé, simplemente desperté aquí."
Me entró la risa al recordarlo. Menuda situación más estúpida. Si alguien nos hubiera visto… Yo de los nervios y el tan tranquilo… Solté la carcajada sin más y, sin querer, lo desperté.

-¿Lai? ¿Qué ha pasado?

-No es el momento Jonathan, ¿Estás bien?

-Me siento raro, pero sí.

-Bien, pues sigue durmiendo, me voy a la cama de mi hermana…

-¡Laia!- Me giré extrañada, no solía llamarme así- quédate conmigo…

Me acosté a su lado, me sentía más tranquila con él. Respiraba lentamente. No pude evitarlo y apoyé la cabeza en su pecho para sentirlo respirar. Subiendo y bajando al ritmo de su respiración me quedé dormida.

Me despertó la luz que se metía por los huecos de la persiana, no podía volver a dormir así que puse la tele con el volumen muy bajito y me puse a hacer zapping, él despertó y dijo:

-¿Por qué estás aquí?



sábado, 18 de diciembre de 2010

Capitulo 2.6

-Lai… Es que, con respecto a eso… Tenemos un problema…


Claro que sí, ese era Jonathan. No diría nada sin dar rodeos. Este era un gran defecto, uno de los poquísimos que tenía.

-Sorpréndeme

-Bueno, es que… no me acuerdo

-¿De que no te acurdas? ¿Del problema?

-No, no. Ese es el problema… Es que no me acuerdo de nada desde que…

-¿Desde que…?

-Pues, más o menos… lo último que recuerdo es… cuando estábamos en el aeropuerto. Cuando te…

-Venga Jonathan, puedes acabar la frase. ¿Cuando me atacaste?

-Bueno, -sonaba ofendido- yo le hubiera llamado besarte, pero si te sentiste atacada… aunque creo que tú no opusiste resis…

-Espera, espera, espera, -Le corté. No lo entendía. Si eso era lo último que recordaba, ¿Por qué estaba en mi casa? ¿Qué hacia ahí antes que yo?- ¿No te acuerdas de lo que pasó después del beso?

-Mmm… no… ¿Qué pasó? Laia, ¿te pegué?- sonaba cada vez más y más nervioso- Joder Laia, ¡no me acuerdo! ¿Qué pasó?

-Esto…- ¿Cómo empezar? No se acordaba de nada- No tiene importancia…

Supongo que me delató mi maravillosa cualidad de no saber mentir. Casi sentía cómo rebuscaba en mi cerebro para ver qué había pasado, no podía bloquearlo. No podía ocultarle nada. Pero igual…

-¡Pero igual!- Me tapé los ojos con las manos como si eso fuera a evitar que estuviera en mi cabeza- Igual no es lo mejor que te lo muestre yo. Igual yo… Por lo que siento por ti… Igual lo he exagerado, no sé.

-Pero si yo te he hecho daño a ti, me interesa cómo lo hayas visto tú, no lo que otro cree que he hecho.

-No quiero. No quiero que lo veas de mi. Yo… salí de mí, lo vi todo desde fuera.

-Y si no… ¿Cómo me voy a enterar de lo que te hice?

El silencio llenó la habitación. Yo le miraba a los ojos, sus profundos ojos verdes que casi me pedían por favor que le dejara entrar en mi cabeza.

-Vale… Pero no te enfades.

-¿Con quién?


-Contigo… Por favor.

Lo volví a sentir cómo se metía en mi cabeza. Noté, también, que nunca antes me había dado cuenta cuando Jonathan me leía la mente. Miré a mi alrededor mientras él lo veía todo. Ya era de noche, la luz de la habitación estaba encendida. Miré a Jonathan y volví a quedarme a cuadros. Su reflejó, estaba en la ventana detrás de él. ¡Ahí estaba otra vez!

-Jonathan… tu reflejo…

-No sé dónde está Laia- su voz sonaba ahogada, habría llegado a la peor parte.

-Detrás de ti

Me miró con cara de interrogante y miró a la ventana. Se acercó a ella y tocó su reflejo. Yo lo veía normal, un reflejo como otro cualquiera, pero él…

-¡Laia vete!

-¿Qué?

-¡VETE!

Salí de la habitación y oí cómo Jonathan cerraba la puerta detrás de mí. Estaba asustada. Bajé al salón. Una voz en mi cabeza me gritó “Más lejos”, pero la ignoré. “Aléjate de mí”. Lo oía, pero no quería. No quería dejar a Jonathan otra vez. Vale que no me había esforzado mucho buscándole, pero realmente lo necesitaba. Dejándolo solo causaría más problemas, sobre todo para mí.

Lo mejor que se me ocurrió fue meterme en el baño. El único sitio con pestillo. No me pareció mucho mejor que huir, pero por lo menos no le dejaba. Oí un golpe cuando se abrió la puerta de la habitación.

-¡Laia! ¿Dónde estás?- no sonaba a Jonathan-Sé que estás ahí… Venga sal, que estoy bien.

Me estaba asustando cada vez más. No era él, lo sabía, pero aún así…

-Venga Laia, lo siento. Te juro que no me acordaba.

<< No es él Laia, no es él >>No podía parar de pensar eso…

Jonathan le dio tal golpe a la puerta del baño que del susto me metí en la bañera. Una reacción estúpida realmente, lo sé. Pero era algo que hacía desde pequeña.

-¡LAIA! ¡Sal de ahí! Pero que haces tú aquí Willi…

Dejé de oír a Jonathan. Algo iba peor que mal. ¿Willi? ¿William? ¿Qué hacia William en mi casa? ¿Cómo había entrado?

martes, 7 de diciembre de 2010

capitulo 2.5

-¿Por qué lloro?- estaba a punto de meterle una torta. La alegría de verle estaba dejando de cegarme y recordé el tiempo que pasé preocupada, todo lo que hice, y solo por él- vives en un frasco de mayonesa Jonathan.


-¡Eeeh! ¡El borde soy yo! ¿Qué pasa Laia, España es tu territorio?

-Jonathan, en mi periodo en Barcelona, me he dado cuenta de que, en realidad, eres un cielo.

-¿Me vas a dejar entrar o me vas a tener en la puerta hasta que muera congelado?

-Debería dejarte ahí e irme a mi habitación vacía y olvidarte.

-¿de verdad quieres olvidarme?

No podía soportarlo, su cara me podía. Ver sus ojos verdes, su pelo, volver a oírle como si no hubiera pasado nada… como si no hubiera pasado nada… ¿nada? Le dejé entrar, le dejé campar a sus anchas. Yo me fui a la habitación de mis padres y me tumbé en la cama. Pasaron 10 minutos hasta que Jonathan me encontrara, y eso que mi casa no era muy grande…

-¿de verdad quieres olvidarme?

-no… ¿y tú a mi?

-sería imposible.

-Entonces… ¿no tienes nada que contarme?

-Tienes razón- Le miré expectante esperando su respuesta- Mientras no estabas… me lié con alguien.

-¿Qué?- no era lo que me esperaba

-Jo Laia que inocente eras… si quisiera contarte algo, te lo contaría.

Se acercó y se sentó al otro lado de la cama.

-Te odio Jonathan- Me levanté dispuesta a salir de la habitación pero me paré en seco al oír su voz.

-si me odiaras… Ya no estaría aquí, y lo sabes… en muchos sentidos. No estaría en Barcelona, definitivamente, pero creo que tampoco me hubiera despertado del hospital. Y aunque lo hubiera hecho… no sería yo Laia. No me digas que me odias si no lo sientes, porque no sabes que podría pasar si lo hicieras.

-entonces… deja de mentirme, de ocultarme cosas… me da igual si es por mi bien o no, porque puedes leerme la mente, pero parece mentira que sepas lo que siento, porque si lo supieras dejarías de “protegerme”. Confía en mi Jonathan, por favor…

Se levantó y vino a abrazarme, intente separarme de él pero siempre fue más fuerte que yo.

-Deberías dejar de abrazarme cada vez que la jodes, algún día dejará de funcionarte.

-¿cómo hoy?-me fue soltando poco a poco


-exacto

Salí de la habitación dispuesta a llamar a William para decirle que Jonathan estaba aquí. Pero no me hizo falta llamarle. Ya llamó él a la puerta por mí.

-Oye, me he dejado aquí el móvil

-Jonathan está aquí.

- ¿En serio? ¿Y por qué no me has llamado?

-Touché ¿Dónde está?

Le llevé a la habitación pero Jonathan ya no estaba allí. William pensó más rápido que yo, salió de la habitación y yo le seguí.

-Aquí está tu móvil

-Gracias

-Ya puedes irte

-¿Seguro? Deberías haber visto todo lo que Laia ha hecho por ti mientras estabas “desaparecido”- Jonathan me miró por una fracción de segundo y volvió a centrarse en William- Se ha rebajado mucho para que yo trabaje… ¿no es propio de ella verdad?

-¡¡Un momento!! ¿Qué sabes tú de mí?

-Ay Laia, Laia, ¡Qué inocente eres!

-Y ya van dos

-Yo sé lo que quiero saber

-¡Pero! No sabias nada de Jonathan

-¡Claro que lo sabia! Le puse el chip ¿te acuerdas? Lo único que aún no tengo claro es lo de la sombra. Pero sé lo que quiero, igual que sabía que Jonathan volvería igual que sabia donde estaba escondido.

-dónde…

-Ha estado aquí siempre Laia, estuvo viviendo en tu casa

-¿Cómo podías saber eso?

-Por la nevera…- Jonathan lo dijo casi sin pensar, estaba ausente- Te invito a irte

-Pero Jonathan!

-Sí Jonathan, ¿Por qué iba a irme? ¿Quién te va a quitar el chip?

-Vete.

Yo ya no sabía que decir, esta situación me sobrepasaba, no podía seguir escuchándolos. Sabía que William era un borde pero que fuera el malo de la película… ¿Sabría Dani lo de William? No había hablado con él desde lo del aeropuerto, empecé a sentirme mareada y los gritos alardeando de William no me ayudaban. Lo siguiente que recuerdo es despertar en la habitación de mis padres.

-¿estás bien Lai?

-¿Dónde está William?

-Cuando las cosas van mal el muy… cerdo, se pira

La habitación se quedó en silencio un rato demasiado largo para mi gusto, por fin Jonathan dijo algo…

-Lai, ¿Qué tuviste que hacer para que él trabajara?

-Nada- Me extrañó la pregunta, no sabía a qué se refería- ¿Por?

-Por lo que dijo…

-¡Ah! Solo fue porque dejé que fuera borde conmigo sin responderle… ¿Qué pensabas que era?

- No, nada…

-Jonathan… ¿por qué no viniste a buscarme si estabas aquí?

-Eso, Laia, es una larga historia…

-Pues empieza, tengo tiempo…

sábado, 13 de noviembre de 2010

Capitulo 2.4

-Me voy


Habían pasado dos días desde que le dejara a Jonathan el tweet y no sabía nada de él. Estaba demasiado nerviosa, demasiado preocupada, y si bien a las brujas la preocupación les aumenta el poder, a mí solo me hacia mas irritable. Creo que en el transcurso de esos dos días me peleé diez veces con William y con Isabel… Decidí irme porque si seguía allí terminaría pegando a alguien.

-No puedes irte, aun no ha dejado de nevar

-Veo las noticias, nadie ha muerto por la nieve y oigo a los autobuses pasar por aquí. Cogeré un bus y me iré a casa.

-¡Pero Laia!

-William, si me quedo terminaré haciendo algo de lo que probablemente me arrepienta… Iré a casa por unos días y si no sé nada de Jonathan iré a buscarlo y lo traeré.

-¿Es una decisión tomada?

-Totalmente.

-Supongo que nada va a impedírtelo… pues te dejo irte.

En ese momento dejó de nevar, no lo entendía ¿Por qué lo hizo? Sabía que si me quedaba dos segundos más para preguntárselo cabía la posibilidad de que se arrepintiese, así que cogí las maletas y me fui.

No tardé en encontrar la parada de algún bus que me llevara, cogí uno con el que hice trasbordo y llegué a mi casa en media hora. Había pasado la vida allí pero ya no parecía la misma, sería que estaba sola porque en lo que a aspecto se refiere estaba igual que la última vez que la vi.

Di una vuelta por la casa, la única habitación vacía era la mía, ya que todas mis cosas estaban en casa de Jonathan, dejé mis cosas en la habitación de mis padres y bajé al salón. Encendí la tele, por lo que había electricidad, no se me ocurrió nada mejor que ir al ordenador y encenderlo, quería meterme en twitter.

No me costó mucho pensar quien estaba pagando las facturas, era casi obvio, pero porqué lo hacía no conseguía responderlo. No entendía cuál era la gracia de mantener todo con total normalidad mientras mi vida era un lio, casi un laberinto son salida. Tenía tantas preguntas y tan pocas respuestas que no podía ver la salida… Nada tenía sentido ya. Dónde estaba Jonathan y porqué nadie me llamaba era un completo misterio para mí.

Despertándome de mis ensoñaciones y preguntas sonó el timbre. Salí corriendo, no sé porqué pero pensaba, estaba segura de que era Jonathan, menuda fue mi decepción cuando al abrir la puerta me encontré nada más y nada menos que a…

-¿Qué haces aquí William?- Sé que fui borde al preguntar así, pero mis expectativas iban mucho más allá de William.

-Supongo que debería haberme quedado en casa pero decidí salir, tenía ganas de aire libre. Venía a traerte comida y eso pero si quieres me lo llevo.


-Pasa- estaba agotada y aun no había mirado el twitter- pero no molestes.

-Que cordial eres, me encanta tu recibimiento- noté la ironía de su voz.

-¡Mira quién fue a hablar! Mr. Yosoycoolasiquequiereme, eres lo peor

Le dejé en la cocina y fui al salón, abrí el twitter. Había actualizado todo el mundo menos el que a mí me interesaba. No se para que porras Jonathan tenia twitter si no lo había usado desde que lo creó.

-¡L! ¡Podrías haberme dicho que tenías la nevera llena!

-¿L? ¿Qué son esas confianzas? ¿De qué nevera llena me…Ohhh!- Mi nevera estaba hasta arriba, ¿Cuántos meses habían pasado? ¿Cómo se conservaba todo tan bien?

-¿No te gusta L? Creo que te queda bien

-Da igual, llámame como quieras.

Yo aun no salía de mi asombro. No había pensado en la comida, pero tampoco pensé que tendría la nevera llena.

-Bueno, si no me necesitas me voy L, quédate lo que te he traído, intenta meterlo en esa nevera tan llena que tienes. ¿No me necesitas no?

-No.

-Pues adiós.

-¿No querrás que te acompañe a la puerta no?

-Me lees el pensamiento

-Pues ojalá pudieras leer el mío, así te darías cuenta que no quiero ni verte.

Le acompañé a la puerta y le vi subirse al coche de cristales tintados en el que llegué a su casa. Miré al cielo, estaba muy despejado teniendo en cuenta la nieve que había caído los últimos días.

-hey Mr. Yosoycoolasiquequiereme!!

-¿Sí?

-Lo de la nieve… ¿fuiste tú?

-No, soy superdotado y cool pero no controlo el clima.

-Vale

Cerré la puerta y me esforcé en olvidar lo de la nieve, lo de William, lo de mi nevera, hasta intenté olvidarme de Jonathan. Estaba de vuelta en casa. Subí a la habitación de mis padres y abrí una de mis maletas. Verme ahí con el collar de Jonathan me hizo olvidar que intentaba olvidarle. Salió una lágrima, casi sin querer.

Sonó el timbre otra vez, pensé que era William así que no me di ninguna prisa. Me limpié la lágrima caída y abrí la puerta. Entonces sí, las lágrimas salieron de mí como si no hubieran salido nunca. No era tristeza, era alegría.

-Pero Lai, ¿Por qué lloras?

domingo, 31 de octubre de 2010

Capitulo 2.3

Me desperté de un salto… ¿Qué hacia ese hombre ahí? ¿Cómo no me di cuenta antes? Bajé corriendo a informar a William de este nuevo dato, pero me encontré la casa vacía. Miré por la ventana y seguía nevando, así que no podían estar fuera. ¿Dónde estaban? Tampoco había rastro de Isabel.


Di un par de vueltas por la casa, pero no les encontré, así que decidí encender la tele y esperar… No me quedaban muchas opciones. Desde luego no había una gran programación, así que decidí quedarme viendo Phineas y Ferb, se me hacia raro volver a verlo en español. Pero el maldito canal público no me dejaba ponerlo en inglés.

-¿Ya estás despierta?

Me asusté… pero no tuve una reacción digna de susto, gracias a dios no le di razones para reírse de mi.

-¿Dónde estabas?

-En el sótano- Me miró extrañado como si fuera algo totalmente lógico.

-Ah… El sótano… claro.

Sí, he de reconocer que olvidé mirar ahí…

-Pero Laia, solo son la 9. Pensé que dormirías hasta tarde después de lo de ayer.

-¿Las 9?- Tampoco me había percatado de ese detalle- Bueno es que tuve un sueño… Ah! Sí, de eso quería hablarte.

Apagué la tele y él se sentó a mi lado.

-Creo que… bueno, la muerte de mis padres no fue un accidente.

-¿Por el sueño?

-No fue un sueño, más bien un recuerdo. Cuando llegué al hospital, el doctor que me dijo que habían muerto era el Señor Stewart. No estoy inventándolo William- añadí al ver su cara de inverosimilitud- Te juro que era él.

- No te lo negaré Laia, pero eso ya es muy serio.

-Pero puedes ayudar a Jonathan ¿no?

-Sí, sí… no tiene nada que ver con él. Pero aun así, si ha matado a tu familia… Si solo va a por ti ¿Por qué no te mata directamente?

Era una pregunta realmente buena… ¿Por qué no me mataba directamente?

-¿Querrá hacerme sufrir? Desde luego se está cargando a todo lo que quiero… ¿Quién sabe? Igual hasta hubiera querido a mi hermana si me daba tiempo. ¿Tienes alguna buena noticia para mí?

-Creo que si… tengo todo lo que necesito para quitarle el chip a Jonathan…

-¿Pero?


-Pero necesito que venga aquí para quitárselo.

-¿Eso era el pero?-pregunté aliviada- Voy a llamar a Elisabeth ya mismo.

-Ya lo he intentado yo… no lo coge nadie. También he llamado a Dani pero él tampoco contesta.

-¿Puedo probar yo?

-Claro… pero ¿desayunamos? Llevo a base de cafés desde anoche.

-Vale. Lo veo bien

No me había dado cuenta del hambre que tenia, a decir verdad no había cenado. La cocina no estaba lejos y no era demasiado grande, pero estaba llena de todos los dulces imaginables. Creo que la panadería de la esquina de mi casa no tenía ni la mitad. Me sentí un poco mal al elegir algo… quería cogerlo todo pero me conformé con un donut y un chocolate caliente. Hay que decir que él no se cortó un pelo (aunque, claro, estaba en su casa) Se tomó un café y un donut, una napolitana de chocolate, una ensaimada y cookies. Realmente no entendía como conservaba su figura.

Después del desayuno cogí el teléfono y empecé a marcar los números tanto de Elisabeth como de Dani y Jonathan, pero ninguno contestaba. Intenté llamar a Harriet aunque fue en vano. Después de pensar un rato se me ocurrió una idea, llevaba las de perder pero por intentarlo…

-Oye William, ¿Tienes wi-fi?

-Si

-¿Con contraseña?

-No

Salí corriendo a la habitación y cogí el móvil. Nunca, repito, nunca el wi-fi tarda tanto como cuando tienes prisa. “Vaaamos, vaaamos” ni dándole ánimos iba más rápido.

-¿Para qué quieres el Wi-fi Laia?- Ahora sí que me asuste y el gesto fue acorde al susto que me pegué. William empezó a reírse de manera que me hizo sentir ridiculísima- Perdón, perdón… ¿para qué lo necesitas entonces?

-Porque ya sé cómo hacer que Jonathan salga.

-Sorpréndeme

-No lo entenderías.

-Supongo que no…

Y con esto se marchó, me sorprendió que se rindiera tan fácilmente pero en ese momento no me preocupó, pues twitter acababa de abrirse.

El plan consistía básicamente en actualizar twitter y rezar para que Jonathan lo leyera… en el fondo estaba segura de que lo leería, incluso de que se quejaría por no actualizar desde que salí de Inglaterra.

Por fin me dejó actualizar y mi última actualización quedo así:

“Ya lo tenemos… si no vienes voy a buscarte”

viernes, 15 de octubre de 2010

Capitulo 2.2

-Pues claro que soy yo ¿Qué esperabas? ¿A un viejo canoso y malvado?


Supongo que en realidad sí, pero no le iba a dar la razón. Técnicamente tenía que caerme mal por haber hecho el chip ese.

-¿puedes sacarle el chip a Jonathan?

-Mal empiezas Laia, ni hola, ni por favor… ¿no tienes modales o qué?

-Que haya venido aquí a buscarte no significa que quiera hacer relaciones públicas. Solo quiero que le saques eso, que TÚ has creado, a Jonathan.

-No puedes negar que te gusto- En ese momento empezó a sonar el teléfono e Isabel fue a contestar-Nadie puede evitarlo

-Oye creo que me voy a ir a mi casa, cuando creas que puedes ser útil me llamas.

-No puedes irte a casa… no con esta nieve.

En efecto, estaba cayendo una nevada que dejaría huella histórica. En menos de 10 minutos había caído tanta nieve que tapaba el coche en el que me habían traído. Yo estaba empanada mirando por la ventana. ¿Qué iba a hacer ahora? No quería quedarme en casa de Mr. Yosoycoolasiquequiereme. En algún momento de mi empanación mental Isabel me dio el teléfono diciendo que me buscaban a mí. Esto despertó el interés de Mr. Perfecto y se me puso al lado intentando enterarse de algo.

-Diga

*Laia-era la voz de Elisabeth y sonaba muy lejos- tengo que decírtelo, aunque Daniel cree que es mejor que no lo sepas, pero sé que no me perdonarías si no te lo contara y… *

-¿Qué pasa Elisabeth?-La corté-¡Dilo ya!

*Jonathan ha desaparecido*

-¿Cómo?-perdí los nervios, lo dije muy alto.

*Pues cuando Daniel lo subió al coche ya estaba bien, así que vino a buscarme y lo dejó allí. Cuando volvimos Jonathan ya no estaba allí*

-Pero tiene que estar en algún sitio ¿no?

*Sí… Daniel y mi madre lo están buscando*

-Volveré y os ayudaré.

*No Laia. Si vuelves que sea porque tienes una solución, sino no saldrá.*

Cortó y me dejó escuchando el ruido del teléfono. Miré el aparato como esperando que Elisabeth saliera de dentro, pero solo estaba pensando. Levanté la vista y vi al señor Lemarks.

-Oye… ¿Cómo te llamas?

Se sorprendió de mi pregunta en tal situación.


-William

-Entonces William… ¿Serias tan amable de encontrar una solución a lo de Jonathan?

-Necesito…-Estaba sorprendido de mi cambio de registro-todos los datos que puedas darme de él, sígueme

Realmente no me gusta rebajarme a lo que los demás quieren de mí, pero esta vez lo necesitaba… Era por Jonathan. Bajamos hasta el “sótano”, aunque era más bien su laboratorio. Cogió una libreta y escribió “Sujeto Jonathan”

-Dime todo. Edad, fecha de nacimiento, hobbies, síntomas de antes y después de tener el chip… todo lo que se te ocurra.

-Se llama originalmente Nyklos, nació el 15 de enero, 18 años, es hijo del señor Stewart y de Harriet. Tiene una hermana que se llama Elisabeth… y también es medio hermano de Dani. Puede leer la mente, aunque creo que es desde siempre, creo que es cosa de familia,-yo lo soltaba todo como abstraída, no pensaba en lo que decía… pensaba en dónde podría estar Jonathan- de su enfermedad solo sé que se quedó en coma , que simplemente un día no se despertó. Sé que el señor Stewart le ofreció a Harriet una cura milagrosa a cambio de Jonathan, que por lo que se ve, funciono mejor para el que para ella. Despertó del coma el día 20 de septiembre a mi lado sin recordar nada, al principio era un poco borde, aunque menos que tú. Mmm… tiene una casa enorme, con pisc…

-¡Vale, vale! Su casa no me interesa ¿Nada más?

-Mmm… creo que no… -Me puse a recordar nuestras conversaciones- ¡Ah!

-¿Qué?

-No tiene reflejo

-¿Cómo que no tiene reflejo?- Negué con la cabeza-¿Desde cuándo?

-No lo sé. Recuerdo habérselo preguntado varias veces pero me decía que ni lo sabía ni le importaba… ahora que lo pienso… creo que me mentía.

-Vale, creo que ya tengo suficiente. Sube y dile a Isabel que te lleve a la habitación de invitados. Yo me quedaré aquí investigando.

Subí e hice lo que me dijo. De camino a la habitación, nada comparada con la que tenía en casa de Jonathan, comenzó a hacerme las preguntas típicas de mi cabeza. ¿Qué era Isabel para William? ¿Dónde estaban sus padres? Porque Isabel no podía ser su madre, era demasiado joven. ¿Cómo había llegado a ser así? ¿Cómo acabó con el Sr. Stewart? Tantas preguntas que llegamos a la habitación y me dejó sola pero no me había dado cuenta. Jonathan tiene razón. Cuando busco la respuesta a una pregunta me olvido del resto del universo.

Mis maletas estaban dentro de la habitación, de repente tuve la sensación de que me había dejado una cuando la mujer esa intentó comerme. Pero allí estaban todas.

Me puse el pijama, me acosté, me costó dormirme pero lo hice. Esta vez…. Este sueño, recuerdo, era más reciente. De este no hacia ni un año.

Estaba en el patio del instituto. Con Melanie y Mpi. Oí el sonido de mi móvil, por esa época sonaba St. Jimmy. Llamaba mi padre, pero no era su voz.

*¿Laia Wright?*

-¿Si?

*Llamo desde el hospital-en ese momento se me paró el corazón ¿Qué hacían con el teléfono de mi padre? ¿Que había pasado?-¿Tienes algún adulto que pueda traerte hasta aquí? Algún abuelo o tío quizás*

-¿Qué…? ¿Quién…?

*No creo que sea oportuno hablar de esto por teléfono…*

No tenía a nadie más pero Mpi y Melanie consiguieron que me llevara el personal del instituto al hospital. Cuando llegué solo quedaba mi madre en quirófano, pero ya no podían hacer nada.

Entonces se acercó el doctor a decirme que habían muerto. ¿Cómo no me di cuenta antes? ¡El “Doctor” era, ni más ni menos, que el Sr. Stewart!

domingo, 3 de octubre de 2010

Capitulo 2.1

Miss Damn sale a cazar, ¿qué es lo que ve? Tiene buena pinta para cenar. Se acerca sigilosamente, para sorprender y atacar, pero abre la boca y la obliga a parar.


-¿Sabes? No es lo mismo un sueño que un deseo, los sueños siempre son a lo grande y puedes desear cualquier cosa, incluso amar. Pero eso no lo sueñas ¿verdad?- Miss Damn se queda sin habla y no puede dejar de mirarla- Soy Laia. Barcelona no es tan bonita cuando estás sola… Posiblemente también sea peligrosa. Nunca sabes con quién hablas.

-¿Siempre le sueltas tu vida al primero que pasa?- Hace mucho que Miss Damn no tiene compañía, prefiere comerla antes de que hable y la distraiga.

-Solo desde que conocí a Jonathan… Un tipo raro ¿sabes? Pero muy majo- Mientras hablaba no dejaba de tocarse el collar que tenía en el cuello ¿Qué era? ¿Un amuleto?

•               •             •

Los ojos de esa persona me atravesaban, tenía la impresión de que me devoraba con la mirada. No era lujuria, era hambre

Algo en mi interior me decía que saliera corriendo, pero nunca le he hecho caso a mi interior, supongo que es una forma de rebelarme.

-Mira Laia, no suelo entretenerme mucho con la… gente, y menos en una noche sin estrellas- dudó demasiado entre “la” y “gente”. Estoy segura de que no quería decir eso- Igual debería irme… o igual deberías correr tú

Vale, eso sí que me asustó, igual no hubiera sonado tan siniestro si no hubiera ido bajando la voz cada vez más hasta quedar en un susurro apenas audible.

Salí de allí corriendo ¿Quién era esa persona? No sabía dónde me dirigía pero no me importaba y, aunque por alguna razón no me siguió, yo seguí corriendo hasta que las piernas dejaron de responderme y tuve que parar en un bar. Menos mal que Jonathan me había dado dinero...

•            •              •



Pocos saben la razón por la que Miss Damn no siguió a esa muchacha, yo la sé pero tú no quieres saberlo.

No se le quitó el hambre y la noche era joven, algún otro ser indefenso andaría por la ciudad pensando que estaba seguro. Pero Miss Damn no sigue a sus víctimas, las victimas de acercan deseosas de probar el miedo, Miss Damn se sienta y espera su llegada, hoy aquí, mañana allá.

Tú aún no sabes quién soy ni porqué conozco a Miss Damn y sigo viva. Porque… estoy viva ¿no? No quieras saber más de lo que puedes asimilar… porque no lo puedes asimilar.

•              •             •

-Laia, tenemos que hablar.


-Mmm… ¿hola? ¿Tú quién eres?

Yo estaba sentada en la barra del bar tomando una Coca-Cola. La persona que me había hablado era una mujer medianamente alta, morena y extremadamente elegante, me recordó a la Doctora Saroyan de Bones. Sé que después de casi morir comida por una desconocida debería haberme asustado de que supiera mi nombre pero, por alguna razón, no me asusté en lo más mínimo.

-El Señor Lemarks te estaba esperando. Daniel contactó con él ésta mañana y le habló de ti y tu problema.

¡Oh! Igual se le olvidó mencionarlo mientras luchaba contra Jonathan, consigo mismo, intentaba hacer que yo espabilara y sacar de estado de Shock a Elisabeth. Realmente tenía que agradecerle demasiadas cosas. Eso me llevó a preguntarme qué tal estarían. Ya habían pasado más de tres horas, las pesadillas que ocuparon mi cabeza durante el vuelo volvieron a mi cabeza con ese simple pensamiento.

-Laia- Su voz era como si estuviera controlada, casi mecánica, pero algo me decía que solo era demasiado formal- me gustaría que me acompañaras.

-¿cómo sé que puedo fiarme de ti?

-No sabías si podías fiarte de Daniel y lo hiciste. Sigue tu instinto.

-Mi instinto últimamente me está fallando-contesté al recordar lo que pensé de John Stewart cuando le conocí. Aún así acabé la Coca-Cola y le seguí, no sabía qué me decía mi instinto, pero tampoco tenía muchas opciones.

Cuando salimos había un coche esperándonos.

-Wo, wo, wo, coche negro y cristales tintados… eso sí me da mal rollo ¿No hay algún bus o algo… con más gente con lo que podamos llegar?

-Laia, igual no te has dado cuenta pero son casi las 12, ya no hay buses a esta hora.

La mujer subió al coche y yo me quedé como petrificada en la acera. Al fin y al cabo aún no sabía quién era, tampoco sabía quién era el tal Señor Lemarks. Casi me comen y después aparecía otra persona que pretendía que me fuera con ella en un coche que podría salir perfectamente de una película, justo en la escena en la que secuestran al héroe.

Igual podría llamar a un taxi y pedirle que me llevara a casa. Un taxi, lo más seguro y con cristales normales. Ya vería al señor ese por la mañana, cuando la luz iluminara las calles.

Subí al coche, supongo que la mujer sabia que lo haría porque cuando entré ella estaba muy tranquila usando su Ipad.

-¿Cómo te llamas?

-Isabel

Esa fue toda la conversación que tuvimos en el coche. Por suerte no dijo nada cuando bajé la ventanilla por completo. Por alguna razón me hacía sentir más segura.

El resto del viaje solo escuché los ruidos de la calle, me distraían las luces de los coches que pasaban por nuestro lado, aunque en realidad parecían caracoles a nuestro lado.

Paramos definitivamente en una casa que parecía la mitad de la de Jonathan, tanto de ancho como de alto. Era un dúplex de apariencia normal. Yo estaba muy nerviosa por saber cómo sería la persona que construyó semejante atrocidad y mis uñas estaban pagando las consecuencias.

Entramos a la casa y nos recibió el dueño de la misma.

-¡Bienvenida!

Me quedé a cuadros. El “señor” Lemarks no tenía más de 20 años y su aspecto no tenía nada que envidiar al de Jonathan.

-Tú… ¿eres el señor Lemarks?

Una sonrisa de superioridad apareció en su cara haciendo que se le apreciara una dentadura digna de ser comparada con la de Rian Dawson.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Capitulo 20 ¡Último de la 1ª parte!

-Me voy a Barcelona- yo no soy como los demás, no empiezo “por el principio” yo voy donde me da la gana y quería empezar por el final.


-¿para qué?- ¿no lo sabía aún?

-Para salvar…te ¿no lo sabes?

-Me pediste que por un día saliera de ti cabeza y eso he hecho

-Oh! Es verdad –fallo mío- Jonathan tienes un chip controlado por Doc. y lo activará cuando yo confíe en ti más de la cuenta. Solo hay una persona que podría quitártelo y está en Barcelona.

-Y supongo que vas a ir sola…

-si

Se quedó pensando, me miraba con cara de “me vas a abandonar” pero sabía que era por un futuro y yo estaba decidida a irme.

-Llévate a Elisabeth

-Necesito a Elisabeth aquí. Dani vendrá al aeropuerto y solo ella puede controlarlo.

-¿Ella lo sabe?

-Ella sí puede meterse en mi cabeza y estoy casi 100% segura de que ha estado ahí todo el día.

-No lo dudes-era obvio que estaba escuchándolo todo- pero Laia, no sé qué tan limitados son mis poderes.

-Lo controlarás, estoy segura- Y realmente lo estaba.

-¿puedes dejarnos solos Elisabeth? Tengo que hablar con ella

-Como queráis- y así como apareció, desapareció

-Laia, no quiero que esta historia termine aquí

-Y no terminará. Es como en la televisión, una segunda temporada. Volveré antes de que empiece la tercera, lo prometo.

-Te daré dinero… y un móvil…y… no sé Lai, no sé

-Mañana por la mañana haré la maleta y me das lo que quieras, pero ahora necesito dormir.



La mañana siguiente no fue muy agradable. Parecía que yo hacia la maleta y Jonathan la deshacía. Era un ambiente un poco depresivo y mientras, Elisabeth iba controlando gente para practicar con ellos. A la hora de comer, todo el servicio domestico había sufrido los poderes de la niña. Jonathan me había dado más dinero del que había visto en mi vida y un móvil con wi-fi para que, cada vez que tuviera señal, actualizara twitter así el sabría que estaba bien.

A las 6:45 pm ya estábamos en el aeropuerto. Elisabeth fue en busca de algo con chocolate para revitalizarse y así nos quedamos solos Jonathan y yo.


-Laia…

-No, espera Jonathan…

-No Laia, he empezado yo así que calla y escúchame

-Perdón- Me dejó alucinada su respuesta

-Quería que pase lo que pase no te olvides de mi, así que he decidido darte esto- se sacó el colgante que llevaba puesto desde que le conocí y me lo dio- No me olvides ¿vale?

-Sabes que no podría- cogí el colgante y me lo puse

En ese momento llegaron Dani por un lado y Elisabeth por el otro. Dani me dio el billete y fui a facturar la maleta. No sé qué pasó mientras no estaba pero no creo que hubiera mucha conversación.

Llegó el momento de la despedida, sé que no me iba para siempre pero las despedidas siempre dan un poco de pena.

-Jonathan… quédate con esto- me saqué la muñequera que me había regalado y se la di, sentía que se lo debía- sé que me la has regalado tú, pero es lo más importante que tengo.

Realmente me lo esperaba, pero me sorprendí igual y me sorprendí mas cuando lo acepté y le besé yo también. Igual ese fue mi error, o igual fue por lo de la muñequera, pero Jonathan bajó las manos de mi pelo a mi cuello y empezó a apretar. Eso sí que no me lo esperaba, ni yo ni nadie. Mientras yo intentaba salir de entre sus manos Elisabeth y Dani saltaron hacia Jonathan.

La pequeña lloraba y Dani se interpuso entre Jonathan y yo. Era increíble como la situación había cambiado en dos días. Conseguí salir de sus brazos, lloraba desconsoladamente y apenas podía respirar.

-¡LAIA VETE!- pude ver a Dani luchando consigo mismo por mantenerse en Dani y no en Daniasesinalaias.

Pero yo no podía moverme. Sabía que no era Jonathan pero, aun así, eran sus ojos, sabía que no era él pero, aun así, eran sus manos, sabía que no era él pero, aun así… Me dolía más de lo que puedo explicar-¡LAIA!- y parecía que nadie alrededor se percataba de lo que estaba sucediendo entre nosotros cuatro. Elisabeth se acercó a mí, ella estaba tan en shock como yo.

-Laia, no puedo con él- los ojos de la niña parecían a punto de salir de sus orbitas- ¡No puedo! ¡Laia vete! Necesito a Daniel consciente, no puedo yo sola con los dos. No puedo Laia, ¡Es mi hermano!

Miré a Dani a punto de caer, vi por una milésima de segundo sus ojos otra vez rojos y volver a su azul normal. De repente le pego un puñetazo a Jonathan que le dejó tirado en el suelo, era tan fuerte cuando era él como cuando no lo era, y vino corriendo a nosotras.

-Elisabeth, llévate a Laia y que embarque, yo me quedo con él- miró a Jonathan de reojo- Laia, vete ¿vale? Ve-te.

Me levantó del suelo y me puso en pie y lo mismo hizo con Elisabeth, me dio el equipaje de mano y nos empujó hacia el control. Lo único que pudimos hacer las dos en estado de shock fue andar. Yo en un lapsus de conciencia vi a Dani llevándose a Jonathan fuera del aeropuerto medio zombi.

Elisabeth me dejó una vez hube pasado el control, supongo que fue a ver a Jonathan, yo aun seguía un poco grogui y aun lloraba. Supongo que la gente pensaría que era por alguna despedida demasiado sentimental o quizás ni les importaba.

Me senté en una silla cerca de mi puerta de embarque, supongo que ver el típico cartel de “Wi-fi zone” me devolvió a la realidad. Cogí el móvil que Jonathan me había regalado. Me metí en twitter y vi que mi última actualización había sido 3 meses antes. Yo solía viciarme al twitter y ahora hacia 3 meses que no decía nada y ahora solo podía decir una cosa:

“Estoy viva”

Llamaron para embarcar y subí al avión. Tenía a mi lado las típicas viejecitas que van a la boda de su nieto y se lo cuentan a todo el mundo. A mí me dejaron en el mío en cuanto me miraron. La verdad es que no se qué aspecto tenía en ese momento pero sentía los ojos hinchados.

El vuelo fue bien, también he de decir que me dormí poco después de despegar y me despertaron antes de aterrizar porque una de las “proud grandma” tenía la bandeja bajada. Llegamos a Barcelona muy tarde y no había estrellas en el cielo. Me senté esperando algún bus que me llevara a casa. Sí, me iba a casa otra vez. Dani me dijo que su padre la había comprado y me dio la llave con el billete.

Entonces la vi, una persona extraña aunque la miraras de lejos…

viernes, 24 de septiembre de 2010

Capitulo 19

Jonathan cogió a Harriet y la llevó a la cama. Ninguno de los dos pareció darse cuenta de que a ella se le cayó lo que llevaba en la mano. Lo cogí antes de que se dieran cuanta y me lo guardé en el bolsillo.


Comprobé que Jonathan y su madre estuvieran bien y salí de la habitación. No salí corriendo para no alarmar a Jonathan pero no me faltaban ganas. Intenté no pensar en lo que llevaba en el bolsillo por si hurgaban en mi mente. Jonathan dijo que cuando alguien mentía pensaba en la verdad para ocultarla mejor, así que me centré en otra cosa. No podía dejar de pensar en las últimas palabras de la otra Harriet. Dijo Jonathan, y con melancolía además, ¿qué significaba? ¿Era ese mi Jonathan o no?

Sorprendentemente llegué a la habitación, cerré con pestillo y saqué lo que tenía en el bolsillo. Resultó ser un papel que ponía en letra prolija: “Si le das lo que quiere, te quedas tu parte”

-Y al final no me dijo que quería el Doc...

Llamaron a la puerta, era Jonathan.

-Laia ¿Por qué cierras con pestillo? No voy a matarte.

-No era eso- le contesté mientras abría- ¿cómo está tu madre?

-Bien

-¿Esta vez de verdad?

-Esta vez de verdad

-Laia, creo que… tal vez… deberíamos distanciarnos un poco…solo por si acaso…

-No digas tonterías Jonathan

-Pero…

-Pero nada, oye ¿puedo usar el teléfono?

-Claro, ¿a quién vas a llamar?

-¿No lo sabes ya?

-No creo que sea una buena idea

-Jonathan te voy a pedir un favor- Le cogí la cara con las dos manos obligándole a mirarme, aunque estoy segura que no hacía falta porque al escuchar “favor” me miro expectante- quiero que por hoy, solo por hoy, no te metas en mi cabeza. Al ser uno fácil y el primero que te pido, confío en que lo cumplas sin trampas.

-Lo haré, el teléfono está abajo

-Gracias

Bajé las escaleras corriendo y cogí el teléfono, marque el numero de Dani y me aseguré de que Jonathan no estuviera por allí.

*Hola*

-Dani, soy Laia

*¿Laia?, oye lo de ayer…*

-Da igual Dani, lo he superado, pero necesito que me hagas un favor- ya era la segunda vez en el día que usaba esa palabra, preocupante realmente.

*¿Cuál?-y todos cedían tan fácil…*

-Primero prométeme que Doc. no está por ahí cotilleando

*¿Y vas a confiar en mí?*

-Si… ¿no debería?

*no hay nadie Laia*

Vale, necesito que mires una cosa, resulta que Jonathan está vivo gracias a un pacto que hicieron sus padres. Quiero que me digas que quería Doc. a cambio

*Puedo mirarlo*

-¡Ah! Dani, no sé si te servirá de algo pero tu padre nunca eligió a Jonathan. Si está aquí es por ti.

*Me sirve… Más o menos. Te miro eso y te llamo.

-Gracias Dani

*Te lo debo*

Me pasé el día esperando su llamada, pero no llegó hasta las diez de la noche.

*Laia, no te va a gustar esto*

-Dímelo, no tengo nada que perder

*Es que en el trato, lo que quiere, es a Jonathan… Por cierto, que nombre más feo tiene*

Me reí, hacia mucho que no oía a ese Dani, pero centrándome en el tema, no había forma de salvar a Jonathan. El doc. Era un tipo listo.

*Laia, hay algo…El tipo que hizo el chip renunció hace tiempo, igual puede hacer algo. No sé si recordará nada pero puedes intentarlo.*

-¿Dónde le puedo encontrar?

*Eso es lo malo, el tío esta en Barcelona*

-Iré ¿puedes sacarme el billete?

*¿Para cuándo?*

-¿qué tal para mañana por la tarde?

*Es peligroso Laia*

-Ya pero ni Jonathan ni tu querréis venir conmigo

*sabes que es por tu seguridad*

-Ya, ya

*Mañana a las 7 pm en el aeropuerto de Gitwick. ¿Cómo te doy el billete?*

-Ven a dármelo

*no puedo Laia*

-Llevaré a Jonathan y a Elisabeth conmigo. Ellos me “cuidaran”.

*vale… pues hasta mañana*

Cortó sin esperar respuesta. Sé que no le hacía ilusión ninguna de mis ideas, pero yo tenía que solucionarlo.

-Laia… ¿puedes contármelo ya?

-Jonathan, no te va a gustar

-Lo imaginaba pero... empieza ya.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

capitulo 18

Todo en la habitación estaba oscuro. Mis ojos tardaron en acostumbrarse y poder buscar a Harriet en la oscuridad. Me pregunté si había pasado algo parecido porque todo estaba ordenadísimo y todos seguían unas normas que parecían haber sido dictadas de antemano. Gerald estaba allí, iba y venía según las exigencias de “La Harriet del futuro”. Las persianas estaban bajadas aunque era obvio que nadie allí dormía o estaba enfermo y, ahora que lo pienso, Elisabeth tuvo que girar la llave para entrar. Tenían a Harriet encerrada.




-¡Laia!- parecía sorprendida de verme- ¡Sabía que vendrías!- aunque no lo estaba- ¿Por qué has tardado tanto?

-¿Eres Harriet?- No estaba dispuesta a perder el tiempo, por mucho que Jonathan fuera a matarnos a todos me sentía más segura con él.

-Claro que soy Harriet, sabía que os tenia confundidas pero no pensé que hasta tal punto…

-Seré la más confundida porque estoy segura que fui yo la que le puso Jonathan y la que ha pasado los últimos meses con él. Lo siento pero igual has sido tú la que se ha confundido pensando que vienes del futuro y que Jonathan es una mala persona- Sonaba tranquila, pero no hice ninguna pausa más larga que otra, no le di tiempo a replicarme hasta acabar- Dani te dio un golpe muy fuerte, igual te has hecho daño.

-Es increíble que “La salvadora”, “la heroína”, “la creadora” no se dé cuenta de que está pasando…

-Igual os habéis equivocado y no soy yo. Yo no soy Superman o Harry Potter que tienen destinado salvar el mundo… solo soy Laia…

-Lo dudo pero ¿sabes qué? Sé que eres tú por la fuerza con la que le defiendes, todos sabemos que confías en el más que en nadie y que él será el nuevo “Judas”, solo que tú no lo sabrás, tú no lo verás venir… no sacrificarías el mundo por él… aunque enamorada como estas ahora mismo dudo mucho que me hagas caso…



¡Dios mío! ¿Qué ocurría en esa familia que todos hablaban de mis sentimientos como si hablaran del tiempo? Agradecí que Jonathan no estuviera allí e hice lo imposible por mantener los nervios en si sitio.



-Me encantaría escucharte, me encantará escucharte cuando me des una buena razón para creerme que el Jonathan que está abajo preocupado, esperándome no es mi Jonathan sino alguna especie de ser maléfico que quiere matar a medio mundo.



-¡No medio mundo Laia! ¡El mundo entero!- Se levantó de la cama y se dirigió hacia mí, iba despacio y por el camino comenzó a llorar- una madre tiene que hacer lo que tiene que hacer, aunque este mal Laia- yo no entendía nada, y yo la tenía muy cerca como para echarme atrás- Elisabeth cielo, ¿puedes dejarnos a solas?



Elisabeth me miró para ver qué opinaba yo al respecto. Asentí para darle a entender que nos podía dejar y tras esto todos los empleados se fueron. Todo había sido obra de la niña, todos procedían como procedían porque así lo quería ella. Una vez todos estuvieron fuera Harriet se volvió a sentar en la cama, la mujer seguía llorando y no daba ningún indicio de parar de hacerlo y empezar a contarme cosas. Me ponía nerviosa tanta oscuridad así que me acerqué a la ventana y abrí la persiana. Harriet no dejaba de repetir “yo lo sabía” en plan niña maldita pero cuando la luz iluminó la habitación se ocultó debajo de la sabana gritándome que cerrara.

“ni que fuera un vampiro” pensé yo fiel seguidora de Drácula. Dejé que la persiana no se cerrara del todo para tener, por lo menos, algo de luz. Al menos ahora ni gritaba ni lloraba.


-¿Dónde está Harriet?

-En el futuro, allí está bien. Tranquila Laia, jamás te haría daño.

-Me gusta Jonathan ¿Qué le has hecho?

-Déjame empezar por el principio.

-¡NO!- ambas nos sorprendimos de mi ímpetu y mi fuerza-¡estoy harta de que todos empecéis “por el principio”, decidme lo que me interesa, lo que tengo que saber!

-Pero Laia… esto es importante.



Caí rendida en la mecedora que estaba junto a su cama y esperé a que empezara. No tardó pero esperó a que estuviera cómoda en la silla.



-Jonathan… llevaba 14 meses en coma, no iba a despertar, yo ya no sabía qué hacer y estaba perjudicando a Elisabeth.

-¿cómo quedó en coma?

-No lo sé… nunca he llegado a saberlo. Un día simplemente no se despertó. Y así quedó más de un año. Elisabeth… creo que lloraba pero yo… yo me pasaba día y noche con él, no sabía cómo hacerlo volver… no vivía. Entonces… El padre de Jonathan apareció en escena.

-¿El doctor Stewart? – no sé porqué seguía llamándolo así… seria la costumbre.

-Sí, resulta que tiene una empresa misteriosa que trabaja con enfermos y les ofrece una cura. A todos. Lo malo es… que no le vale el dinero para pagarle… quiere… mucho más y con Jonathan solo le valía una cosa.



Dejó de hablar como pensando en algún recuerdo lejano… y no volvía a hablar.



-Mmm… Harriet… ¿Qué quería?

-¡Ah!- volvió en sí de un salto y me miró- ¿te he dicho ya quien es Jonathan?

-¿Nyklos?

-No, no… me refiero a qué se supone que hace contigo

-Ah! Anoche… para guiarme o no sé qué

-Sí, pero es mucho más que eso Laia, es como tú “escudo humano”. Estáis conectados.

-Ya, ya… lo que sea… pero ¿qué quería el Doc?

-Ahí voy Laia, me dijo que… ¿cómo explicarlo? –Hablaba cada vez más rápido- digamos que controla el chip que le metió. Cuando vea que confías en él lo suficiente lo puede activar para que te mate y después de matarte a ti… ¿sabes cómo va la cosa? Es que si los mata Jonathan el no es sospechoso ni culpable de nada. Nunca le interesó Jonathan hasta que supo que era la antítesis de Daniel… y yo le dejé, me dabas igual tú, el mundo, tu destino, todo. Yo solo quería a mi bebe.



-¿No se lo puedes quitar?

-no sin matarlo o, con suerte, que quede en coma otra vez. Creo que nadie, ni siquiera él pueden desactivarlo… Sin embargo…



Dejó de hablar y se puso a buscar en la habitación. Como si hubiera estado allí antes pero nada estuviera en su lugar.

-¡Tiene que haber algo! No quiero que mates a Jonathan y no puedo evitar confiar en él, es lo único que me queda… es lo único que quiero



Iba bajando la voz por momentos y creo que no escuchó el final… Harriet se giró de golpe con algo en la mano, la puerta se abrió de golpe y por ella apareció Jonathan.



-¡Jonathan!-corrí hacia él para hacer que se marchara.

-Deja que me mate-no me miraba a mí, miraba a Harriet- si voy a hacerte daño, si voy a matarte… ¡Mátame!

-Jonathan…-La voz de Harriet sonó como si no hubiera visto a Jonathan en años. De repente se desvaneció, cayó al suelo y se desmayó. Ambos corrimos hacia ella pero no había nada más que hacer. Harriet abrió los ojos y dijo:

-¡Chicos! ¿Qué ha pasado?

Topicazo de película. Desde luego mi vida parecía una película de terror desde que me desperté en ese hospital y ahora no mejoraba.